Opinión

La lección china para México

Bandera de China

La historia económica de Brasil, Chile y Perú debería ser una advertencia para México justo cuando se negocia el futuro del T-MEC y se redefine la relación comercial con Estados Unidos.

Durante más de dos décadas, China fue una gigantesca aspiradora de materias primas. El boom inmobiliario que transformó sus ciudades disparó la demanda de hierro, cobre, y petróleo provenientes de América Latina. Brasil se convirtió en uno de los grandes proveedores de mineral de hierro y petróleo, mientras que Chile y Perú le proveían de cobre.

El problema apareció cuando el sector inmobiliario chino comenzó a perder fuerza. La menor actividad en la construcción redujo la demanda de acero y con ella, la presión sobre el mineral de hierro. China sigue representando alrededor de tres cuartas partes de las importaciones mundiales de mineral de hierro, por lo que cualquier debilitamiento de su industria siderúrgica tiene repercusiones globales.

La lección viene en el sentido de que cuando un país concentra buena parte de sus exportaciones en un solo mercado y en unas cuantas materias primas, su economía termina dependiendo de este comprador.

México aprendió esa lección con la crisis provocada por el desplome de los precios del petróleo durante el gobierno de José López Portillo, a partir de entonces comenzó un proceso de apertura y diversificación comercial que terminó transformando al país.

El TLCAN fue fundamental para que México dejara atrás buena parte de su dependencia petrolera y comenzó a integrarse a las cadenas productivas de América del Norte. Automóviles, autopartes, maquinaria, electrónicos, equipo médico y posteriormente productos tecnológicos sustituyeron al petróleo como motores de las exportaciones.

Hoy esa integración es de tal magnitud que más de 80% de las exportaciones mexicanas de bienes tienen como destino Estados Unidos. En 2025, México fue además el principal proveedor de bienes importados por Estados Unidos.

Lo paradójico es que México redujo su dependencia de una materia prima, pero construyó una enorme dependencia de un mercado. La diferencia es que ahora no se trata solamente de venderle petróleo, automóviles o productos agrícolas a Estados Unidos, sino de formar parte de una cadena industrial profundamente integrada en América del Norte.

Por eso la revisión del T-MEC cobra especial importancia. Estados Unidos y México ya están negociando temas que van desde las reglas de origen y los automóviles hasta el acero, el aluminio, la agricultura y la seguridad económica.

Para México la negociación resulta estratégica, ya que no se trata simplemente de conservar aranceles preferenciales, sino de preservar el lugar que el país ha ganado como plataforma manufacturera de América del Norte y aprovechar la oportunidad para atraer nuevas inversiones, sustituir importaciones asiáticas y elevar el contenido mexicano de las cadenas productivas.

Esa es la diferencia entre lo ocurrido con China y lo que México puede construir con Estados Unidos. Brasil, Chile y Perú vendieron materias primas al gigante asiático. México, en cambio, puede venderle a Estados Unidos productos cada vez más sofisticados y producirlos dentro de una cadena regional.

Por eso es equivocado pensar que Estados Unidos puede prescindir fácilmente de México. Una parte importante de la industria estadounidense depende de cadenas de suministro que cruzan diariamente la frontera.

La negociación que encabeza el secretario de economía Marcelo Ebrard debe evitar que México quede atrapado entre la dependencia excesiva de Estados Unidos y una apertura sin estrategia frente a China.

México tiene hoy la oportunidad de hacer algo diferente. No se trata de abandonar la relación con Estados Unidos, sino de convertirla en una plataforma para crecer, diversificar mercados, desarrollar proveedores nacionales y atraer inversión.

@fer_martinezg

fermx99@hotmail.com

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