Opinión

Anónimos compañeros incansables del movimiento independentista mexicano

Estatuas de Miguel Hidalgo y José María Morelos. Hidalgo y Morelos son considerados de los principales héroes que lograron la independencia de México.

La madurez de la pluma contemporánea no radica en la urgencia de lo que se grita sino en la elegante aceptación de los silencios concertados que mantienen el orden de las páginas porque en el diseño del pensamiento impreso los bordes más difíciles de trazar no son los del papel sino las fronteras invisibles del criterio que decide qué verdades tienen espacio hoy y cuáles deben esperar en la sombra. En tiempos donde la tinta tiene que aprender a ceder el paso a la armonía institucional conviene recordar la noble y disciplinada tarea de resistir tanto lo que se dice como lo que se pacta callar, razones por las que vale la pena volver la mirada a los otros protagonistas de la historia del México soberano que sin emitir una sola palabra lo dijeron todo, y…

No, esta vez no me voy a referir a los trillados relatos sobre la majestuosa águila real o los correspondientes a la serpiente capturada en su pico y que forman parte muy destacada y simbólica del Escudo Nacional mexicano, sino a un par… o más bien a tres individuos faunísticos que la historia sobre la lucha independentista mexicana tiene bastante relegados como lo son, en primer ejemplo NICOLÁS, un perro negro, seguramente mestizo, que se cuenta fue durante buen tiempo de su campaña insurgente compañía inseparable del cura Miguel Hidalgo y Costilla, pero sobre el que lamentablemente sólo quedaron testimonios orales y ningún dibujo o imagen que permita verlo junto a su tutor y con fidelidad poder documentar el alcance de su participación en LA LUCHA, más… cuentan las crónicas que sí fue real perronaje… sí, tal como lo describo… que marchaba al frente y que los rebeldes lo respetaban como líder y hasta como amuleto de lealtad absoluta mientras que los realistas lo vigilaban con recelo y desconfianza, intuyendo en su presencia un símbolo de resistencia que no podía ser sometido ni controlado mediante decretos. Así pues, se decía que ese perro negro cuidaba celosamente los flancos del Padre de la Patria en sus momentos de mayor necesidad de aislamiento y peligro, justo cuando las traiciones acechaban en cada esquina y los discursos solemnes comenzaban a flaquear, por lo que entratándose de tan particular guardia que no requería de grandes reflectores ni de autorizaciones jerárquicas para cumplir cabalmente con su misión protectora, Hidalgo estaba mas que seguro, ¡segurísimo!, partiendo además de que el lomito permanecía infatigablemente echado o de pie a su lado y siempre atento al entorno del cual dependía su tutor. Sin embargo, la memoria colectiva suele ser sumamente selectiva y por ello mismo no quedó plenamente documentada su inquebrantable contribución y la del resto de fauna simbólica, acostumbrándonos la historia a glorificar exclusivamente los nombres en bronce, los discursos encendidos desde los balcones institucionales y las firmas plasmadas en solemnes tratados, pero, si se rasca dentro de los relatos de tradición oral se descubre a verdaderos catalizadores de los grandes cambios como los fueron muchos animales no humanos que sostuvieron el peso de nuestro devenir durante los momentos de mayor tiniebla y que frecuentemente operaron como actores secundarios a los que los guiones históricos decidieron silenciar o colocar convenientemente tras bambalinas a la espera de que el tiempo difuminara su importancia y como tal, sin duda, es el caso de todos los cuadrúpedos, emplumados o hasta escamosos que incluso fueron sostén alimenticio para las tropas que combatieron para lograr nuestro México actual. Siguiendo al respecto, el segundo ejemplo vendría a ser un caballo sin nombre ni descripción exacta o más bien dos corceles apenas y en segunda instancia reconocidos en un imponente monumento levantado justo en la cuna de la independencia, o séase en el Centro Histórico de Querétaro, donde se ubica la escultura conocida como El Jinete del Destino que inmortaliza el frenético y desesperado cabalgar del queretano alcaide José Ignacio Guadalupe Pérez Álvarez, Mensajero de la Libertad (por cierto con doble nacionalidad reconocida), quien montado a lomos de ese anónimo caballaje pudo llegar hasta Dolores Hidalgo, Guanajuato, para dar aviso a los conspiradores de que la gesta libertaria había sido descubierta. Lo anterior en un mes como este septiembre pero de 1810. La historia, claro, celebra y reconoce la valentía de aquel mensajero y la trascendencia de su encomienda, más insisto, dejando en el olvido el nombre propio de las dos cabalgaduras que resistieron el castigo de un rudo camino empedrado, el crudo frío y el cansancio extremo, todo, para llegar a tiempo con el urgente mensaje. Ese caballo que en realidad fueron dos, insisto, inició el recorrido para que México cambiara de rumbo representando con exactitud a quienes sostuvieron LA CAUSA soterradamente pero que sin su labor incansable, indispensable, silenciosa e invaluable no hubiera sido posible alcanzar LA LIBERTAD. Por supuesto que ese par de aguantadores caballazos, al igual que NICOLÁS, no requirieron de aplausos ni medallas; su naturaleza era avanzar hacia su destino desafiando los limite físicos y resistiendo contra lo que se les viniera de frente. Lástima que los archivos históricos rara vez los citen y mucho menos la investigación histórica se haya detenido a documentar con exacta precisión su participación independentista, como debió ser, y…

Sírvame este hilo conductor de resistencia y dignidad para recordar que el pasado día 10 se cumplió un año del lamentabilísimo accidente en el que perdieron la vida varios seres humanos y no humanos a causa del flamazo de una pipa gasera que estalló en el Puente La Concordia, ubicado en territorio capitalino iztapalapense, e instante donde el rescate de una perrita llamada CERECITA dio la vuelta al mundo tras ser video-grabada huyendo dramáticamente del fuego que de todas formas la alcanzó gravemente estando inclusive gestante, peeeero, pudiendo salvar la vida y recuperarse al 100 gracias a la decidida, intensa y dedicada intervención de Ana Silvia Díaz F. y su Fundación Huellitas, amor sin fronteras. Vaya también mi más amplio reconocimiento a los médicos veterinarios que lograron estabilizar a esa desesperada madrecita que después de múltiples cirugías y semanas y semanas de hospitalización pudo dar a luz a varios cachorros de los que tristemente sólo sobrevivió uno: el bellísimo y consentido CERECITO que ahora es parte de la familia de su rescatadora, al igual que su mamita. Actualmente ambas víctimas lucen sanas y radiantes, pareciendo haber olvidado la desventura de la que subsistieron. Ojalá y así de bien terminaran todos los rescates.

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