Opinión

Europa le pone edad a las redes para limitar el uso de plataformas

Redes sociales

En Estrasburgo, con la frialdad de un parlamento y la crudeza de una estadística, lo que muchos padres gritan en la sala de su casa es “Se acabó”. La Unión Europea anunció que prepara la prohibición total de redes sociales para menores de 13 años. No es una recomendación, no es un filtro parental, es una ley, la “EU Kids Act” (European Union por sus siglas en ingles).

La frase, lapidaria, quedó grabada en el pleno de este jueves “Nada de redes sociales para menores de 13 años. Nada de cuentas personales para menores de 15 años. Cada edad tiene sus propias sensibilidades. Y, por tanto, cada una tendrá su propio nivel de protección”.

El diagnóstico es brutal y tardío, Von der Leyen no habló desde la moral, habló desde la evidencia. El joven europeo promedio pasa entre 4 y 6 horas enganchado a una pantalla. “Se está privando a los niños de su infancia mientras se capta su atención y concentración”, dijo. “Lo que nuestros hijos necesitan es tiempo para descubrir quiénes son, para crecer junto a los demás. Incluso necesitan tiempo para aburrirse”.

Las razones de Bruselas son de salud pública:

1.⁠ ⁠El diseño adictivo no es un accidente, es el negocio. Las autoridades europeas y estadounidenses acusan a Meta, TikTok, Google y otras de diseñar plataformas para generar adicción. No tenemos por qué aceptar funcionalidades diseñadas para generar adicción, sentenció Von der Leyen. Meta acaba de pactar pagar 17 mil 100 millones de dólares para cerrar un juicio por atacar la salud mental de los niños.

2.⁠ ⁠La espiral del extremo. El algoritmo no muestra lo que el niño quiere, muestra lo que lo retiene. Y lo que retiene a un menor de 13 años es, cada vez, contenido más extremo, más ansioso, más sexualizado. “No tenemos por qué aceptar que se atraiga a los menores hacia contenidos cada vez más extremos. No tenemos por qué aceptar que las fotografías de las niñas se utilicen para generar mediante IA imágenes sexualizadas”.

3.⁠ ⁠Europa decide ponerle un alto a Silicon Valley. La presidenta fue directa: “Soy consciente de que muchos perciben el poder de las grandes tecnológicas como abrumador e imposible de revertir. No estoy de acuerdo. Europa tiene el poder de actuar. Somos nosotros quienes decidimos las reglas, no las grandes empresas tecnológicas”.

La ley, que aún debe ser discutida y aprobada por los 27 Estados miembros, plantea un acceso gradual, no binario: Menores de 3 años tendrán acceso cero; de 3 a 12 años, solo servicios adaptados a menores, con cuentas 100% controladas por los padres; 13 y 14 años, solo cuentas básicas, creadas y supervisadas por padres, con funciones limitadas y control de tiempo; de 15 a 18 años, podrán crear sus propias cuentas, pero las plataformas estarán obligadas a un “diseño seguro” por ley. Y con obligaciones reales como verificación de edad obligatoria al crear cuenta, tasa de supervisión pagada por las empresas para financiar el control, prohibición de diseños adictivos y de sistemas de recomendación dañinos.

Francia ya intentó prohibirlas y su Tribunal Constitucional tumbó la ley. España, Dinamarca, Suecia, Grecia, Alemania y Países Bajos empujan ahora en la misma dirección. La presión es insostenible. A este respecto, ¿Que pasa en México? Aquí seguimos en foros. Foros en regiones, con especialistas en salud mental, neurociencia, legisladores y padres de familia. El gobierno federal dice que busca una propuesta integral, sin criminalizar a los menores, con corresponsabilidad entre Estado, empresas y familias. Estamos entre campañas o reformas educativas.

Todo muy noble, pero mientras Europa legisla, México delibera. Y mientras deliberamos, un niño de 10 años en México ya tiene TikTok, Instagram y acceso a ChatGPT sin ningún filtro real. La verificación de edad en nuestro país es una casilla que dice “¿Tienes 13 años? Sí / No”.

La prohibición históricamente nunca ha sido la salida a problemas sociales, dicen los críticos. Tienen razón a medias. La prohibición sola no educa. Pero la ausencia de límites y coordinación hace que el problema crezca.

Pareciera que Europa no quiere censurar a la infancia sino devolverle su tiempo. Pero creo que le preocupa también estar rebasada por las grandes empresas tecnológicas. El debate no es prohibir internet, es prohibir plataformas de billones de dólares que manipulen el desarrollo de sus futuros ciudadanos, una manera de defender su soberanía, pero se quedan en las fronteras.

Para países como el nuestro, la pregunta ya no puede quedarse en la regulación de su uso. Debemos pasar al nivel de construcción de un módelo de atención a la niñez que les permita, con inteligencia y razonamientos, definirse a si mismos con autonomía y pensamiento crítico, el futuro mexicano que desean ser.

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