Opinión

De regreso a Maquiavelo

Libro (IG libreria.elbibliopola)

Maquiavelo no es un hombre del pasado, sino una mente brillantísima que explica la actualidad.

Hay plumas a las que siempre se regresa. En mi caso, Maquiavelo es una presencia constante y una lectura siempre a la mano; podré no saber dónde está alguno de los libros que he escrito, pero siempre recuerdo dónde están las obras del brillante florentino.

Acabo de comprar un libro que contiene su “Historia de Florencia”, extractos de algunas cartas, fragmentos históricos, y un texto que ya conocía, denominado “Dictamen sobre la reforma de la Constitución de Florencia”, del que me ocuparé más adelante. Todo esto en un tomo empastado en piel, con la reproducción de un busto del pensador, publicado por Poseidón en Buenos Aires, en 1943.

¿Por qué Maquiavelo es de mis clásicos personales? Porque es una voz que me recuerda cosas importantes, una razón que no caduca. Es más mi contemporáneo que muchos vivos.

Maquiavelo me recuerda que no hay modelo político perfecto, que el arreglo institucional de cada país depende totalmente del carácter o inclinación de su pueblo, y que gobernar en contra de esto es imposible porque la inversión en la fuerza necesaria no se sostiene. Así, por ejemplo, afirmó que las formas republicanas de algunas ciudades no podían ser sustituidas por las monárquicas; mientras que en otros estados justamente era al revés.

También me habla de la necesidad que tiene el político de conocer a su pueblo. Su historia, sus maneras, sus pasiones, sus miedos; porque sólo de esta forma lo entenderá y podrá gobernarlo. Realismo antes que idealismo.

Su concepto de Constitución de hecho es prácticamente moderno, en cuanto entiende por tal la forma en que se organiza y gobierna un Estado. Y esta organización y gobierno dependerá justo del carácter popular.

Una definición descriptiva más que prescriptiva, que va muy bien con el talante de su autor.

Este llamado al realismo siempre se ancla en el análisis histórico. No por una pasión de acumulador de hechos, sino por la necesidad de comprobar su postura; sí, la historia de Maquiavelo es justificación por lo que cumple una función instrumental, pero esto lo logra con acierto y de forma convincente.

Renacentista, reivindica la razón y el valor por encima de la piedad cristiana. Probablemente si hubiera sido contemporáneo de otro ilustre florentino, Dante, habría acabado en alguna pira por sostener esas ideas; pero le correspondieron otro tipo de papas, más guerreros y políticos que dogmáticos.

Justo uno de ellos, León X, le encarga el Dictamen sobre la reforma de la Constitución de Florencia. Este texto ya lo poseía en una edición cubana, y se consigue fácilmente por Internet.

El Dictamen es un trabajo muy interesante. El genio de Maquiavelo se enfoca en describir la forma en que se organiza el gobierno de su ciudad, el talante de sus habitantes, y las maneras en que el Papa, interesado en hacerse del poder de la ciudad, puede lograrlo, al vaciar de contenido las instituciones, pero sin derogarlas.

Respetar las formas, pero variar el contenido.

Aquí vemos una pluma descarnada, que disecciona las debilidades de su ciudad y propone la manera en la que el Papa puede servirse de ellas para lograr el control político. Tal vez es el Maquiavelo más cercano al maquiavelismo inventado por quienes no lo han leído.

No sé si el florentino sea uno de tus clásicos. Lo que sí puedo afirmar es que, si te interesa la política, ya sea como práctica o como ciencia, su lectura es provechosa, deslumbrante, útil.

Y sobre todo, claramente contemporánea.

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