Opinión

La economía de la memoria

Día de Muertos

Hay tradiciones que no solamente sobreviven al paso del tiempo: sostienen a quienes las mantienen vivas. El Día de Muertos es una de ellas.

La Concanaco estima que este año la celebración dejará 53 mil millones de pesos en el país, siete por ciento más que en 2025. Detrás de esa cifra no hay únicamente hoteles llenos o restaurantes con más clientes. Hay panaderías de barrio, mercados, artesanos y familias que esperan estos días para vender lo que producen.

En la Ciudad de México, el ejemplo más claro está en Xochimilco. La producción de cempasúchil pasó de casi 6.5 millones a cerca de 10 millones de plantas en un año. Son cientos de productores que mantienen viva una actividad agrícola que representa una fuente de ingresos para numerosas familias.

El gobierno capitalino parece haber entendido que los productores no son solamente parte de la celebración, sino quienes la hacen posible. Este año destinó más de ocho millones de pesos en apoyos y habilitó espacios para la comercialización directa. Es un esfuerzo por fortalecer la economía local que, más allá de una temporada, tendría que convertirse en oportunidades permanentes.

Clara Brugada anunció una agenda ambiciosa: una Catrina de 32 metros en el Zócalo, el desfile del 31 de octubre, ofrendas, esculturas luminosas y actividades en Chapultepec.

Bienvenida la fiesta y la llegada de visitantes. Pero el éxito no puede medirse únicamente en récords, fotografías o multitudes. La verdadera prueba será cuánto de esa riqueza permanece en los barrios, las chinampas y los pequeños negocios.

El Día de Muertos tiene una virtud extraordinaria: transforma la ausencia en encuentro y el recuerdo en una actividad que genera prosperidad.

Este año, cuando compremos cempasúchil, pan o una artesanía, vale la pena preguntarnos a quién estamos ayudando.

Honrar a nuestros muertos también puede ser una forma de cuidar a los vivos.

Por cierto:

1. SECUESTRO. El Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) cumple siete días operando a distancia en pleno proceso electoral. El motivo: el bloqueo que una fracción del PRD mantiene en las instalaciones para exigir el reconocimiento de su dirigencia y el control de más de 60 millones de pesos en prerrogativas. Es inaceptable que la disputa por el dinero e intereses partidistas secuestre las funciones de una institución vital. Con esta acción, un grupo demuestra estar dispuesto a poner sus ambiciones por encima del derecho de todas y todos los capitalinos a contar con un órgano electoral soberano y plenamente operativo.

2. EXTRAÑAMIENTO. Me cuentan que en Morena no cayó nada bien la intervención de Olivia Garza, presidenta de la Mesa Directiva del Congreso capitalino, durante la comparecencia del secretario de Gobierno, César Cravioto. Y es que la panista habría olvidado por momentos que su responsabilidad es representar a todo el Congreso y no aprovechar la tribuna institucional para hacer posicionamientos políticos. El malestar llegó a tal grado que, según me aseguran, la bancada guinda ya elaboró un extrañamiento contra la legisladora. Parece que a Garza le está costando trabajo distinguir entre su papel de oposición y su responsabilidad como presidenta del Legislativo.

3. AGUAS TURBIAS. El diputado priista Carlos Gutiérrez Mancilla sigue acumulando enfrentamientos políticos. Primero fue Gerardo Fernández Noroña, después Zenyazen Escobar y Arturo Ávila… ahora le tocó a Movimiento Ciudadano. El legislador llegó a San Lázaro con jarras de agua sucia que arrojó sobre el logotipo del partido naranja, antes de encarar a Jorge Álvarez Máynez entre gritos, empujones y jaloneos. Mancilla aseguró que lo hacía en defensa del pueblo de Jalisco, que enfrenta una grave crisis por el suministro de agua contaminada. Y mientras el priista suma otro encontronazo, los jaliscienses siguen esperando algo mucho más sencillo: agua limpia en sus casas.

Vivo la noticia, para contarle la historia

@juanmapregunta

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