
En Francia, en octubre pasado, hubo manifestaciones callejeras que convocaron a cerca de medio millón de personas y hubo vandalismo en comercios en protesta a la falta de oportunidades en la educación y la carestía de la vida. Además, entre las candidaturas declaradas para la presidencia de la República, la derecha extrema, que reivindica la soberanía nacional y una política migratoria más fuerte, tiene altas intenciones de voto.
El multilateralismo es la cooperación entre los Estados a través de instituciones internacionales como la ONU, la OEA, CELAC, APEC, OMS, FAO, UNESCO, UNICEF, ACNUR, PNUD, CEPAL y muchos más con distinta naturaleza, incluso existen organismos no estatales, como ISO, Cruz Roja, Oxfam, Médicos sin frontera, entre otros. Esta diversidad ocasiona que su regulación sea compleja, una proveniente de los Estados, como son los tratados internacionales, y otra de la llamada soft law, que es el derecho público global.
Esta semana, en FLACSO México, se llevó a cabo una cátedra sobre los desafíos del multilateralismo con una mirada desde América Latina, en donde se analizó esta institución que se fortaleció después de la Segunda Guerra Mundial con la creación de la ONU y el sistema de protección de diversos derechos humanos y de desarrollo económico y financiero en torno a esta instancia multilateral y que, en la actualidad, es cuestionada por muchos de sus miembro por su ineficacia en la disuasión, prevención, contención, mediación e intervención en los conflictos bélicos internacionales y en las crisis humanitarias.
El multilateralismo se abordó desde dos aspectos, el político y de relaciones internacionales, que destaca la relación de poder entre los Estados y el normativo e institucional, que son las profusas y dispersas vinculaciones entre las sociedades y los mercados nacionales en un ambiente de globalización y mundialización. Por un lado, hay una crisis profunda del multilateralismo derivada de los procesos de transformación política de los Estados en el orden liberal que han perdido legitimidad y controles efectivos sobre su territorio y, por el otro, una proliferación de normas, estándares, modelos y regulaciones emitidos por organismos internacionales no gubernamentales, que reproducen las desigualdades económicas, sociales y políticas entre los países y tienen déficit de representación democrática y de garantía de derechos humanos.
¿Por qué el multilateralismo está en crisis? Una primera respuesta es el rompimiento del orden liberal y el reequilibrio de las relaciones de poder entre los Estados, que reconfiguró las alianzas globales y regionalizó las cadenas de producción, en un proceso paulatino giro del enfoque económico y financiero al geopolítico y otra, más profunda, es la deslegitimación de los Estados como forma de dominación efectiva en el ámbito territorial.
En el último medio siglo, la tendencia ha sido la reducción del papel del Estado como actor en las relaciones trasnacionales, donde las empresas, las organizaciones internacionales no gubernamentales, las alianzas entre movimientos ideológicos afines e, incluso, el crimen organizado, han minado su monopolio normativo y de fuerza legítima en sus territorios. Esta disminución no significa su desplazamiento como agente político fundamental en el espacio que gobiernan, pero si un debilitamiento en la aplicación de sus determinaciones o una interdependencia y necesaria coordinación en materias en las que antes decidía unilateralmente con el argumento soberanista.
En el siglo XXI, la cooperación entre estados, incluso en sus atribuciones esenciales como son la exacción de recursos vía impuestos (eliminación de los paraísos fiscales) e imponer el orden mínimo territorial (combate a la delincuencia trasnacional o el terrorismo internacional), es la regla. El modelo pertinente para potencializar esta ineludible coordinación es el gobierno abierto, basado en la participación ciudadana, la transparencia y el uso intensivo de la tecnología, pero esa estrategia para lograr los consensos domésticos en sintonía con los internacionales afecta los intereses de los aparatos burocráticos tradicionales, que padecen una crisis de representación , una decreciente legitimidad y enfrentan a una institucionalidad global, que controla elementos esenciales de las sociedades postindustriales como son la tecnología y las cadenas de producción.
En este escenario, la reacción soberanista en el mundo son los movimientos identitarios, de derecha o izquierda, que recurren al pueblo o los ideales libertarios para reconcentrar el poder en los aparatos estatales y defender los intereses nacionales frente a la pluralidad política de las sociedades y recurren a la fuerza en las relaciones internacionales para relegitimarse ante una clientela electoral mayoritaria. El país hegemónico imponiendo, no negociando, las potencias emergentes retando al poder, no cooperando y las potencias medias defendiendo su trinchera con el argumento de la soberanía.
La crisis del multilateralismo es la falta legitimidad de este Estado nacional soberano, que cada vez ofrece menos en la globalización, pero que pretende mantener su preeminencia. Esto explica lo que sucede en Francia, que son situaciones compartidas en el mundo, donde la población no se siente representada por el aparato estatal democrático representativo, y apoya electoralmente a los movimientos soberanistas y con rasgos autoritarios. Las soluciones de fuerza tienen a las relaciones internacionales bilaterales o a las alianzas con gobiernos ideológicos afines fuera del multilateralismo promovido por la ONU.
Investigador del Instituto Mexicano de Estudios Estratégicos en Seguridad y Defensa Nacionales y del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores
cmatutegonzalez@gmail.com
Facebook.com/cmatutegonzalez
X @cmatutegonzalez
www.carlosmatute.com