Opinión

Teresa de Calcuta, bondad sospechosa

Wendy Garrido Granada
Wendy Garrido Granada Wendy Garrido Granada (La Crónica de Hoy)

En el imaginario social hay alguien que representa a la persona más buena del mundo,  la más bondadosa, la más caritativa, la más misericordiosa… la Santa Madre Teresa de Calcuta. Probablemente su mayor logro sea ése: ser el gran símbolo de lo que profesa la Iglesia católica.

El escritor y periodista Martín Caparrós, en su artículo “Por qué detesto a la Madre Teresa de Calcuta”, analiza la figura de la monja más conocida, como una  representación del “viejo modelo de la dama de caridad: aquella que se dedica a moderar los males causados por un orden que nunca cuestiona o que, en realidad, refuerza. Gracias a esos medios, al aparato de difusión de Roma, la señorita quedó instituida como gran encarnación actual del viejo mito de la bondad absoluta”.

La Madre Teresa de Calcuta fue una militante del conservadurismo católico, dice Caparrós. Y es cierto, en 1979, al recibir el Premio Nobel de la Paz por su labor humanitaria, pronunció un discurso digno del siglo XII. Se manifestó en contra del aborto: “el mayor destructor de la paz hoy es el aborto, porque es una guerra directa, un asesinato directo por la madre misma”. Contra los métodos anticonceptivos: “enseñamos a nuestros mendigos, nuestros enfermos de lepra, nuestros pobres, nuestra gente sin techo, lo que es la planificación natural de la familia”. La abstención: “los que tienen el voto de castidad, son los mejores para enseñarnos sobre la planificación familiar, porque no consiste en otra cosa sino en el auto control y en vivir el amor hacia la otra persona”.

El discurso de la Nobel de la Paz no analiza, ni critica, ni expone la pobreza como causa de la injusticia social, la desigualdad. No atenta contra el establishment. No trata de revertir, ni llamar a la acción. Por el contrario, acoge y perpetúa un sistema de valores basado en la culpa.  “Permanezcamos fieles al don de Dios, para amarlo y servirlo en los pobres... Lo que hemos hecho hasta ahora no habría sido posible si no compartieran sus oraciones y sus dones en este continuo darse. Pero no quiero que me den de su abundancia, quiero que me den de lo que les duela”, manifestó Teresa de Calcuta en Noruega al recibir el premio. La Iglesia católica ha permitido naturalizar la pobreza como designio divino. Para poner a prueba la fe. Para hacer al hombre más “misericordioso”. El sacrificio como forma de conocimiento y vida.

Desde hace unos días, Teresa de Calcuta ya es oficialmente una santa, fue canonizada por el papa Francisco en una multitudinaria misa en la Plaza de San Pedro. La historia le perdona todos sus pecados. Ahora será más difícil escuchar a las voces más críticas que han documentado las condiciones antihigiénicas y de tortura en las que vivían los enfermos que rara vez eran atendidos por médicos. O su relación con dictadores y corruptos, como lo expuso el médico Aroup Chatterjee en su libro Madre Teresa, el veredicto final.

Hay otros como el cubano-estadunidense Hemley González, que considera “una violación sistemática a los derechos humanos y un escándalo financiero” los albergues creados por la Madre Teresa en India, luego de haber sido misionero en uno de ellos, como contó al periódico El País.

El halo de santa seguramente no se le borrará. Está impregnado en el imaginario colectivo. Pero, a veces, es bueno recordar que los humanos somos seres complejos. Mucho más terrenales que celestiales. Que nos encanta la ficción.

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