Salud

¿Qué debe comer un niño después de cumplir un año? Una especialista explica los nutrientes clave, porciones, selectividad alimentaria y consejos prácticos.

Alimentación infantil después del primer año: nutrientes clave, porciones y errores que deben evitarse

Niño pequeño comiendo alimentos variados durante una comida familiar
¿Qué debe comer un niño después de cumplir un año? Especial

Cumplir un año representa un cambio importante en la alimentación de niñas y niños. Poco a poco comienzan a compartir la mesa con el resto de la familia, descubren nuevos sabores y texturas y desarrollan mayor autonomía para decidir qué y cuánto quieren comer.

Sin embargo, esta transición también puede generar dudas. ¿Cuánto deben comer? ¿Qué nutrientes necesitan? ¿Es normal que un día tengan mucho apetito y al siguiente casi no quieran probar la comida? ¿Cómo pueden las familias ofrecer una alimentación variada cuando tienen poco tiempo?

Para Verónica Copka, experta en nutrición infantil para NIDO, después del primer año los pequeños siguen teniendo necesidades nutricionales específicas. “No son adultos chiquitos”, explica, por lo que aunque sus porciones sean reducidas, los alimentos que consumen deben aportar una cantidad importante de nutrientes.

¿Qué nutrientes necesitan los niños después del primer año?

De acuerdo con Copka, durante esta etapa es importante prestar atención a proteínas en cantidades adecuadas, hierro, zinc, vitaminas A, C y D, calcio, magnesio y ácidos grasos, nutrientes relacionados con procesos como el crecimiento de músculos y huesos, la producción de energía, el funcionamiento del sistema inmunológico y el desarrollo cerebral.

La especialista también destaca la importancia de cuidar el bienestar digestivo y de priorizar alimentos y bebidas sin azúcares añadidos. La recomendación general es mantener una alimentación variada y equilibrada que acompañe el crecimiento y desarrollo del niño.

La buena noticia es que no es necesario convertir cada comida en una receta complicada.

Alimentos cotidianos para una alimentación variada

Huevo, pollo, carne, frijoles y lentejas pueden formar parte de las comidas familiares y aportar proteínas, hierro y zinc. Estos alimentos pueden combinarse con frutas, verduras, cereales y fuentes de calcio y vitamina D.

La clave es hacerlo simple, variado y práctico”, señala Copka.

Una de las claves está en recordar que los niños pequeños comen cantidades menores que los adultos, pero necesitan que esas porciones tengan una buena calidad nutricional. Para las familias que buscan complementar la alimentación, la especialista también menciona opciones de nutrición especializada para esta etapa, como NIDO Kinder 1+.

¿Los niños pueden comer lo mismo que el resto de la familia?

Sí, pero con algunos ajustes. Después del primer año, compartir la comida familiar puede ayudar a que los niños conozcan nuevos sabores, texturas y hábitos.

No necesariamente hay que preparar un platillo diferente. La comida puede adaptarse modificando su textura: aplastada, en trozos pequeños o en bastones que pueda tomar con la mano, dependiendo de su desarrollo.

También es importante evitar el exceso de sal, el picante y los azúcares añadidos. Algunos alimentos requieren especial atención por el riesgo de atragantamiento, por lo que deben ofrecerse con una preparación y tamaño seguros.

Para Copka, el ejemplo de los adultos también cuenta: “tu pequeño seguirá tu ejemplo”. Compartir la mesa y observar a la familia consumir alimentos variados puede convertirse en una herramienta para desarrollar buenos hábitos.

¿Qué hacer cuando un niño come poco?

Una comida en la que el niño come menos de lo esperado no necesariamente significa que exista un problema. El apetito puede cambiar de un día a otro debido al crecimiento, la actividad física y otros factores propios de esta etapa.

Por eso, la especialista recomienda observar lo que ocurre durante todo el día y la semana, en lugar de medir la alimentación únicamente por una comida.

Más que contar cucharadas, debemos poner atención en que poco a poco reciban variedad de alimentos y nutrientes”, explica.

También recomienda respetar las señales de hambre y saciedad. Ofrecer porciones pequeñas permite que el niño pueda pedir más si todavía tiene hambre, sin convertir el momento de comer en una lucha para terminar el plato.

Selectividad alimentaria: ¿cuándo preocuparse?

Que un niño rechace algunos alimentos es relativamente frecuente durante los primeros años. También puede decir “no” como una forma de expresar autonomía mientras aprende a comer por sí mismo y se familiariza con nuevos sabores y texturas.

La situación merece mayor atención cuando la selectividad es extrema o persiste, el pequeño acepta muy pocos alimentos, pierde peso o existen dificultades relacionadas con su crecimiento, alimentación o desarrollo.

En esos casos, Copka recomienda consultar con un pediatra o profesional de la salud.

Errores frecuentes en la alimentación infantil

Uno de los errores que identifica la especialista es pensar que más proteína significa más crecimiento. Los niños necesitan proteínas, pero en cantidades adecuadas y no necesariamente más de las que requieren.

Otro problema es olvidar que las porciones y necesidades nutricionales de los pequeños son diferentes a las de un adulto, incluso cuando comen el mismo platillo.

También recomienda reducir los azúcares añadidos y revisar las etiquetas de los productos que forman parte de su alimentación. El bienestar digestivo es otro aspecto que, según la especialista, debe considerarse dentro de una alimentación integral.

Una alimentación saludable no tiene que ser perfecta

Para las familias que tienen poco tiempo, presupuesto limitado o dudas sobre cómo preparar una alimentación equilibrada, Copka propone cambiar la idea de “comida perfecta” por una alimentación posible y constante.

Su recomendación es ofrecer porciones pequeñas y nutritivas, permitir que el niño pida más cuando tenga hambre, evitar premios y castigos relacionados con la comida y volver a ofrecer los alimentos que inicialmente rechaza.

No buscar una alimentación ‘perfecta’, sino una alimentación posible, variada y constante”, resume.

Al final, la alimentación después del primer año no consiste en que cada plato sea impecable. Se trata de construir hábitos que puedan mantenerse con el tiempo, aprovechar la comida familiar, respetar las señales del niño y procurar que cada bocado aporte nutrientes importantes para esta etapa.

La especialista lo resume en una regla sencilla: “Plato compartido a su medida, vaso especializado a su etapa”. La idea es acompañar el crecimiento con variedad, paciencia y hábitos que puedan formar parte de la vida cotidiana.

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