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Un estudio en EE.UU. observó menor deterioro cognitivo en consumidores habituales de cafeína

Tomar café diario podría reducir el riesgo de demencia

Taza dee café
Café

Un análisis en el que participaron más de 130 mil personas monitoreadas durante hasta 43 años sugiere que las personas que tienden a beber de forma habitual de una a tres tazas de café o té con cafeína al día, presentan entre 15% y 20% menos riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes evitan estas bebidas.

El trabajo, publicado en el Journal of the American Medical Association y liderado por el epidemiólogo nutricional Yu Zhang, de Harvard, revisó datos de dos enormes estudios de salud pública en Estados Unidos: el Nurses’ Health Study y el Health Professionals Follow-up Study. En ellos se evaluaron durante décadas los hábitos alimenticios, diagnósticos médicos y pruebas objetivas de función cerebral de los participantes.

Además del menor riesgo observado, quienes consumían café con cafeína reportaron un deterioro cognitivo ligeramente menor y mejores resultados en algunas pruebas de función cerebral que quienes bebían descafeinado. De hecho, el estudio no encontró relación entre el café descafeinado y la demencia.

Los propios autores advierten que el estudio no puede probar causalidad. Es decir, no puede demostrar que la cafeína sea la responsable directamente. Es posible que quienes consumen estas bebidas tengan otros hábitos que influyan en su salud cerebral. Por ejemplo, personas con problemas de sueño —un factor asociado a mayor deterioro cognitivo— podrían evitar la cafeína, generando una asociación indirecta.

Desde el punto de vista biológico, sí existen hipótesis plausibles ya que el café y el té contienen cafeína y polifenoles, compuestos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que podrían proteger al cerebro al mejorar la salud vascular y reducir el estrés oxidativo, ese daño celular provocado por moléculas inestables conocidas como radicales libres. Además, la cafeína se ha asociado con menor incidencia de diabetes tipo 2, un factor de riesgo reconocido para la demencia.

Pero la historia no es tan simple, pues como explica el cardiólogo metabólico Naveed Sattar, de la Universidad de Glasgow, la cafeína también puede elevar la presión arterial en algunas personas, y la hipertensión es uno de los principales detonantes de demencia. Es decir, la misma sustancia podría tener efectos benéficos y perjudiciales dependiendo del contexto individual.

Hacer el “experimento perfecto” —asignar al azar a miles de personas a beber café o descafeinado durante décadas— es prácticamente imposible. Por eso, la ciencia se mueve con piezas de evidencia como esta, que apuntan tendencias mas no a certezas absolutas.

Hoy se estima que cerca de la mitad de los casos de demencia en el mundo podrían prevenirse o retrasarse al atender factores como obesidad, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, pérdida auditiva e hipertensión.

Así que no, el café no actía como una manera de prevención 100% eficaz, sin embargo, dentro de un estilo de vida saludable —buena alimentación, ejercicio regular y sueño adecuado— esas dos tazas diarias podrían estar haciendo algo más que mantenerte despierto. También, quizá, ayudando silenciosamente a tu cerebro.

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