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Expertos advierten que los aditivos presentes en alimentos ultraprocesados no solo aumentan su atractivo, también pueden generar riesgos para la salud y contribuir a la epidemia de obesidad

Saborizantes artificiales: diseñados para gustar… y para consumir más

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Los saborizantes artificiales, utilizados en alimentos ultraprocesados, no solo hacen más atractivos estos productos, también pueden tener efectos adversos en la salud de las personas, que van desde reacciones alérgicas hasta su posible contribución al sobrepeso y la obesidad.

Ciertas sustancias contenidas en dichos aditivos son objeto de debate constante debido a que pueden provocar hipersensibilidad alimentaria, síntomas asmáticos, dolor abdominal, diarrea y vómito. Asimismo, diversas investigaciones refieren que podrían fomentar la llamada “alimentación hedónica”, es decir, comer por placer cuando no se tiene hambre.

De acuerdo con el Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO), algunos estudios han sugerido un posible vínculo entre los colorantes artificiales y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en niños.

Los saborizantes creados en laboratorios para mejorar sabor, textura, apariencia o vida útil, abarcan una amplia gama de perfiles: frutales, cítricos, de menta, chocolate y salados. En México predominan en botanas, dulces, gomitas, cereales, panes, galletas, gelatinas, helados, yogures, snacks y embutidos.

Un análisis de la base de datos Mintel para América Latina (2018–2023) señala que los saborizantes representan la categoría de aditivos más utilizada en la industria regional. Además, se estima que el mercado mexicano de saborizantes y potenciadores de alimentos, valuado en 666.06 millones de dólares en 2025, crecerá hasta 929.21 millones de dólares para 2031, según la firma Mordor Intelligence.

Para minimizar riesgos, profesionales de la salud recomiendan un consumo responsable: leer con atención las etiquetas, optar por alimentos naturales, frescos e integrales, y reducir la ingesta de productos ultraprocesados o elegir aquellos con menor probabilidad de contener aditivos artificiales.

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