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Hay métricas que no entran en ningún reporte. Antonella Gularte, creadora de contenido argentina, las conoce de memoria. Son las que más le importan

Lo que Antonella Gularte, creadora de contenido, mide cuando el dinero no alcanza para contarlo

"El día que una alumna toma una decisión sin pedir permiso"
"El día que una alumna toma una decisión sin pedir permiso" Foto: Cortesía

Quien escucha a Anto hablar de su trabajo por primera vez nota algo que tarda un momento en identificar. No es el tono, que es directo y sin adorno. No es la información que da, que es precisa y sin relleno. Es otra cosa. Es la forma en que describe los resultados: no en números, no en alcance, no en crecimiento porcentual. Los describe en personas. En momentos concretos. En el día que una mujer tomó una decisión que llevaba meses postergando, en la voz de alguien que habla de su proyecto sin pedir permiso para hacerlo, en la firmeza con que alguien dice que no a algo que le convenía pero que no encajaba.

Eso no aparece en ningún dashboard. Y sin embargo, para Antonella Gularte, es el dato más real de todos.

La industria del emprendimiento digital tiene una relación casi religiosa con las métricas. Tasas de conversión, retención, engagement, lifetime value. Todas importantes. Todas capaces de decir algo sobre lo que pasa. Pero hay un tipo de cambio que ninguna de esas métricas captura y que Anto aprendió a leer de otra manera.

"El día que una alumna toma una decisión sin pedir permiso"
"El día que una alumna toma una decisión sin pedir permiso" Foto: Cortesía

Es el cambio en cómo alguien se para frente a lo propio. Antes y después de cierto proceso, antes y después de ciertas conversaciones, hay mujeres que son perceptiblemente distintas. No en lo que saben, sino en cómo usan lo que saben. No en la cantidad de información que manejan, sino en la confianza con que toman decisiones usando esa información.

Esa diferencia, dice, es lo más parecido que encontró a una medida del trabajo bien hecho.

“El día que una alumna toma una decisión sin pedir permiso”, dice Antonella Gularte. “Cuando deja de consultar si puede, cuando se planta frente a algo que antes la frenaba, cuando elige su tiempo. Esa es mi métrica.”

No lo dice como eslogan. Lo dice como la descripción honesta de lo que busca cuando evalúa si algo funcionó. La plata llega, agrega, y es importante. Pero es consecuencia. Lo que importa es anterior.

Hay mujeres que salen de ciertos procesos sabiendo exactamente lo mismo que sabían al entrar, al menos desde el punto de vista técnico. Y hay mujeres que salen creyendo algo distinto sobre lo que pueden hacer con ese conocimiento. La diferencia entre las dos no la explica el contenido del programa. La explica algo más difícil de diseñar y mucho más difícil de medir.

Hay una historia que Anto cuenta con más cuidado que las otras. Una mujer que llegó convencida de que su momento ya había pasado. No lo dijo con dramatismo. Lo dijo con la naturalidad de quien ya se acostumbró a esa idea. Tenía un proyecto con forma. Tenía ganas reales. Y aun así hablaba de él como si le perteneciera a medias.

"El día que una alumna toma una decisión sin pedir permiso"
"El día que una alumna toma una decisión sin pedir permiso" Foto: Cortesía

A los pocos meses tomó una decisión que años atrás no hubiera considerado. No fue un salto enorme. Fue un paso. Pero fue el primero que tomó desde otro lugar.

“No fue por la plata que generó”, dice Antonella Gularte. “Fue la forma en que se paró distinto. Cómo se reconoció dueña de su vida.”

Ahí, dice, entendió que lo que estaba construyendo no era un curso. Era un cambio estructural. Y que valía la pena llevarlo a la mayor cantidad de mujeres posible.

Eso es lo que mide Anto cuando los números no alcanzan para contar lo que pasó. Un modo de pararse. Una voz que cambió. Una decisión que se tomó sin esperar que nadie dijera que podía.

Algunas cosas no tienen métrica todavía, pero se notan igual.

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