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Comprar un teléfono celular ya no termina al pagar el equipo: accesorios, almacenamiento, suscripciones y actualizaciones forman parte de una experiencia de compra cada vez más costosa

¿Por qué ahora compramos los teléfonos celulares por partes? Así se debate el consumo entre ecología y negocio

¿Por qué ahora compramos los teléfonos celulares por partes? Así se debate el consumo entre ecología y negocio
¿Por qué ahora compramos los teléfonos celulares por partes? Así se debate el consumo entre ecología y negocio

Comprar un teléfono celular solía ser algo bastante sencillo: elegías el modelo y el color, pagabas por él y, básicamente, eso era todo. En la caja encontrabas todo lo necesario para empezar a usarlo.

Hoy la experiencia es distinta. Sigues comprando un teléfono, eligiendo un modelo y un color, pero hay algunas características, servicios, funciones, versiones, capacidades de almacenamiento y hasta accesorios que ahora se adquieren por separado.

Esta dinámica no pertenece únicamente a una marca. Sin embargo, Apple es uno de los ejemplos más claros de cómo funciona este nuevo modelo.

Un teléfono, varias versiones, diferentes precios

Hemos normalizado pagar cada vez más por un teléfono mientras algunas de las funciones y características que necesitamos para aprovecharlo requieren ser adquiridas aparte.

Si quieres una cámara con mejores configuraciones, un teléfono con más y mejores funciones o mayor capacidad de almacenamiento, la respuesta suele estar en una versión más equipada del mismo teléfono.

El modelo básico existe, pero algunas características más avanzadas quedan reservadas únicamente para las versiones superiores.

Algo similar sucede con el almacenamiento. Puedes elegir una capacidad mayor desde el principio, pero eso significa pagar un poco más por el mismo dispositivo.

El problema llega cuando ese espacio eventualmente se acaba y entonces aparece otra alternativa: almacenamiento en la nube que se adquiere mediante una suscripción mensual.

El dispositivo sigue siendo el mismo, pero quien desbloquea el verdadero potencial del teléfono es quien adquiere todos estos servicios adicionales.

De ahí surge una interesante pregunta: ¿en qué momento aceptamos que comprar un teléfono también significa adquirir por separado algunos elementos y servicios que se requieren para aprovechar el dispositivo al máximo?

¿Qué incluye verdaderamente tu compra?

Durante años, comprar un teléfono significaba abrir la caja y encontrar el equipo, un cargador y, dependiendo del modelo y la época, otros accesorios, como en su momento fueron los audífonos con su respectivo adaptador.

Algo que hoy en día ya no vemos de la misma manera.

Apple, por ejemplo, dejó de incluir el adaptador de corriente en sus iPhone a partir del modelo 12. La empresa argumentó que muchos usuarios ya contaban con adaptadores y que reducir estos elementos reduciría el tamaño del empaque y su impacto ambiental.

Desde entonces, la forma en la que se venden los teléfonos y los elementos que contienen ha cambiado, no solamente en Apple, sino también en la mayoría de las marcas.

Para quien ya cuenta con un accesorio compatible, esto no representa ningún tipo de problema. Sin embargo, quien no lo tiene, requiere hacer una compra adicional por el simple hecho de cambiar de marca o de modelo.

El empaque se hizo más pequeño, pero la lista de cosas que el usuario necesita adquirir para utilizar su dispositivo al contrario, creció.

Tal parece que hoy en día comprar un nuevo teléfono es como comprar un álbum del mundial: tienes el álbum, pero para completarlo necesitas seguir comprando sobres.

La diferencia es que adquirir un teléfono no es lo mismo que intentar completar una colección; estamos intentando utilizar un producto que ya compramos.

Esto plantea otra pregunta: ¿en qué momento decidimos acostumbrarnos a que los elementos que antes venían incluidos ahora se tienen que adquirir aparte?

¿Realmente necesitamos cambiar de teléfono?

Aquí aparece otra cuestión interesante: adquirir el nuevo modelo cada que sale.

Las marcas presentan nuevos modelos constantemente. Cada uno promete mejoras en diversos aspectos como la cámara, la batería, el diseño y la inclusión de nuevas funciones, muchas de ellas relacionadas con la inteligencia artificial.

Aunque algunas de estas mejoras pueden resultar útiles para muchos usuarios, otros pueden considerar que el modelo que tienen puede hacer prácticamente todo lo que necesitan.

Entonces, ¿qué hace que eventualmente queramos cambiarlo?

La competencia entre las propias marcas también es parte de esta dinámica. Cuando un modelo llega con nuevas características, se presenta una nueva experiencia dentro de la marca.

Un claro ejemplo es el lanzamiento del primer iPhone plegable de Apple en 2026. Los teléfonos plegables llevaban años formando parte del mercado, siendo Samsung una de las primeras marcas en impulsar esta novedad.

Y Samsung, tras el lanzamiento de Apple, decidió recordar los años que lleva incorporando teléfonos plegables en su catálogo en redes sociales mediante publicaciones y anuncios.

Más allá de la “burla”, esto muestra algo interesante: una característica tecnológica innovadora puede existir en el mercado durante años, y aun así, adquirir una nueva relevancia cuando una marca diferente la incorpora en su producto.

Pero para el consumidor, esto puede convertirse en una nueva razón para considerar cambiar de teléfono.

Sin embargo, gran parte de la respuesta se encuentra en el software.

Los teléfonos reciben actualizaciones durante determinados periodos. Pero con el tiempo, algunos dispositivos pueden dejar de recibir estas actualizaciones, lo que causa que ciertas aplicaciones dejen de ser compatibles con teléfonos con versiones antiguas del software.

Esto genera un pequeño problema: el teléfono puede seguir funcionando perfectamente, pero su utilidad comienza a depender de las actualizaciones que recibe y de las aplicaciones y servicios que sigan funcionando con esa versión.

El dispositivo no necesariamente deja de funcionar, simplemente comienza a quedarse estancado dentro de un ecosistema que se actualiza constantemente, y entonces aparece la necesidad de adquirir uno nuevo.

El precio de estar al día

Quizá lo más extraño de todo esto no sea que los teléfonos sean cada vez más caros, sino el hecho de que hemos aprendido a aceptar que cada vez sea más constante la necesidad de adquirir un nuevo modelo.

Con ello viene la preocupación por el espacio de almacenamiento, el cargador, la funda, los audífonos, el almacenamiento en la nube y, eventualmente, un nuevo modelo.

El cambio entonces no ocurrió en el teléfono, sino alrededor de él, en el momento en el que aprendimos a comprarlo por partes.

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