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Descubre los nueve niveles del Mictlán, el inframundo de los mexicas, las pruebas que debían superar las almas y su relación con el Día de Muertos.

Los 9 niveles del Mictlán: guía para entender el inframundo de los mexicas

Los 9 niveles del Mictlán. Para los antiguos mexicas, la muerte marcaba el inicio de un viaje de cuatro años en el que las almas debían superar nueve regiones antes de alcanzar el descanso definitivo, bajo el dominio de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl. (Pexels)

Mucho antes de la llegada de los españoles, los antiguos mexicas concebían la muerte como una transformación de la existencia y no necesariamente como su final. Dentro de su cosmovisión, el Mictlán representaba el destino de las personas que fallecían por causas naturales, un lugar al que debían llegar después de superar un largo recorrido por distintas regiones del inframundo.

¿Qué es el Mictlán y qué significaba para los mexicas?

El Mictlán, cuyo nombre puede traducirse como lugar de los muertos, formaba parte de la concepción del universo de los antiguos pueblos nahuas. Se encontraba en las regiones inferiores del cosmos y estaba gobernado por Mictlantecuhtli, señor de los muertos, y Mictecacíhuatl, señora del inframundo, quienes recibían a las almas que conseguían completar su recorrido.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el destino de una persona después de morir dependía principalmente de las circunstancias de su fallecimiento. Así, quienes morían por causas naturales emprendían el viaje hacia el Mictlán, mientras que aquellos relacionados con fenómenos acuáticos podían llegar al Tlalocan, dominio de Tláloc. Por su parte, los guerreros muertos en combate y las mujeres fallecidas durante el parto tenían un destino vinculado con el Sol.

Dentro de esta tradición, los familiares del difunto realizaban rituales funerarios y preparaban ofrendas con alimentos, agua y objetos personales para acompañarlo durante su tránsito. Entre los elementos más importantes se encontraban las representaciones del perro xoloitzcuintle, animal que, según las creencias mexicas, ayudaba a las almas a cruzar uno de los ríos que conducían al inframundo.

¿Cuáles son los nueve niveles del Mictlán y qué pruebas debían superar las almas?

Aquí se abordarán dos versiones que han recopilado la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la UNAM, en donde se describen de distinta manera cada nivel de los nueve que existen en el Mictlán:

La SEP, mediante el material educativo Camino al Mictlán, recupera diferentes relatos de la tradición mexica sobre las pruebas que enfrentaban los muertos durante su descenso al inframundo. Esta reconstrucción incorpora obstáculos naturales, criaturas mitológicas y regiones de oscuridad, hasta llegar a la morada de los señores de la muerte.

Los nueve niveles descritos en esta versión son:

  1. Itzcuintlán (Lugar de los perros): el recorrido comenzaba a orillas del río Apanohuayan, donde las almas necesitaban la ayuda de un xoloitzcuintle para cruzar. Según esta tradición, el perro reconocía a su antiguo dueño y lo transportaba sobre su lomo. Sin embargo, quienes habían maltratado a estos animales podían quedarse sin su ayuda.
  2. Tepetl Monamicyan (Lugar de las montañas que chocan): las almas debían atravesar un estrecho espacio entre dos enormes montañas que se abrían y cerraban continuamente. El desafío consistía en encontrar el momento adecuado para cruzar sin quedar atrapadas entre las formaciones rocosas.
  3. Itztepetl (Cerro de obsidiana): en esta región se encontraba una montaña cubierta de filos de piedra que desgarraban a los difuntos durante su ascenso. Las superficies cortantes representaban uno de los obstáculos físicos más difíciles del recorrido.
  4. Itzehecayan (Lugar del viento de obsidiana): los muertos llegaban a una región de hielo y montañas abruptas, formada por ocho elevaciones conocidas como Cehuécayan. Allí enfrentaban temperaturas extremadamente bajas y terrenos cubiertos de piedras afiladas, mientras continuaban descendiendo al inframundo.
  5. Pancuetlacalayan (Lugar donde la gente vuela como banderas): después de atravesar las montañas heladas, las almas ingresaban a una zona desértica azotada por fuertes vientos. Las corrientes eran tan intensas que podían levantarlas y arrastrarlas, dificultando su avance.
  6. Temiminaloyan (Lugar donde la gente es flechada): las almas debían cruzar un sendero donde manos invisibles lanzaban flechas desde diferentes direcciones. Según el relato, estos proyectiles estaban relacionados con las armas perdidas durante las batallas, que continuaban representando un peligro para los muertos.
  7. Teyollocualoyan (Lugar donde se comen los corazones): esta región estaba habitada por fieras que abrían el pecho de los difuntos y devoraban sus corazones. Una vez superada esta etapa, el recorrido continuaba hacia territorios atravesados por aguas profundas y difíciles de cruzar.
  8. Izmictlán Apochcalolca (Lugar de la muerte de obsidiana): los difuntos se encontraban en una región cubierta por una espesa niebla grisácea que les impedía orientarse. En esta etapa debían atravesar un valle asociado con los nueve ríos de Chiconahuapan, antes de llegar al destino final.
  9. Mictlán (Morada de los muertos): después de superar todos los obstáculos, las almas alcanzaban la región gobernada por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl. El recorrido concluía con el desprendimiento de los últimos vínculos con su existencia terrenal y el descanso definitivo.

La Universidad Nacional Autónoma de México publicó el 31 de octubre de 2020, mediante Gaceta UNAM, el artículo Mictlantecuhtli, el dios mexica de la muerte. La publicación presenta una reconstrucción del inframundo a partir de investigaciones universitarias sobre la cosmovisión y las representaciones de la muerte entre los antiguos mexicas.

  1. Apanoayan (El paso del río): el viaje comenzaba en una corriente de agua que los difuntos no podían atravesar por sus propios medios. Para alcanzar la orilla contraria necesitaban la ayuda de un perro, que los transportaba mientras nadaba. Esta etapa refleja la importancia de los perros como acompañantes de los muertos dentro de las creencias mexicas.
  2. Tepeme Monamictia (Lugar donde chocan las montañas): después de cruzar el río, las almas debían pasar entre dos enormes montañas que se encontraban en constante movimiento. Ambas formaciones chocaban una contra otra, por lo que los difuntos tenían que atravesar el estrecho paso sin quedar atrapados.
  3. Iztepetl (Cerro de obsidiana): la tercera región estaba formada por una montaña cubierta de filos cortantes, comparables con cuchillos de pedernal. Las almas debían recorrer este terreno peligroso antes de continuar hacia las regiones más profundas del inframundo.
  4. Cehuecayan (Lugar donde hiela): los muertos llegaban a una región caracterizada por el frío extremo, donde las bajas temperaturas representaban un nuevo obstáculo para continuar.
  5. Itzehecáyan (Lugar del viento de obsidiana): después de superar el frío, las almas enfrentaban fuertes corrientes de viento que cortaban como cuchillos de piedra. El nombre hace referencia a la obsidiana, material volcánico empleado por los pueblos mesoamericanos para fabricar instrumentos y armas con filos muy agudos.
  6. Teocoylehualoyan (Lugar donde aparece el jaguar): los difuntos encontraban a un jaguar que devoraba sus corazones. Este animal tenía una importante presencia simbólica en las culturas mesoamericanas, debido a sus asociaciones con la noche y las fuerzas sobrenaturales.
  7. Apanhuiayo (Laguna de agua negra): la séptima región consistía en un lago de aguas oscuras donde habitaba Xochitonal, una criatura descrita como una lagartija que intentaba impedir el paso de los difuntos. Las almas tenían que superar este encuentro para continuar su camino.
  8. Chiconauapan (El último río): después de superar las pruebas anteriores, los muertos llegaban a la orilla de un río que marcaba la última etapa antes de ingresar al Mictlán. El agua aparecía nuevamente como una frontera entre el recorrido de los difuntos y su destino definitivo.
  9. Mictlán (Morada de los muertos): finalmente, las almas alcanzaban el reino de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, las deidades que gobernaban el inframundo. A diferencia de la concepción cristiana del infierno, el Mictlán no representaba un castigo por los pecados cometidos en vida, sino el destino que correspondía a las personas fallecidas por causas naturales.

De acuerdo con la tradición documentada por el INAH, el recorrido de los muertos hacia el último nivel del Mictlán se relacionaba con un periodo de cuatro años. Durante este tiempo, las ceremonias funerarias y las ofrendas desempeñaban un papel importante en el acompañamiento simbólico de los difuntos.

Los familiares colocaban objetos relacionados con la vida de la persona fallecida, así como alimentos y agua, considerados necesarios durante su tránsito. Al completar el recorrido, el difunto alcanzaba su destino final, donde terminaba su existencia individual según distintas interpretaciones de los relatos nahuas.

¿Qué relación tiene el Mictlán con el Día de Muertos en México?

El Mictlán constituye uno de los antecedentes culturales que permiten comprender la relación de los pueblos mesoamericanos con la muerte. Para los mexicas, los difuntos continuaban formando parte de un universo en el que la vida y la muerte estaban estrechamente relacionadas, por lo que sus familiares mantenían ceremonias y ofrendas en su memoria.

Actualmente, elementos como las ofrendas, las flores, las veladoras y los alimentos dedicados a los difuntos conservan la idea de mantener un vínculo simbólico con quienes fallecieron. Así, el Mictlán sigue siendo una referencia fundamental para comprender cómo los antiguos mexicas interpretaban la muerte, no como un castigo, sino como parte del ciclo de la existencia.

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