
El debate se ha apoderado de las redes sociales después de que imágenes de ofrendas de Día de Muertos en el extranjero se viralizaran a partir del 27 de octubre, fecha en la que las mascotas fallecidas visitan sus hogares y que —tras su difusión en medios— generó gran interés en países fuera de México que también deseaban honrar a sus animales de compañía.
No obstante, la expansión de esta tradición mexicana no se detuvo en el altar para las mascotas, ya que en algunos casos se insinuó la posibilidad de también colocar la ofrenda de Día de Muertos para los niños, niñas y almas adultas que está destinada a las fechas del 1 y 2 de noviembre, lo que inmediatamente despertó el desacuerdo de la comunidad mexicana en redes sociales.
De acuerdo con la observación en contra, la práctica se considera apropiación cultural y exhortaron a las personas extranjeras a respetar dichos los límites; sin embargo, también existió un sector que reafirmó el luto como “un sentimiento universal” que permitía a todas las personas del mundo honrar a sus fallecidos.
Este debate ha dejado una interesante reflexión al respecto: ¿es el Día de Muertos una festividad que debe extenderse a países extranjeros... o las redes sociales han gentrificado la tradición mexicana más importante?
Ofrendas de Día de Muertos en el extranjero: ¿por qué se consideran apropiación cultural?
El Día de Muertos ha sido una tradición de gran popularidad en México durante siglos, caracterizada por sus colores vivaces, iluminación y festejo que tiene por propósito honrar a las almas que ya no están con nosotros a partir de los últimos días de octubre, teniendo por fecha principal de homenaje al 1 y 2 de noviembre.
La importancia de esta tradición le valió ser declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 2008; según señaló el organismo, el Día de Muertos representa una expresión tanto tradicional como contemporánea que destaca por su naturaleza integradora, representativa y comunitaria.
Al tratarse de una celebración que simboliza un puente entre la vida y la muerte, generó también un enorme interés fuera del terreno nacional e incrementó tras el estreno de Coco, película de Disney Pixar que mostró al mundo el significado de esta importante tradición mexicana.
Sin embargo, el lanzamiento del filme de animación abrió debates sobre la apropiación cultural, especialmente después de que surgieran imágenes de disfraces, productos comerciales y representaciones audiovisuales inspiradas en los símbolos tradicionales del Día de Muertos de México. A pesar de que la discusión se apaciguó en los años siguientes, este 2026 volvió a surgir el debate mediante resdes sociales cuando se viralizaron altares para mascotas en países extranjeros.
“No es una tradición de Latinoamérica, es una tradición mexicana”, señalaron internautas de México que reaccionaron en contra de las ofrendas colocadas por personas de países latinoamericados que afirmaron celebrar también a sus difuntos. “Si el luto es universal, busca cómo honrar tus muertos con tradiciones de tu país”, añadieron.
Por otra parte, en el sector mexicano que ‘aceptó’ las ofrendas extranjeras, destacaron que el punto central de esta práctica en países fuera de México debía destacar el reconocimiento de las raíces de la tradición, respetar las diferencias entre las costumbres de cada comunidad y evitar que los símbolos se utilicen sin contexto o sean reducidos a una estética comercial.
Origen del Día de Muertos: ¿por qué la tradición es mexicana y en qué la diferencia de otras festividades?
Para entender por qué el Día de Muertos es una de las tradiciones más representativas de México, es necesario remontarse a las creencias funerarias de los pueblos originarios y, en particular, a la cosmovisión de los mexicas.
En esta cultura, la muerte no significaba necesariamente el final de la existencia, sino el inicio de un camino hacia el Mictlán, el inframundo gobernado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl —el señor de los muertos y su contraparte femenina, respectivamente—; según esta concepción, quienes fallecían por causas naturales, debían atravesar distintos obstáculos durante un recorrido que duraba cuatro años antes de alcanzar el descanso definitivo. Debido a ello, las familias realizaban rituales funerarios en los que proporcionaban objetos y alimentos que acompañarían al difunto en su tránsito.
Si bien el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) introduce un matiz histórico en el que afirma que el Día de Muertos actual no nació íntegramente en la época prehispánica, sus antecedentes sí incluyen prácticas indígenas que posteriormente fueron vinculadas al calendario católico y los cambios ocurridos durante la Colonia.
Es decir, la tradición mexicana como la conocemos hoy en día se desarrolló a partir de la convivencia, transformación y reinterpretación de las prácticas indígenas y las tradiciones cristianas durante el periodo colonial. No obstante, aunque países como España, Italia y Francia —así como regiones latinoamericanas— también conmemoran a sus difuntos, en México destaca la costumbre de preparar ofrendas para recibir simbólicamente a las almas en el hogar.
Más que una tradición centrada en la ausencia, esta celebración mexicana convierte el recuerdo en una experiencia familiar y comunitaria, por lo que preservar el Día de Muertos significa comprender que los altares no son únicamente elementos decorativos, sino que representan una relación histórica con la memoria, la familia y las personas queridas fallecidas que forman parte de la vida incluso después de partir.