
Durante décadas, casi todas las carrocerías se fabricaron con acero convencional, un material que los técnicos conocían bien. Hoy los fabricantes usan cada vez más aluminio y aceros de alta resistencia para reducir el peso de los vehículos y cumplir exigencias de seguridad y consumo de combustible. En un mismo auto pueden convivir piezas de distintos materiales.
Para quienes reparan abolladuras, ese cambio obliga a ajustar la técnica. Una fuerza o una herramienta que funciona bien en una puerta de acero puede marcar o estirar una pieza de aluminio.
Rodrigo Ribeiro, especialista brasileño establecido en Texas, se dedica a la reparación de abolladuras sin pintura y ha trabajado en líneas de producción de fabricantes, centros de importación y operaciones de granizo. En su trabajo, identificar el material antes de empezar es el primer paso.

“El aluminio exige una conversación distinta a la del acero”, dice Rodrigo Ribeiro. Según explica, el aluminio conduce el calor con rapidez, acumula la tensión de otra manera y puede endurecerse a medida que se trabaja. Por eso requiere movimientos más controlados y pausas frecuentes para revisar cómo responde la pieza. La identificación del aluminio, agrega, debe ser segura y no una suposición basada en el modelo del auto. El técnico revisa la información del fabricante, cómo está construida la pieza y si fue reparada antes, porque una superficie que ya fue repintada puede reaccionar de forma impredecible al calor o a la tracción.
Con los aceros de alta resistencia el reto es distinto. Estos materiales tienden a recuperar parte de la deformación cuando se deja de presionar y ofrecen más resistencia. Para Rodrigo Ribeiro, la solución no pasa por hacer más fuerza, porque eso aumenta el riesgo de marcas. Lo recomendable es mejorar el punto de apoyo, usar herramientas con el contacto adecuado y liberar la tensión poco a poco.
El calor también se maneja de forma diferente. En los aceros especiales, su uso se limita a lo que permite el fabricante, porque puede alterar algunas propiedades del material. En el aluminio, el calor controlado puede ayudar a darle forma a la pieza y a proteger la pintura, siempre con medición y límites definidos. Las herramientas y los residuos que se usan en el aluminio se separan de los que se usan en el acero cuando el procedimiento del taller lo exige, para no contaminar el material.
Antes de elegir la herramienta, también revisa para qué sirve la pieza. Una lámina exterior que cumple solo una función estética no se evalúa igual que una pieza estructural o una zona diseñada para absorber energía en un choque. Si hay sospecha de daño estructural, el caso sale de la reparación sin pintura y pasa a otro tipo de taller.

Para ordenar esas decisiones usa una matriz sencilla que tiene en cuenta el material, la ubicación del golpe, su gravedad, el acceso, el estado de la pintura, las indicaciones del fabricante y la experiencia del técnico. El resultado no es solo un sí o un no: puede indicar una reparación simple, un especialista con más experiencia, un desmontaje autorizado o una reparación convencional.
Rodrigo Ribeiro explica que esa matriz también ayuda a que la urgencia de un cliente no convierta un caso dudoso en una reparación insegura.
En las piezas de aluminio, la revisión final se hace desde varios ángulos, porque algunas ondas pequeñas solo aparecen cuando se mueve la fuente de luz.