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Moverse no basta: cuatro de cada diez mexicanos que hacen ejercicio no alcanzan el nivel que protege la salud

Moverse no basta

México se mueve un poco más que hace un año. Según el Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico (MOPRADEF) 2025 del INEGI, publicado en enero, el 44.5 % de la población de 18 años y más que vive en las 32 ciudades de 100 mil habitantes o más hizo actividad físico-deportiva en su tiempo libre. En 2024 la cifra fue de 41.1 %. Pero el dato que más dice sobre la salud del país no es cuánta gente hace ejercicio, sino cuánta lo hace lo suficiente.

De las personas de 12 años y más que se ejercitan en su tiempo libre, solo el 57.9 % cumple con la frecuencia, la duración y la intensidad recomendadas para obtener beneficios a la salud. Dicho de otra forma: cuatro de cada diez mexicanos que hacen ejercicio no llegan al umbral que marca una diferencia en su salud.

Qué mide el INEGI cuando habla de “nivel suficiente”

El MOPRADEF no se limita a preguntar si una persona hace deporte. También registra cuántos días a la semana lo practica, cuánto tiempo y con qué intensidad. Con esa información clasifica a la población activa en dos grupos: la que alcanza un nivel suficiente y la que se queda en un nivel insuficiente.

La distancia entre ambos grupos es grande. Según los resultados de 2025, las mujeres con nivel suficiente dedican en promedio 5 horas y 51 minutos a la semana a la actividad física, y los hombres, 6 horas y 45 minutos. En el grupo insuficiente, el promedio baja a 1 hora y 31 minutos en mujeres y a 1 hora y 53 minutos en hombres. Una caminata ocasional o un partido el fin de semana cuentan como actividad, pero rara vez bastan por sí solos.

La edición de 2025 incorporó además una actualización metodológica: por primera vez ofrece resultados nacionales para la población de 12 años y más, no solo para las grandes ciudades. A nivel nacional, el 41.7 % de esa población es activa en su tiempo libre.

La brecha entre hombres y mujeres

La diferencia por sexo se mantiene. El 46.7 % de los hombres de 12 años y más se ejercita en su tiempo libre, frente al 37.4 % de las mujeres: 9.3 puntos de distancia. Si se suma la actividad física que se hace en el empleo, la escuela o el hogar, la población activa llega al 59.2 %, pero la brecha se amplía a 15 puntos (67.3 % de los hombres y 52.3 % de las mujeres).

El dato tiene un matiz. Entre quienes sí hacen ejercicio, las mujeres cumplen el nivel suficiente en mayor proporción que los hombres: 60.0 % frente a 55.9 %. El reto, en su caso, es empezar más que sostener.

Por qué importa: el contexto de la obesidad

Estas cifras conviven con uno de los mayores desafíos de salud pública del país. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) Continua 2023, el 38.9 % de los adultos de 20 años y más vive con obesidad y el 37.3 % con sobrepeso. Juntos suman el 76.2 % de la población adulta.

La actividad física no es la única variable, porque la alimentación y el entorno pesan tanto o más. Pero la evidencia es consistente en que la inactividad es un factor de riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedad cardiovascular, tres de los padecimientos que más pesan en la mortalidad del país.

Qué hace que el ejercicio cuente

La Organización Mundial de la Salud recomienda que las personas adultas acumulen cada semana entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa. También recomienda trabajar la fuerza muscular al menos dos días por semana. Es un mínimo orientativo para la población general, no una pauta individual.

“El error más común es pensar que cualquier movimiento suma lo mismo. Suma, y mucho, frente a no hacer nada, pero los beneficios sobre la salud metabólica y cardiovascular aparecen cuando hay regularidad, una intensidad que suponga un esfuerzo real y algo de trabajo de fuerza”, explica Robert Usach, doctor en Ciencias del Deporte por la Universidad de Barcelona y director de contenidos de ENFAF, academia en línea especializada en entrenamiento y nutrición, donde dirige además el Máster en Readaptación Deportiva y Prevención de Lesiones.

Según Usach, el trabajo de fuerza es la parte que más se descuida. “Mucha gente que camina o corre nunca hace ejercicios de fuerza, y es justo lo que ayuda a conservar masa muscular con la edad y a mejorar el control de la glucosa”, señala. En su opinión, la constancia pesa más que la intensidad de una sesión aislada: tres o cuatro días de actividad repartidos en la semana suelen ser más sostenibles que un esfuerzo concentrado en el fin de semana.

Más gimnasios, más necesidad de profesionales preparados

El salto de “hacer algo” a “hacer lo suficiente” es también una cuestión de acompañamiento. El sector ha crecido: la radiografía del mercado mexicano elaborada en 2024 por Mercado Fitness, con datos de la consultora Trainingym, contabiliza más de 20 mil gimnasios, clubes y estudios en el país, sin contar academias de baile, yoga, pilates ni artes marciales.

Que haya más espacios para entrenar no garantiza que el entrenamiento esté bien planteado. “La diferencia entre quien se queda en el nivel insuficiente y quien da el salto suele estar en tener un plan: saber cuánto, con qué intensidad y cómo progresar sin lesionarse. Ahí el papel de un profesional bien formado es decisivo”, apunta Usach.

En México, las competencias laborales en este ámbito se certifican a través del Sistema Nacional de Competencias que coordina el CONOCER, con estándares como el EC0474, de acondicionamiento físico de jóvenes y adultos para el mantenimiento de la salud. La formación especializada complementa esa certificación y actualiza conocimientos, pero no la sustituye. Para quien busca un entrenador, conviene preguntar por ambas cosas: qué ha estudiado y qué competencias tiene acreditadas.

Cómo sumar movimiento de forma sostenible

Los datos del INEGI sugieren que el reto no es solo convencer a quien no se mueve, sino ayudar a quien ya lo hace a dar el siguiente paso. Para la mayoría de las personas, eso pasa por medidas sencillas:

  • Fijar días concretos de actividad en lugar de esperar a tener tiempo libre.
  • Incluir al menos dos sesiones semanales de ejercicios de fuerza, con o sin material.
  • Elegir actividades que realmente gusten, porque son las que se mantienen.
  • Aumentar la duración o la intensidad de forma gradual.

Quien tenga una enfermedad crónica, lleve tiempo sin hacer ejercicio o tenga dudas sobre su estado de salud debe consultar antes con su médico. A partir de ahí, la diferencia entre moverse y moverse lo suficiente suele estar en organizarse mejor más que en hacer mucho más.

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