
Una pareja compra una casa e intentan tener un hijo, pero no pueden a pesar de varios tratamientos de fertilidad, entonces el esposo sugiere dejar la casa y, mientras un posible inquilino la visita, la esposa decide ir al cine y se refugia ahí porque el cine es ese otro mundo donde nos vemos reflejados o donde podemos escapar. Ése es el argumento del libro de cuentos “Todo lo que aprendimos de las películas”, de María José Navia (Chile, 1982).
“Tenemos una relación con las películas, a veces nos vemos reflejados en cosas y nos encontramos, nos interpelan y a veces es el escape porque si están pasando cosas malas o dolores en nuestras vidas podemos ir a ver una película que nos arrope”, indica en entrevista la autora.
Para Navia el cine es una especie de lentes que usamos, que nos ayudan a mirar, que nos enseñan a enfrentarnos a la vida y nos dan expectativas.
“Es como nuestra educación sentimental, es un vistazo al futuro porque antes de que diera mi primer beso yo vi muchas películas en donde había primeros, segundos o terceros besos; o antes de que estuviera a un funeral por primera vez ya sabía cómo eran. Me gusta pensar que uno imagina cosas propias, pero uno está también muy influenciado por el cine”, indica.
La presencia del cine en el libro editado por Páginas de Espuma es cotidiana, añade Navia. “No es que un personaje sea un crítico de cine o sea una directora, simplemente aparecen las películas que nos rodean y que nos ayudan a explicar el mundo”.
Otro elemento que la autora retoma del séptimo arte es la experiencia de comunidad, ya que en varias historias como en el cuento “Mal de ojo”, una joven crea vínculos con un niño que acude al mismo consultorio que ella, y de esa manera logra sobrellevar su dolor.
“Me gustaba pensar en distintas personas viendo una película, rodeadas de gente que no conoces y todos están en ese extrañísimo lugar oscuro viendo una pantalla luminosa, dejándose seducir y traumatizar por una historia. Entonces, de repente la persona a lado tuyo, que no sabes cómo se llama, está llorando desconsolada o se está riendo o tiene miedo y se tapa los ojos. Me interesaban esos vínculos y esa experiencia de comunidad con otros que no conocemos”, detalla.
A esas interacciones fortuitas la autora las nombra: los vínculos del casi, es decir, aquellas que no son estrictamente una relación de pareja, de padre e hijo o madre e hija.
“En ese primer relato, ‘Mal de ojo’, la mujer encuentra una compañía y no es que quiera ser la madrastra del niño, pero esa compañía la sana, la ayuda, son importantes para ella, es un vínculo que no dura. Estamos acostumbrados a pensar que las cosas que valen la pena son las que duran para siempre, pero hay algo en esos vínculos afectivos transitorios, hay una belleza en lo temporal y hay un impacto en la vida de todos”, indica.
IMPOSIBILIDAD DE LA BIOGRAFÍA
Leer los diez cuentos que conforman “Todo lo que aprendimos de las películas” es un ejercicio similar al de acudir con el optometrista: te van cambiando de lentes porque con algunos se mira borroso y con otros se observa nítido.
“Quería que ese libro fuera eso, por ejemplo, el cuento ‘Fan’ aparece la escritora Constance quien tiene una hija y está narrando la vida de la madre, pero lo hace con unos ojos muy envenenados. Quería que el lector se hiciera una opinión con esa narrativa porque más adelante en el cuento “Escenas borradas” se narra el embarazo de Constance, un embarazo muy difícil, ella tenía que hacer reposo, no se podía mover, entonces una amiga la acompaña y cuida, ¿entonces ahora cómo vemos a Constance?”, señala la autora.
Navia indica que las personas y, por tanto, los personajes tienen muchas capas sobre las cuales generamos juicios a partir de la información que tenemos pero si esa información va cambiando, la percepción también cambia.
“También quería reírme de las biografías. Una de mis influencias clásicas es Virginia Woolf quien se reía mucho de las biografías, su papá era un biógrafo muy importante en Inglaterra y ella se burlaba porque decía que era imposible escribir una biografía porque quien la escribe no te conoce. Podría decir: escribiré una biografía de Napoleón, puedo investigarlo un motón, pero no lo conocí y tengo que inventar, sin embargo, si hay una novela y una biografía de Napoleón la gente comprará la biografía porque siente que ahí hay más verdad pero ¿por qué? Eso es lo que cuestionaba Virginia”, explica.
Además, agrega Navia, las personas cambian todos los días “¿Cómo alguien va registrar todos esos cambios? Woolf escribió 'Orlando', una biografía imposible, alguien que vive 300 años y que en el segundo capítulo pasa de hombre a mujer, es una manera de reírse de lo imposible de escribir una biografía. Después publicó ‘Flush’, la biografía de un perro y ahí se preguntó ¿por qué la biografía tiene que ser de un hombre o mujer importante?”.
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