
Durante años, para abrir una cuenta bancaria había que acudir a una sucursal, presentar documentos, firmar papeles y esperar a que el trámite finalice. Con las cuentas digitales, el proceso cambió bastante. El alta puede resolverse desde un celular, pero eso no significa que todo lo que ocurre después sea igual de sencillo.
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Aunque es posible manejar una cuenta completamente desde una aplicación, no todo el dinero que recibe una persona nace de una transferencia: en México, el efectivo todavía forma parte de muchas compras, pagos y cobros.
De la ventanilla a la pantalla
La apertura de una cuenta Mercado Pago estuvo durante mucho tiempo ligada a un lugar físico. El cliente tenía que trasladarse a una sucursal, identificarse, entregar documentación y completar el proceso frente a un empleado. La cuenta comenzaba, literalmente, detrás de una ventanilla.
Hoy, basta con tener un celular. La identidad puede verificarse a distancia y los datos necesarios para dar de alta la cuenta se capturan directamente en la aplicación. La lógica sigue siendo la misma —identificar al titular y crear una cuenta a su nombre—, pero cambia el lugar donde sucede.
Por eso, abrir una cuenta digital ya no implica acudir a una sucursal. El usuario completa el proceso desde el celular y, una vez habilitada la cuenta, puede comenzar a operar desde la misma aplicación.
¿Qué hay dentro de una cuenta digital?
Una vez abierta una cuenta digital, detrás de la pantalla existe una cuenta con un saldo asociado y datos bancarios que permiten recibir y enviar dinero.
Uno de esos datos es la CLABE, que identifica la cuenta para realizar transferencias. A través del sistema SPEI, por ejemplo, es posible enviar dinero desde una cuenta a otra sin tener que acudir físicamente a una sucursal. También puede existir una tarjeta asociada para utilizar el saldo en establecimientos o retirar efectivo.
El saldo es el punto de referencia para las operaciones cotidianas: ahí se refleja el dinero disponible y desde ahí se realizan pagos o transferencias. La CLABE, en cambio, funciona como el identificador de la cuenta cuando otra persona necesita enviarle dinero.
La infraestructura financiera sigue estando detrás, pero la principal diferencia de la cuenta digital frente a la banca tradicional está en que el acceso a buena parte de sus funciones ocurre desde el celular y no desde un espacio físico.
En ambos casos existe una cuenta, un titular, un saldo y operaciones para mover el dinero; lo que cambia en cuenta digital vs banca tradicional es la forma en que se accede y se gestionan muchas de esas operaciones.
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El día a día pone a prueba el modelo
La utilidad de una cuenta se entiende mejor cuando empieza a utilizarse para cosas concretas. Con una cuenta digital, es posible recibir un pago, transferir dinero a otra cuenta, pagar un servicio o utilizar una tarjeta vinculada al saldo sin necesidad de desplazarse.
También se puede consultar movimientos y saber qué dinero entró o salió. Para quien acostumbra manejar sus gastos desde el celular, esa información queda concentrada en un mismo lugar y puede revisarse después de cada operación.
El problema aparece cuando el dinero que se quiere utilizar todavía está en billetes. Ahí la experiencia deja de ser completamente digital. Si una persona recibe efectivo y quiere incorporarlo al saldo de su cuenta, tiene que encontrar un punto físico que permita realizar esa operación.
El recorrido puede ser tan simple como recibir una transferencia, conservar ese saldo en la cuenta y utilizarlo después para pagar un servicio o hacer una compra. Si el dinero sale de la cuenta, la operación queda registrada y el saldo se actualiza de acuerdo con el movimiento realizado.
El efectivo sigue entrando por la puerta de atrás
Este es uno de los puntos menos visibles cuando se habla de cuentas digitales. El hecho de que una cuenta no tenga sucursales no elimina la circulación de efectivo; simplemente obliga a crear un puente entre ambos mundos.
El circuito muchas veces comienza con billetes en manos del usuario y termina con ese dinero reflejado en el saldo de una cuenta. Para esto, las plataformas se apoyan en establecimientos físicos, corresponsales u otros puntos habilitados para recibir dinero.
Para depositar efectivo en la cuenta hay que hacer una entrega física del dinero en un punto habilitado; una vez registrada la operación en la cuenta es posible utilizar ese saldo mediante las herramientas digitales disponibles.
La tecnología simplificó la administración del dinero, pero no hizo desaparecer la infraestructura necesaria para mover efectivo o cómo depositar efectivo en mercado pago.
Dos formas de dinero que todavía conviven
Visto en perspectiva, la evolución de las cuentas no ha sido un reemplazo directo de la ventanilla por una pantalla. Primero se digitalizó la apertura; después, cada vez más operaciones pasaron a gestionarse desde el celular. El efectivo, sin embargo, siguió circulando por fuera de ese sistema y obligó a construir conexiones entre el mundo físico y el digital.
Hoy, es posible resolver buena parte de las operaciones cotidianas desde una aplicación, pero su funcionamiento también depende de cómo entra y sale el dinero del sistema. Transferencias, tarjetas y pagos conviven con billetes que todavía necesitan puntos físicos para incorporarse al saldo o volver a convertirse en efectivo, cuyo uso va a la baja en México.
