06 nov 2026 - 08:51 PMLogo La Crónica
Destino C

Un viaje inolvidable: la ruta de Turitour que conecta Chignahuapan y Zacatlán

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​A través de un recorrido de 13 horas operado por Turitour y Rehiletes desde la Ciudad de México, dos Pueblos Mágicos de la sierra poblana revelan su vocación artesanal, su gastronomía tradicional y el impulso cultural que hoy marca el ritmo turístico de la región.

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​Desde el vidrio soplado y los tapetes que despiden el Día de Muertos en Chignahuapan, hasta los murales en mosaico y las catas de sidra en Zacatlán, la ruta ofrece una inmersión directa en la identidad serrana.

​La salida temprana desde la Ciudad de México funciona como un respiro inmediato frente al ritmo habitual de la capital. A bordo del autobús de Turitour, en alianza con la operadora Rehiletes, el paisaje urbano va cediendo terreno poco a poco hasta transformarse en curvas rodeadas de pinos, tierra húmeda y una temperatura que obliga a cerrar la chamarra. El destino de esta jornada de aproximadamente 13 horas apunta hacia la Sierra Norte de Puebla, específicamente a dos de sus Pueblos Mágicos más representativos: Chignahuapan y Zacatlán.

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A diferencia de los viajes donde el visitante apenas alcanza a tomar una fotografía rápida, esta ruta está planteada para caminar, probar y observar el pulso cotidiano de ambas localidades. La primera parada nos recibe en la Laguna de Chignahuapan (conocida también como Laguna de Almoloya), un espejo de agua rodeado de vegetación y construcciones rústicas donde el silencio de la mañana apenas se interrumpe por el movimiento del agua y las historias locales en torno al ajolote, especie emblemática que habita este ecosistema. El aire frío y limpio del lugar marca el inicio de la caminata.

​Al avanzar hacia el primer cuadro del municipio por la Calzada de las Almas, el entorno cambia de tonalidad y de aroma. En el suelo todavía permanecen visibles los tapetes elaborados con aserrín teñido y flores de cempasúchil que recuerdan el reciente paso del Día de Muertos, una estampa que convive de frente con el ambiente decembrino que ya domina los escaparates. Es una escena poco común: mientras una tradición termina de despedirse en las banquetas, los talleres y comercios exhiben miles de esferas de vidrio soplado que reflejan la luz del día y confirman por qué este rincón poblano es referente nacional en la producción navideña.

​En la plaza principal, la arquitectura y la vida comunitaria se concentran alrededor del quiosco mudéjar, una estructura construida íntegramente en madera de pino con detalles de inspiración morisca que destaca por su trabajo artesanal. A unos pasos, un monumental árbol de Navidad se levanta como punto de reunión para locales y turistas, rodeado de panaderías tradicionales cuyo olor a horno de leña se mezcla con el movimiento constante de quienes entran y salen de los locales buscando artesanías o antojitos.

​La caminata por el centro incluye también una visita a la Basílica de la Inmaculada Concepción. Al cruzar sus puertas, la atención se dirige de inmediato hacia la monumental escultura de la Virgen María tallada en madera de cedro, considerada una de las tallas religiosas bajo techo más grandes de Latinoamérica. Quienes ingresan al recinto suelen guardar unos minutos de silencio frente a la figura antes de retomar el paso hacia la siguiente etapa del itinerario.

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​Impulso turístico y el salto hacia las alturas de Zacatlán

​El dinamismo que se percibe en los corredores artesanales, la conservación de sus espacios públicos y la promoción de estas rutas responden también a una estrategia más amplia en la entidad. Gracias al respaldo y los trabajos impulsados por el gobierno estatal de Puebla, encabezado por Alejandro Armenta, se han fortalecido las acciones para fomentar la cultura, preservar el patrimonio de los Pueblos Mágicos y detonar el crecimiento económico y turístico en las distintas regiones del estado, permitiendo que experiencias organizadas conecten de manera directa a los viajeros con las comunidades locales.

​Con esa idea en mente, el autobús retoma la carretera para internarse en Zacatlán de las Manzanas. Aquí la geografía cambia de escala: el pueblo parece asomarse al borde de la montaña. La bienvenida ocurre en el mirador de la Barranca de los Jilgueros, donde una plataforma con piso de cristal permite observar la profundidad del precipicio verde mientras capas de neblina suben lentamente entre los cerros, cubriendo y descubriendo el paisaje en cuestión de minutos.

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​Tras el recorrido visual por la barranca, la experiencia se traslada al paladar. El itinerario contempla una parada en un establecimiento tradicional donde los asistentes participan en una cata guiada de productos regionales. Sobre la mesa desfilan vinos de frutas, licores artesanales y salsas caseras —entre ellas distintas preparaciones de salsa macha—, pero el protagonismo se lo llevan las sidras elaboradas con manzana, pera e incluso cereza, bebidas que forman parte de la identidad productiva de la zona.

​El trayecto continúa a pie por los callejones y andadores del Paseo de la Barranca, junto al panteón municipal, donde los muros se transforman en un corredor artístico al aire libre. Ahí, extensos murales en mosaico compuestos por miles de fragmentos de vidrio, azulejo y botellas de colores recicladas dan forma a figuras de aves, mariposas, rostros de mujeres indígenas, escenas históricas y las características manzanas del municipio. Cada metro obliga a detenerse para observar el relieve y la paciencia detrás de cada pieza colocada en la pared.

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​Al salir de esos pasillos llenos de textura y color, la ruta desemboca en el corazón del centro histórico. Frente al Palacio Municipal y el Exconvento Franciscano, el emblemático Reloj Floral de dos carátulas recibe a los visitantes, recordando la historia de Zacatlán como cuna de la relojería monumental en México. Alrededor de la plaza, entre fachadas blancas, portales y techos de teja roja, el aroma del café recién molido y el pan relleno de queso acompañan el cierre de la tarde.

​Cuando cae el fresco de la montaña y llega el momento de abordar nuevamente la unidad rumbo a la capital del país, queda la sensación de haber recorrido dos pueblos que mantienen intacto su carácter. Entre el brillo de las esferas de Chignahuapan, la niebla de la barranca y el sonido de los relojes de Zacatlán, la ruta deja abierta la invitación para volver con calma a descubrir lo que todavía guarda la sierra poblana.

​Datos de viaje:

​Salidas programadas: Sábados 14, 21 y 28 de noviembre, así como el 5 de diciembre, partiendo desde la Ciudad de México.

​Modalidad y tarifa: El recorrido tiene una duración aproximada de 13 horas con un costo de $1,699 pesos por persona bajo el esquema Todo Incluido, operado en conjunto por Turitour y Rehiletes.