
La capital argentina, donde floreció el tango de la voz de Gardel y se modernizó con ritmos electrónicos, erigió ayer el primer monumento a su baile tradicional.
Se trata de un bandoneón de acero inoxidable de dos toneladas de peso y cinco metros de altura, que se retuerce en el aire con un diseño abstracto de los artistas Alejandro Coria y Estela Trebino, que ganaron el concurso pese a las reticencias de los tangueros más tradicionales. “Queríamos que el monumento fuera algo moderno que mostrase la evolución del tango y no un estancamiento”, afirmó Reale. Una de las asistentes a la inauguración destacó que lo que más le atrajo del monumento fue que “escapa de lo tradicional y no representa a la típica parejita que baila tango”. (EFE en Buenos Aires)
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