Cronomicón

Reseña

Un Caballero en Moscú

Hace tiempo leí en algún lugar que Arturo Pérez-Reverte recomendó públicamente la novela Un caballero en Moscú de Amor Towles, calificándola como “la mejor novela contemporánea que he leído en mucho tiempo”. También decía que la serie grabada en 2023 por Paramount, basada en el libro, no le hacía justicia.

Portada (Toma de pantalla)

Esa fue la razón por la que busqué el libro. Es una obra robusta, de 509 páginas, pero muy agradable de leer. Con esta obra, el autor saltó al nivel “top” de los escritores contemporáneos, con ventas por arriba de los 2 millones de copias.

El conde Aleksandr Ilich Rostov es condenado a muerte por los bolcheviques en 1922, pero antes de ejecutar la sentencia un comité revolucionario decide cambiar la pena. Gracias a un poema subversivo que Rostov había publicado diez años antes, ganando la simpatía de los nuevos gobernantes de Rusia, la condena se transforma en arresto de por vida dentro del Hotel Metropol de Moscú. Advertido de que poner un pie fuera del hotel sería causal de ejecución.

El conde es un aristócrata encantador, “erudito, refinado y caballeroso”, así lo define la contraportada del libro. En verdad es un personaje formidable, educado con los mayores refinamientos de la época. Uno termina por aprender mucho de él, que más allá de deprimirse por la condena decide enfrentarla con la mejor cara posible. Fue educado bajo la consigna de: “hay que dominar tus circunstancias, porque si no ellas te dominarán a ti”.

El libro nos lleva durante 30 años de su arresto. El Hotel Metropol en efecto existe y llegó a ser el más prestigioso de Moscú. Se encuentra a unos pasos del Teatro Bolshói, donde en las premieres más lujosas el conde tenía asiento asegurado. Como en todo evento solía llegar unos minutos tarde, algunos decían que lo hacía intencionalmente para no pasar desapercibido. Más allá del hotel se encuentra la Plaza Roja.

Como no quiero arruinarles el libro, que realmente es muy agradable de leer, hablaré de cómo el conde aprende a adaptarse a las circunstancias. Durante algunos años ocupa la suite que su “linaje” merece, pero como ahora Rusia está gobernada por vientos de cambio donde ya no existen títulos, al poco tiempo se le acomoda en una pequeña habitación en los pisos superiores. Algunos de sus objetos se quedan en la suite como parte del hotel y del pueblo ruso, como un maravilloso reloj de pared del que el conde nos cuenta que solo existen dos copias, fabricadas por encargo de su padre, con curiosas campanillas que tocan a ciertas horas que él consideraba esenciales en la vida diaria.

Durante el encierro, Rostov conoce a Nina Kulikova, una niña curiosa e incisiva en sus comentarios, que lo acompaña a explorar los rincones del hotel. Años después, Nina regresa como adulta y le deja a su hija Sofía al cuidado. Sofía crecerá bajo la tutela del conde y se convertirá en un personaje clave de la historia, transformando su vida y completando su proceso de maduración.

En el transcurso de la novela también aparece la bellísima actriz Anna Urbanova, de la cual Rostov se enamora, y un poco todos nos enamoramos de ella también. Con el tiempo, Anna pasa de ser la diva del cine ruso a una actriz de papeles más adultos, aprendiendo a lidiar con su nueva realidad. Como suele suceder con las personas que vale la pena leer, ella aprende a mostrar su versión más dulce con los años.

El trío femenino que marca la vida de Rostov durante su arresto —Nina, Anna y Sofía— le da profundidad y humanidad a la historia.

Vale la pena leer la obra y disfrutar de todo lo que Towles nos enseña, ya que nos da un paseo histórico por esos años, mostrando erudición en varios temas. Es un libro que, no en balde, ha vendido más de 2 millones de copias.

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