Del completamente desquiciado director Gore Verbinski (el visionario detrás de The Ring y la trilogía original de Pirates of the Caribbean), llega a la pantalla grande una historia tan delirante y transgresora como inquietantemente actual sobre la inteligencia artificial, la esclavizante dependencia tecnológica y la urgente necesidad de conexión humana. En una trama irreverente, satírica y con bastante humor negro, se da el lujo de tocar temas actuales incómodos y logra alejarse de ellos antes de incomodar demasiado al cinéfilo.

El trabajo de Verbinski es reconocido por su versatilidad para moverse entre géneros y tonos, consolidando una película que dialoga con referentes contemporáneos de la comedia y la ciencia ficción, pero con una identidad propia y reconocible.
La trama suena similar a la de The Terminator, un viajero del futuro que viene al presente a cambiar la historia y salvar a la humanidad de una inteligencia artificial maligna; solo que aquí el villano no está representado por un robot musculoso (tipo sicario solitario), sino por algo más poderoso. Hay un detalle que nunca abordó la película de James Cameron, del cual platicaremos más adelante.

Un hombre con apariencia de un sucio indigente demente llega a un restaurante llamado Norms, en Los Ángeles, a las 10:10 p. m., anunciando que ha viajado desde el futuro para salvar el mundo y que necesita voluntarios. Este primer encuentro nos muestra un entorno extraño que nos da la pauta sobre lo decadentemente moderno que es el futuro. Él cree que una combinación específica de clientes le ayudará a tener éxito, pero, como desconoce cuál es la correcta, recurre a probar uno por uno. Este es su intento número 117. Su conocimiento de los clientes convence a algunos de que dice la verdad.

El hombre obliga a Scott, Bob, Marie y a la pareja formada por Mark y Janet a unirse a él. Susan e Ingrid se ofrecen voluntarias; el hombre inicialmente rechaza a Ingrid, pero luego cambia de opinión. La policía rodea el restaurante y un integrante del grupo no logra sobrevivir, mientras que el resto escapa cuando Susan los dirige a un túnel.
A partir de ese momento se abren varias subtramas que nos cuentan la historia de cada integrante de este singular equipo y por qué están ahí.

En flashbacks se revelan algunas de las historias del grupo. Mark y Janet son profesores cuyos alumnos están obsesionados con sus teléfonos. Cuando Mark toca el teléfono de uno de sus alumnos, todos lo siguen amenazadoramente, cual si fueran zombis hambrientos. Mark y Janet toman un par de “inhibidores” caseros hechos por un colega para desactivar temporalmente los teléfonos móviles y escapan.

Después de que el hijo de Susan, Darren, fuera asesinado, ella paga por un clon de él, pero se angustia por el comportamiento antinatural del clon. A Susan le presentan otro servicio: un robot muerto con IA que se parece más a Darren, y este le dice que siga al hombre en el restaurante. Ingrid, una chica con alergia a los dispositivos electrónicos y al Wi-Fi, pierde a su pareja Tim en una realidad virtual que él afirmaba que era mejor que el mundo real.

En el futuro del que proviene, la mayoría de la gente se pierde en la realidad virtual (¿les suena conocido?), mientras que los recursos naturales se agotan, provocando muertes masivas. Fue criado por su madre en un mundo postapocalíptico sin sol. Ella murió a causa de un dron que encontró su búnker después de que él activara un casco de realidad virtual. Revela su objetivo: encontrar a un niño de nueve años, creador de la IA que desencadenará una singularidad tecnológica. Antes de que la IA entre en funcionamiento, planea instalar un protocolo de seguridad en una unidad USB para garantizar que la IA actúe de forma segura.

Lo que hace diferente a la historia central con respecto a la de The Terminator es el punto de vista de la misma, que pudiera sonar contradictorio sobre nuestra dependencia tecnológica y el perverso lucro corporativo detrás de ella, y que apunta —si no a una rebelión en su contra— por lo menos a una visión más optimista de su regulación: que la IA exista, pero con protocolos de seguridad. No su erradicación, sino la coexistencia. Cosa que, a nivel de guion, tampoco suena promisoria a la luz de los horrores presenciados por el resto de los personajes en el presente.

Hay momentos en que todo es un caos, como cuando el grupo se refugia en una casa contigua a su objetivo y un hombre advierte que “algo” los atacará, pero nunca es la misma amenaza. De pronto, cientos de adolescentes hablando por teléfono —como zombis armados con su poderoso celular— rodean la casa y entran.
En todo momento hay mucho sucediendo visual y narrativamente: tiene mucha acción y una agilidad escénica que, de pronto, pudiera confundirnos. En resumen, es una película muy original y se suma a esta nueva forma de reinventar géneros.

Recomendable para los fans del suspenso, la ciencia ficción y las historias poco comunes. ¡Nos vemos en el cine!
DATO
Los invito a checar mi Facebook: CINÉFILO HD y COMICTLÁN TV, donde platico sobre cine de superhéroes y de culto, además de tener promociones con obsequios.