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La falta de materia orgánica y la pérdida de vegetación están debilitando la estructura del suelo en el Bosque del Centinela, uno de los principales pulmones de Zapopan

Erosión amenaza la salud del suelo en el Bosque del Centinela

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La erosión avanza en el Bosque del Centinela, donde investigadores del CUCSH alertan que la falta de materia orgánica y vegetación está debilitando sus suelos y exige medidas urgentes de conservación.

Un bosque en riesgo

Durante el estiaje, el Bosque del Centinela deja al descubierto la fragilidad de sus suelos: la escasez de materia orgánica acumulada, la pérdida de cobertura vegetal y la aparición de cárcavas que, año con año, desnudan el terreno hasta las rocas del subsuelo.

Frente a esta problemática, un equipo del Departamento de Geografía y Ordenación Territorial del CUCSH de la UdeG realizó un estudio pionero para documentar las características del suelo y determinar en qué etapa se encuentra el proceso erosivo.

El estudio

La investigación, liderada por Martín Vargas Inclán y publicada en la revista Estudios de la ciénega, analizó la influencia de la materia orgánica y las arcillas en la estabilidad estructural del suelo. El trabajo incluyó muestras en distintas zonas del bosque, comparando áreas con vegetación densa y espacios degradados.

Los resultados muestran que las zonas sin vegetación presentan texturas arenosas, baja materia orgánica y escasa agregación, mientras que las áreas con cobertura vegetal moderada exhiben mayor estabilidad y resistencia al arrastre del agua.

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Hallazgos clave

-Vegetación como factor protector: la presencia de árboles nativos y pastizales favorece la agregación y estabilidad del suelo.

-Zonas críticas: en áreas erosionadas, la lluvia ha arrastrado materiales hasta dejar expuestas las rocas, especialmente en depresiones como “La Laguna”.

-Fragilidad natural: los suelos arenosos, sin materia orgánica, son más vulnerables a la escorrentía superficial.

Recomendaciones

-Los investigadores sugieren medidas de conservación como:

-Reforestación estratégica con especies locales (mezquite, por ejemplo), evitando árboles exóticos que desplazan flora nativa.

-Manejo sostenible de senderos con materiales permeables que permitan la infiltración del agua.

-Implementación de senderos ecoturísticos con piedra filtrante para retener agua y recargar acuíferos.

-Educación ambiental y conciencia ciudadana para proteger el ecosistema.

Un modelo replicable

Guadalupe Quezada Chico, coautor del estudio, destacó que la metodología es sencilla y puede aplicarse en otros parques urbanos para prevenir la erosión. Aunque falta cuantificar el estado de otras áreas del bosque, los hallazgos ofrecen evidencia suficiente de que, sin acciones preventivas, la actividad humana y la lluvia seguirán degradando el suelo.

Para los especialistas, el Bosque del Centinela es un laboratorio vivo que refleja la urgencia de atender la erosión en espacios naturales urbanos. La universidad, señalaron, debe seguir aportando estudios aplicados que permitan conservar y rehabilitar áreas degradadas, en coordinación con ayuntamientos y autoridades estatales y federales. (Con información de la UdeG)

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