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Una raya más al tigre: mujeres en la ciencia

El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, propuesto por la UNESCO y ONU-Mujeres para fomentar y reconocer su participación en las carreras de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés).

De acuerdo con la UNESCO, la brecha de participación de las mujeres en estas disciplinas persiste, pues apenas 22 por ciento de los trabajos en estas carreras son ocupados por mujeres y solamente una de cada 10 tienen un puesto de liderazgo, aunque un 35 por ciento de quienes se gradúan en estas disciplinas son mujeres. Esta situación tiene un doble impacto negativo. Por un lado, las mujeres son excluidas de los puestos mejor pagados. Por otro, se ha demostrado que la presencia femenina abona a soluciones creativas a problemas tradicionales, investigación más inclusiva, mayor incidencia social y perspectivas más centradas en lo humano.

Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia

En las áreas médica y farmacológica, por ejemplo, esto ha implicado un sesgo que ha considerado al cuerpo masculino como estándar, excluyendo a las mujeres de las pruebas clínicas; ignorando las diferencias del ciclo hormonal femenino, la distribución de músculo y grasa y otras particularidades que han sido desastrosas para la salud de las mujeres tanto en diagnóstico como en tratamiento. Por ello, es vital que su presencia sea cada vez mayor.

Aunque se ha apreciado un aumento considerable de mujeres graduadas en áreas relativas a la medicina, biología y ciencias ambientales, en ingenierías, matemáticas, física y otras tecnologías, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en Latinoamérica solo 16 por ciento de profesionales en astronomía y física son mujeres, y solamente entre 5 y 16 por ciento de las niñas y jóvenes aspira a una carrera en ciencias.

Las razones de la baja representación de las mujeres en las carreras STEM son variadas, y entre ellas encontramos una falta de incentivos desde la niñez; ha sido bien estudiado que a las niñas se les impulsa a jugar y formarse en situaciones asociadas con roles de género estereotípicos como los que tienen relación con los cuidados o los servicios.

En la educación secundaria y en el bachillerato es cuando se asienta el sesgo, pues la falta de impulso y de refuerzo al interés de las niñas por estas áreas comienza a relacionarse con un supuesto peor desempeño, que se interpreta como menor capacidad, lo cual se ha demostrado que es falso. A la hora de elegir una carrera, las jóvenes optan por formaciones en las se sienten más capaces, pero también en las que se sienten menos subrepresentadas, pues saben que en las carreras STEM serán minoría y esto representa retos extra.

En la vida profesional, los trabajos inflexibles que no toman en cuenta la conciliación con la vida familiar también son un impedimento, lo que es muy común en las industrias STEM, así como la dificultad de escalar posiciones por discriminación.

Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia

De hecho, la falta de reconocimiento a las mujeres en el campo de las ciencias incluso tiene un nombre: el efecto Matilda, que explica la manera en la que descubrimientos y creaciones de científicas son atribuidos a sus contrapartes masculinas. Entre los casos más lamentables, están los de por lo menos ocho mujeres a quienes se les negó el Nobel para otorgarlo a sus compañeros, supervisores o incluso maridos, como Jocelyn Bell Burnell, quien descubrió los púlsares; Rosalind Franklin, quien observó por primera vez la hélice del ADN, o Lise Meitner, quien descubrió la fisión nuclear, por mencionar algunas.

Reconocer y proponer políticas públicas para corregir esas desigualdades no solo mejorará las perspectivas salariales y profesionales de las mujeres, sino que ayudará a garantizar una ciencia más justa, rigurosa y socialmente relevante.

Mariana Espeleta Olivera y María de la Concepción Sánchez Domínguez-Guilarte

*Por Concepción Sánchez Domínguez-Guilarte y Mariana Espeleta Olivera, académicas del Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia del ITESO

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