La ciencia, ese pilar de confianza sobre el cual construimos vacunas, puentes y políticas públicas, enfrenta hoy a un enemigo invisible pero letal. No se trata de la falta de presupuesto ni de la ignorancia, sino de una industria organizada que fabrica conocimiento falso a escala industrial: los llamados papermills o “fábricas de artículos”.
Imagina que un médico en Guadalajara receta un tratamiento basándose en un estudio de una revista internacional de prestigio. El artículo tiene gráficas impecables, tablas de datos coherentes y la firma de tres doctores destacados. Sin embargo, ese estudio nunca existió.
Los experimentos jamás se realizaron, los pacientes fueron inventados por un algoritmo y las imágenes de las células fueron robadas de otro estudio y retocadas con software de edición. El médico confía en la ciencia, pero lo que tiene en sus manos es el producto de una “fábrica” que vendió esa autoría por unos cuantos miles de dólares a investigadores desesperados por inflar su currículum.

Un sistema bajo asedio: “Publicar o morir”
El fenómeno de los papermills no es una anomalía aislada; es un síntoma de un sistema académico que ha priorizado la cantidad sobre la calidad. Bajo la máxima de “publish or perish” (publicar o morir), investigadores de todo el mundo se ven presionados por sus instituciones para producir artículos constantes a cambio de plazas, estímulos económicos o prestigio.
Según informes conjuntos del Committee on Publication Ethics (COPE) y la International Association of Scientific, Technical and Medical Publishers (STM), se estima que hasta un 2% o 10% de los artículos enviados a revisión podrían ser fraudulentos. En un mundo donde se publican millones de estudios al año, estamos hablando de un océano de desinformación científica que contamina las bases de datos globales.
El mapa global del fraude
Un análisis reciente de la revista Nature ha revelado que este fenómeno no es solo una sospecha, sino una crisis cuantificable. Los datos muestran una “marea” de retracciones (artículos retirados por falta de integridad) que ha crecido de forma acelerada en la última década.
Tan solo en 2023, se retiraron más de 10,000 artículos, una cifra récord impulsada principalmente por el fraude detectado en revistas de la editorial Hindawi.
La investigación de Nature pone nombres y apellidos a los focos de infección:
● China a la cabeza: el país concentra aproximadamente el 60% de las retracciones totales a nivel mundial.
● El “campeón” del fraude: el Hospital Jining First People’s en China encabeza la lista global; más del 5% de sus artículos publicados entre 2014 y 2024 fueron retractados, una tasa 50 veces mayor que el promedio mundial.
● Focos de alerta: instituciones en India, Pakistán, Etiopía y Arabia Saudita también muestran tasas de fraude desproporcionadas en comparación con países como Estados Unidos o el Reino Unido, donde la tasa de retracción es de apenas un 0.04%.

El “Modus Operandi”: De la IA al soborno
Estas organizaciones operan como empresas de servicios lingüísticos y estadísticos legítimos, pero en la sombra. Sus tácticas más comunes incluyen:
● Manipulación de imágenes: utilizan inteligencia artificial para alterar fotos de microscopía o gráficas de barras, haciendo que una misma muestra parezca pertenecer a diez experimentos distintos.
● Revisión por pares falsa: los papermills a menudo sugieren “revisores externos” a las revistas. Estas identidades suelen ser cuentas de correo creadas por la propia fábrica para aprobar sus propios artículos sin un filtro real.
● Venta de autoría: una vez que un artículo es aceptado, la fábrica subasta los espacios de autoría en grupos cerrados de redes sociales. Un “primer autor” puede llegar a pagar más de 3,000 dólares por aparecer en una revista de alto impacto.
● Compra de revistas completas: en los casos más extremos y descarados, los papermills logran que uno de sus cómplices sea nombrado “Editor Invitado” de un número especial de la revista. Al ser el “jefe” de ese número, él decide quién entra y quién no, permitiendo que docenas de personas que pagaron su cuota aparezcan como científicos legítimos sin que nadie los cuestione.
El costo del fraude: El caso Wiley-Hindawi
El daño no es solo teórico. Recientemente, la editorial Wiley y su filial Hindawi protagonizaron uno de los mayores escándalos de la década al tener que retractar más de 8,000 artículos vinculados a redes de manipulación. El golpe financiero fue de aproximadamente 35 millones de dólares en ingresos perdidos, pero el daño reputacional a la ciencia es incalculable.
“La integridad científica es el cimiento de la sociedad moderna. Si los datos son falsos, el progreso es una ilusión”, señalan expertos que monitorean plataformas como PubPeer, donde “detectives de la ciencia” voluntarios denuncian estas anomalías diariamente.
El reto para Jalisco
En una entidad como Jalisco, que se ostenta como el “Silicon Valley de México” y donde las universidades y otros centros de investigación son motores de desarrollo, la vigilancia debe ser extrema.
La ciencia no es un lujo burocrático; es la garantía de que el progreso que buscamos sea real y no un simple espejismo impreso en papel falso.
La lucha contra las fábricas de artículos es, en última instancia, una lucha por la verdad.
*Mtro. Humberto Martínez – Bibliotecario Investigador de la Universidad Panamericana (UP)