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La Tercera Sección del Bosque de Chapultepec, donde nueve jóvenes se extraviaron recientemente, es una de las zonas más extensas y agrestes de la Ciudad de México.

Los misterios sin resolver de Chapultepec: ¿por qué es tan fácil perderse en este bosque?

Enigmas en Chapultepec El principal pulmón urbano de la CDMX guarda secretos y misterios sin resolver. (Especial y Cuartoscuro)

La noticia, de entrada, parecía insólita: en plena era posdigital, con teléfonos con GPS incluido, nueve jóvenes tuvieron que ser rescatados este fin de semana tras extraviarse en la Tercera Sección del Bosque de Chapultepec... lo cual desató burlas en redes sociales. ¿Cómo alguien puede perderse en esa parte de la Ciudad de México?

Sin embargo, lejos de aquellas mofas, en efecto es una zona peligrosa y no necesariamente por culpa del hampa y el crimen organizado. Si acaso, esta situación mostró las dificultades para orientarse en una de las zonas más extensas y agrestes de este pulmón de la capital del país, en la cual, allende los juegos mecánicos y espacios para picnics, las barrancas, las cañadas y la densa vegetación contrastan con la imagen que la mayoría de los visitantes tiene del bosque. La del zoológico, la de los museos, la de los changuitos en la cabeza y la de los puestos de agua fresca.

Más allá de sus características naturales, la Tercera Sección concentra, también, algunas de las leyendas urbanas más conocidas de la capital y ha servido de escenario para relatos literarios, entre ellos uno de José Emilio Pacheco, que han alimentado su fama como uno de los lugares más enigmáticos, por no decir oscuros, ora embrujados, de la Ciudad de México.

¿Por qué es tan fácil perderse en la Tercera Sección de Chapultepec?

La respuesta, ante todo, está en el propio terreno.

La Tercera Sección no se parece al Chapultepec que la mayoría de los capitalinos conoce. Aquí no hay museos, lagos o amplias calzadas, sino una reserva ecológica de 243.9 hectáreas, equivalente a 2 millones 439 mil metros cuadrados, de los cuales más de 1.37 millones de metros cuadrados corresponden a barrancas, cañadas y zonas cubiertas por un espeso follaje.

Para dimensionar su tamaño, esta área es casi el doble de la colonia Condesa y supera en extensión a colonias como la Roma Norte o la Juárez.

Su relieve irregular, la vegetación y la escasa señalización en algunas áreas, asimismo, hacen que recorrerla sin conocer los senderos pueda resultar complicado.

Tercera sección de Chapultepec CIUDAD DE MÉXICO, 31OCTUBRE2023.- Recorrido por la tercera sección del Bosque de Chapultepec, para conocer los trabajos que se realizaron como parte de la rehabilitación socioambiental del lugar. Lo que más se puede apreciar son los ojos de fertilización que ayudó a trae más de 90 especias distintas de plantas y siembra. FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM (Andrea Murcia Monsivais)

La Casa de la Tía Toña, una de las leyendas más famosas del bosque

La inmensidad de Chapultepec también ha dado origen a numerosas historias... y algunas de ellas bastante oscuras.

Una de las más conocidas es la de la Casa de la Tía Toña, una antigua construcción ubicada en la Tercera Sección que desde hace décadas permanece abandonada. Como los restos de una antigua civilización en medio de la jungla.

El inmueble ha sido relacionado con relatos sobre apariciones, voces, sombras y fenómenos inexplicables, lo cual la ha tornado uno de los sitios más populares entre exploradores urbanos y aficionados a las leyendas de la Ciudad de México, como presuntamente eran los 9 jóvenes que se extraviaron el fin de semana pasado.

La leyenda de la Casa de la Tía Toña cuenta que, en una vivienda oculta entre la vegetación del Bosque de Chapultepec, vivía una viuda adinerada que, tras heredar la fortuna de su esposo, decidió abrir las puertas de su hogar a varios niños en situación de calle.

Su intención era brindarles refugio, alimento y una oportunidad para salir de la pobreza, pero con el paso del tiempo la convivencia se deterioró debido a los constantes destrozos, robos y actos de indisciplina atribuidos a los menores.

Con el paso de los años surgieron distintas versiones sobre el desenlace de la historia: una sostiene que, cegada por la desesperación, la mujer asesinó a los niños a golpes y arrojó sus cuerpos a un río cercano para ocultar el crimen. Otra, asegura que los envenenó durante una comida.

En ambos relatos, la viuda, consumida por el remordimiento, terminó quitándose la vida dentro de la casa, lo que habría dado origen a la supuesta presencia de su espíritu y al de los niños.

A partir de entonces, la Casa de la Tía Toña se convirtió en una de las leyendas urbanas más conocidas de la Ciudad de México: quienes aseguran haber recorrido los puentes y senderos de la barranca afirman escuchar voces infantiles, percibir una presencia inquietante o sentir una atmósfera extraña antes de llegar al sitio.

Aunque estas historias forman parte del folclore urbano y no existen pruebas que las confirmen, conforme han pasado los años el inmueble ha devenido uno de los lugares más conocidos entre aquellos intrépidos que buscan recorrer sitios considerados embrujados en la Ciudad de México.

La propiedad también cobró relevancia durante el proyecto Bosque de Chapultepec: Naturaleza y Cultura, impulsado por el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

Como parte de la ampliación del complejo, el Gobierno federal promovió la incorporación de diversos predios privados al proyecto, entre ellos la llamada Casa de Tía Toña, mediante procesos de adquisición y expropiación para integrarlos al espacio público.

Casa Tía Toña Esta mansión abandonada en el Bosque de Chapultepec es objeto de numerosas leyendas urbanas. (Google Maps)

Carlota, Maximiliano y la supuesta entrada al Mictlán

Otra de las historias más conocidas asegura que, durante algunas noches, los espíritus de Carlota y Maximiliano recorren los alrededores del Castillo de Chapultepec, residencia de los emperadores durante el Segundo Imperio Mexicano.

A esta tradición se suma otra creencia vinculada con el pasado prehispánico del cerro.

Debido a que Chapultepec fue un sitio sagrado para los mexicas y estaba rodeado de manantiales y cuevas, algunas leyendas lo señalan como una de las posibles entradas simbólicas al Mictlán, el inframundo de la cosmovisión de aquella civilización, de la cual somos herederos.

José Emilio Pacheco también convirtió a Chapultepec en un lugar de misterio

El Bosque de Chapultepec también inspiró quizá uno de los cuentos policiacos más destacados de José Emilio Pacheco.

En “Tenga para que se entretenga”, publicado por primera vez en 1972, el escritor narra la desaparición de Rafael, un niño de seis años que pasea con su madre por Chapultepec y sigue a un misterioso hombre, quien parece sacado de otro siglo, que emerge de una cueva oculta entre los árboles.

La historia es contada a través del informe de un detective privado que intenta reconstruir el caso, pero ninguna de las explicaciones logra resolver el misterio.

Antes de la desaparición, Pacheco describe un detalle que le pone compás al tono del relato: al llegar al bosque, la madre observa que “los árboles de ese lugar tienen formas extrañas, se hallan como aplastados por un peso invisible”, una imagen que el autor relaciona con los árboles plantados durante el Segundo Imperio, en sustitución de aquellos árboles dañados en la Guerra contra Estados Unidos, cuyas cicatrices aún prevalecen hasta nuestra época.

Al final del relato, sólo quedan pistas imposibles de explicar para el detective... y para el lector: una rosa negra, un ejemplar de La Gaceta del Imperio fechado en 1866 y la incertidumbre sobre qué ocurrió realmente con el niño.

Afortunadamente, el pasado fin de semana, el rescate de los nueve jóvenes terminó sin personas lesionadas, mas dejó claro que la Tercera Sección de Chapultepec es muy distinta al resto del bosque. A la de la rueda de la fortuna, carruseles y más changuitos en la cabeza. El principal pulmón de la capital mexicana aún guarda secretos que quizá no deban ser revelados.

Eso sin olvidarnos de Los Pinos, que el propio AMLO calificaba como “embrujados”. Pero esa, esa es otra historia.

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