
La mañana del jueves 23 de julio se dio a conocer el caso de Alberto Israel Jasso Cruz, un profesor del Instituto de Educación Media Superior (IEMS) en la Ciudad de México que cometió suicidio después de ser denunciado por abuso sexual; la situación se difundió rápidamente en el país tras la publicación de un video previo a su fallecimiento.
A pesar de que el docente se declaró inocente de los cargos en la grabación que realizó para explicar las razones del suicidio, también exhibió el nombre y fotografía de la joven demandante, exponiéndola a un ataque mediático; esta última conducta en la vida de Jasso Cruz generó un complicado debate en redes sociales: ¿estamos ante una víctima... o hemos presenciado el acto final de un manipulador emocional?
Para determinarlo como profesional en Psicología, me adentraré en el concepto del narcisista mártir, un tipo de narcisismo que glorifica el sufrimiento propio en la búsqueda de control, ejerciendo la culpa como castigo. En este caso específico, el castigo se ve reflejado en la exposición al linchamiento mediático de la denunciante, mientras que el mártir fallece “por la causa”.
Profesor del IEMS define su suicidio como “sacrificio”: ¿la inmolación del narcisista por control?
El narcisismo es uno de los conceptos más importantes de la teoría psicoanalítica, convirtiéndose también en el rasgo de personalidad mayormente estudiado debido a sus diversos tipos de manifestación, tanto de forma individual como colectiva; no obstante, en todas sus expresiones, la persona narcisista destaca por un elemento esencial: no busca vínculos, requiere audiencia.
La persona con rasgos narcisistas carece de autocrítica, alimentándose de la validación externa que cree merecer y, en caso de no recibirla y sentir su figura amenazada por el público, recurre a estrategias de manipulación que podrían expresarse en los tipos siguientes:
- El Héroe.
- La Víctima.
- El Mártir.
- El Castigo.
Cada una de estas manifestaciones del narcisismo están relacionadas, ya que cada tipo resalta por la idea central del autosacrificio, acto que presenta sus heridas —reales o inventadas— como símbolos de injusticia para manipular la empatía; este tipo de estrategia surge cuando la persona narcisista ha perdido el control de la narrativa, por lo que se encuentra en la necesidad de convertirse en aquella víctima “traicionada por el mundo”.
Ahora, uniendo la teoría al caso de Alberto Israel Jasso, encontramos que existen similitudes entre la descripción del narcisismo mártir y el “acto de rebeldía, el sacrificio” del docente, como él mismo lo describió en el video viral previo a su suicidio.
La discusión en redes sociales ha señalado que, de ser inocente —tal como aseguró serlo—, ¿cuál era el propósito de quitarse la vida ante la denuncia por abuso sexual? El profesor Jasso Cruz explicó: “este tipo de procesos deja a los hombres en desigualdad”, y calificó su actuar como un sacrificio para “mejorar” el sistema de justicia en México y priorizar la presunción de inocencia.
Sin embargo, dicha justicia mexicana registra un 99% de impunidad en denuncias de violencia contra las mujeres debido a la falta de pruebas periciales oportunas, la revictimización de los ministerios públicos y la dilación de los tribunales; en resumen, sólo el 1% de casos por abuso sexual logran obtener una sentencia, mientras que el resto ni siquiera logran pasar a las etapas de vinculación a proceso o juicio oral.
Por lo tanto, ¿cuál es el sentido de sacrificarse por un sistema de justicia que, estadísticamente, no beneficia a la mujer demandante? Respondiendo desde el concepto aquí desarrollado: el narcisista encubierto utiliza el sacrificio como moneda de cambio para comprar validación, poder y... control de la narrativa.
¿El video de Alberto Israel Jasso es abuso contra la mujer?: cuando el “sacrificio” llama al linchamiento público
En la grabación difundida a través de redes sociales, el docente del IEMS explicó que el proceso penal —para el acusado— representa un desgaste emocional y financiero constante en el que la presunción de inocencia “es insuficiente”. A la vez, señaló que los hombres denunciados en casos de esta naturaleza, enfrentan consecuencias sociales, laborales y económicas desde el momento del señalamiento e incluso antes de una sentencia.
Ante la pérdida del control de su imagen y reputación, el profesor recurrió a la manipulación de la narrativa, creando una realidad en la que es la única víctima de la situación, el mártir que “sacrifica” su vida por un “mejor sistema de justicia”, una causa, mientras imparte el castigo a la joven que denunció el abuso sexual al exponerla públicamente, nombre y rostro impreso en una hoja de papel; este acto ha vulnerado la seguridad de la estudiante, ahora a merced del acoso mediático e incluso hostigamiento físico al ser revelada su identidad.
No existen pruebas de que Jasso Cruz sea culpable de los cargos por los que fue acusado, no obstante, tampoco existen pruebas de su inocencia más allá de su propio testimonio. Lo único que existe públicamente hasta este momento, es un video de las razones detrás de su suicidio, un control de la narrativa en la que sólo él tiene voz, pues la acusación directa a la joven ha impedido e impedirá que pueda mostrar su versión de los hechos.
Desde mi trabajo como profesional en casos de abuso a mujeres, el acto de exponer públicamente nombre y rostro de la denunciante, deriva en la marginación de la víctima y vulnera su seguridad; por lo tanto, invito a la reflexión: ¿dónde termina el testimonio de injusticia y dónde comienza el castigo como última voluntad?