
A casi 11 meses de la huelga en Monte de Piedad que mantiene a más de 300 sucursales cerradas con miles de usuarios sin poder recuperar sus prendas, el panorama parece difuso para la institución prendaria. Sin embargo, tras ver el panorama del paro laboral, surge una interrogante sobre el modelo de negocio de una institución con más de 250 años de historia: ¿Cómo logrará subsistir si la huelga se extiende y qué retos tendrá después del paro?
La situación incluso llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), que decidió atraer el caso el 24 de agosto de 2026, aunque esa determinación no implica que las sucursales reabran de inmediato.
Mientras se define el futuro jurídico del conflicto, existe otro desafío que podría resultar determinante para Monte de Piedad: qué hacer con las prendas que permanecen bajo resguardo y cómo hacer más eficiente el proceso para convertir esos bienes en recursos cuando sus propietarios ya no los recuperen.
¿Cómo funciona el negocio del Monte de Piedad?
Para entender el panorama que se vive en las entrañas de la institución, es necesario explicar cómo funciona si modelo de negocio.
El proceso comienza cuando una persona entrega un objeto como garantía, por ejemplo, una joya, un reloj, un teléfono celular u otro artículo de valor, y recibe a cambio un préstamo.
Si el cliente cumple con las condiciones establecidas y liquida el crédito, recupera su pertenencia. Pero existe un segundo escenario que ocurre cuando el propietario no paga o decide no recuperar el artículo dentro de las condiciones establecidas en el contrato.
En ese momento comienza la segunda etapa del negocio, que es la comercialización de la prenda.
Es decir, Monte de Piedad no solamente necesita prestar dinero y recuperar posteriormente ese capital. También debe administrar los artículos que no son recuperados, determinar cuándo pueden comercializarse y encontrar compradores para ellos, de tal manera que la institución recupere ese capital “que prestó”.
La prolongada suspensión de actividades ha alterado precisamente ese ciclo, ya que el flujo de efectivo del Monte de Piedad está congelado, mientras las prendas permanecen bajo resguardo en sus bóvedas.
A pesar de ello, la institución ha lanzado varios comunicados en los que aclara, entre varias cosas, que los usuarios no perderán sus prendas siempre y cuando vayan al corriente con las obligaciones que establece su contrato. Asimismo, ha informado sobre las nuevas fechas de pago y comercialización, con la finalidad de que ningún usuario retrase sus pagos y ponga en riesgo los objetos empeñados.
¿Cuál es el mayor problema del modelo de negocio del Monte de Piedad?
Para cualquier negocio que maneje mercancías, tener productos almacenados y sin comerciar representa una pérdida. En el caso específico del préstamo prendario, el problema adquiere una dimensión financiera mayor.
Por ejemplo, cuando un cliente recupera su artículo, el préstamo queda liquidado y el capital puede volver a utilizarse en nuevos créditos. Pero cuando el cliente no recupera la prenda, la institución necesita comercializarla para recuperar el dinero que invirtió en ese préstamo y reincorporar ese capital al ciclo del negocio.
Por ello, una prenda almacenada durante demasiado tiempo es un activo que está generando una pérdida financiera.
El problema no consiste simplemente en tener una bodega llena. Se trata de mantener detenida una parte del ciclo financiero que permite que una institución prendaria continúe operando.
¿Debe volver a operar exactamente de la misma manera que antes de la huelga?
Tanto para trabajadores como para usuarios, la urgencia de una pronta reapertura podría marcar el rumbo de la institución durante los próximos años. Sin embargo, la cosa no parece tan sencilla.
El cierre prolongado demostró que depender prácticamente de una extensa red de sucursales físicas puede convertirse en un talón de Aquiles cuando la operación presencial queda interrumpida.
En este estado de la cuestión, ¿podría la institución pensar en migrar a lo digital?
Monte de Piedad ya cuenta con herramientas digitales como Mi Monte y Mi Monte App, que permiten a los clientes realizar determinadas operaciones relacionadas con sus empeños. Quizá el siguiente paso (y una posible solución) sería llevar esa digitalización más lejos.
La sucursal física seguirá teniendo un papel importante, especialmente para recibir y valuar objetos que serán utilizados como garantía. Sin embargo, no necesariamente tendría que ser el único canal para vender las prendas que ya pasaron a comercialización
Por lo tanto, el futuro del Monte de Piedad podría depender no solamente de recuperar su actividad de préstamo, sino de hacer más eficiente todo el ciclo del negocio prendario.
Sin embargo, para lograrlo la institución deberá implementar acciones estratégicas que le permitan efectuar dicho ciclo, por ejemplo, mejorar la administración del inventario; identificar qué productos tienen mayor demanda; reducir el tiempo entre la comercialización y la venta; ampliar los canales digitales; encontrar nuevos compradores para las prendas, entre otros aspectos
La idea no necesariamente sería eliminar las sucursales, sino hacer que cada una tenga una función más eficiente dentro de un modelo que combine atención física y herramientas digitales.
¿Qué pasará con las personas que tienen un empeño?
La situación también tiene una implicación directa para los clientes, pues quienes ya liquidaron un empeño y todavía no pueden recuperar su pertenencia deben esperar a que se restablezca la operación que permita realizar la entrega física.
El verdadero desafío será volver a poner en movimiento todo el ciclo del negocio, el cual inicia con recibir prendas, otorgar préstamos, permitir que los clientes recuperen sus pertenencias y comercializar de manera eficiente aquellas que ya no sean reclamadas.
La institución tendrá que administrar además las prendas que se han acumulado durante el periodo de suspensión y cumplir con los calendarios especiales establecidos durante la huelga.
En ese escenario, la tecnología, la gestión del inventario y los nuevos canales de venta podrían convertirse en herramientas fundamentales.
La pregunta, por tanto, ya no es solamente si Monte de Piedad podrá volver a abrir sus sucursales.
La pregunta más importante es si podrá adaptar su modelo de negocio para que una institución con más de dos siglos y medio de historia siga siendo competitiva y útil para los consumidores en los próximos años.