
La recta final del Mundial de 2026 llegó a su fin. Los países anfitriones —México, Estados Unidos y Canadá— quedaron eliminados en las fases de eliminación directa, sin mostrar señales claras de evolución futbolística.
En contraste, selecciones africanas que históricamente habían tenido poca o nula presencia en las instancias decisivas, como Cabo Verde, Egipto y Marruecos, demostraron un notable crecimiento y lograron imponerse a potencias del fútbol mundial, incluso en medio de condiciones arbitrales que evidenciaron una marcada desigualdad.
La expansión del torneo y las innovaciones tecnológicas
Esta copa mundial estuvo marcada por innovaciones dentro y fuera del terreno de juego.
La expansión de 32 a 48 selecciones democratizó el acceso al evento mundial, demostrando el tamaño de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y su brazo regulador, la International Football Association Board (IFAB), la cual crea, revisa y modifica las reglas del juego del futbol actual.
El uso de innovaciones tecnológicas de arbitraje como el VAR (árbitro asistente de video), sistemas automatizados de detección de fuera de juego, cámaras y herramientas de análisis en tiempo real ayudó a disminuir los errores humanos dentro del deporte mundial, pese a que su uso no haya sido del todo democrático en varios encuentros futbolísticos.
Además, la polémica “pausa de hidratación”, con una duración de tres minutos en cada medio tiempo, definió en muchos partidos el marcador final. Sin embargo, no todo fue espectáculo y competencia futbolística para los países anfitriones.

La coordinación política y los retos sociales entre los países sede
Primero, se demostró una coordinación política pese a las dificultades y negociaciones del T-MEC entre los tres países. Se evidenciaron las desigualdades migratorias que existen entre las tres naciones y la violación de los derechos humanos, además de la inminente inseguridad que se vive en México como el caso más crítico por el poder de influencia que tiene el crimen organizado en el país.
El impacto económico del Mundial en Estados Unidos, Canadá y México
Segundo, el impacto económico que tuvo dentro de las naciones sede del Mundial no fue el mismo para todos. El país más beneficiado fue Estados Unidos, ya que 78 de los 104 partidos de futbol se jugaron en su territorio derivado de las inversiones millonarias, el alto consumo y el turismo internacional.
Por su parte, la aportación al crecimiento de Canadá se estima en 2 mil millones de dólares canadienses, esto por los empleos generados y la infraestructura creada.
Sin embargo, México fue el país donde los efectos del Mundial de 2026 se hicieron más evidentes en los ámbitos económico, social y cultural. La calificadora Moody’s Analytics estimó un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 0.13 %, impulsado por el turismo, el transporte, la generación de empleo temporal y las inversiones en infraestructura realizadas en las tres ciudades sede del país: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Pero ello contrasta con la elevación del costo de vida en las principales capitales del país, ya que la importación de inflación por el turismo generó que los precios de los productos locales se encarecieran, dejando a los ciudadanos de a pie limitados en su ingreso y, por consecuencia, en su consumo.

La desigualdad salarial y el acceso al Mundial
Tercero, la desigualdad evidente de los salarios entre los tres países, siendo México el país con salarios más bajos y un poder adquisitivo menor que Estados Unidos y Canadá.
Un ejemplo claro de ello fue el acceso a los partidos de futbol. En México, los boletos para ingresar al estadio rondaban los 10 mil pesos (9,582.47 pesos de salario mínimo mensual) el más barato y los 130 mil pesos (equivalente a 13.56 salarios mínimos mensuales) el más caro.
Esto evidenció la falta de capacidad de acceso de la población mexicana a los partidos de la selección nacional, dejando como alternativa las plataformas digitales de prepago desde los televisores en casa y los Fan Fest organizados por la FIFA y los propios gobiernos locales de los países anfitriones.
El desplazamiento en el acceso a los partidos de futbol de las clases populares puso en la mira, más allá de impulsar la competencia deportiva, la competencia en los ingresos, sepultando las oportunidades de la población de acceder a un deporte que se pensaba popular y que, si se mira más a fondo, aún lo es.
El legado cultural que dejó México en el Mundial 2026
Finalmente, el aporte cultural que México le dio al Mundial no tiene precio. La riqueza arqueológica, las tradiciones y festividades, la inmensa gastronomía, la música, las artesanías y la diversidad indígena evidenciaron que, pese a las dificultades que aquejan al país, México destaca por ser un punto de encuentro con los brazos abiertos para todo el mundo.
El autor es doctor en Economía