
Alta, de ojos expresivos y sonrisa franca, Martha Elena Báez Danel confiesa sin titubeos: “toda mi vida he padecido de sobrepeso”, aunque acepta que nunca fue objeto de burlas en la escuela, y en casa y con la familia jamás fue rechazada por su apariencia, al contrario, el sentirse amada y aceptada, quizá, propició que dejara pasar por alto su condición, que con los años se agudizó.
El sobrepeso la llevó en los años recientes a vivir en cansancio permanente, iba a trabajar, “pero sólo deseaba regresar a casa a descansar, no hacer nada. Estaba agotada todo el tiempo, ya no tenía vida social e, irónicamente, mi vida y mi trabajo son las relaciones públicas… Ahora lo veo, era como si todo el día anduviera cargando un garrafón de agua de 20 litros de cada lado, por eso estaba siempre cansada, porque estaba pesando 140 kilos”.
Convencida de querer cambiar, Martha se sometió a una manga gástrica —intervención quirúrgica para retirar 80 por ciento del estómago—. La advertencia de su médico fue aterradora: “Si no aprendes a alimentarte bien y a cambiar tu estilo de vida, en tres años vas a estar pesando 200 kilos”. Eso me impactó, pero hoy sé que no quiero volver a verme como antes. Ahora a la que miro en el espejo, a veces siento que no soy yo”.
En entrevista con Crónica, Martha Báez comparte su testimonio de vida y reconoce que hace dos años comenzó el gran cambio: aceptó que tenía un problema y que no bastaba con voluntad para resolverlo, necesitaba ayuda profesional, porque lo más que había logrado bajar fueron 40 kilos, mismos que con el tiempo recuperó.
En la segunda mitad del 2018 llegó el día que dijo “basta”, y comenzó a buscar apoyo en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) donde encontró la solución, porque tanta dieta fallida había comenzado a hacer estragos, sus niveles de glucosa comenzaban a estar descontrolados y tomaba medicamentos hipertensivos.
Es en la Unidad de Medicina Familiar (UMF) 28 donde le detectan un tumor en el intestino, el cual le fue atendido antes de la cirugía bariátrica, por lo que es canalizada a la UMF 26, y de ahí, enviada al Hospital Carlos McGregor, también del IMSS, en donde es atendida en la Clínica de Obesidad, la que por cierto “desafortunadamente cerró”.
Agradecida por el excelente servicio de los médicos especialista, Martha Báez reconoce que antes de entrar al quirófano los médicos se aseguraron que su organismo funcionara al 100 por ciento, con evaluaciones con el psiquiatra y psicólogo y siguiendo con la nutrióloga y endocrinólogo, le hicieron electrocardiogramas, endoscopia, “estudios de todo y después de tres meses me dijeron, Martha estás perfecta para operarte” y entró a quirófano el 4 de marzo de 2019.
El servicio en el hospital, dice, ha sido de primer nivel, como en cualquier hospital particular que te puedas imaginar, aunque la Clínica de Obesidad dejó de funcionar, a todos los pacientes que alcanzamos a ser operados nos siguen monitoreando y lo seguirán haciendo por los próximos cinco años, desde la alimentación hasta el estado emocional que es muy importante, de hecho, comparte, la indicación fue tomar terapia psicológica “porque después de 50 años de verte a diario frente al espejo con tal sobrepeso llega un momento en el que ya no te reconoces”.
Admite que la lucha apenas está comenzando, ha logrado bajar 40 kilos y todavía le faltan 26 más, pero no ha sido sencillo, la batalla apenas comienza, no se trata sólo de limitar los alimentos, reducir las porciones, evitar grasas, harinas, azúcares o no fallar a la rutina de los ejercicios…
De lo que se trata es de demostrarse lo mucho que Martha es capaz de amarse. Se trata de luchar contra sus propios fantasmas que la han venido persiguiendo desde la infancia y no se había dado cuenta, se trata de amar a la nueva mujer que comienza a ser y dejar de “llenar vacíos” a través de la comida…
Consciente de que vivimos en una sociedad en la que vale cómo te ves, cómo luces, qué te pones, Martha subraya que en la mayoría de los casos, la gente obesa se “disfraza” detrás de caretas y aparenta ser el simpático, ser el chistoso. “La gente piensa que los gorditos somos felices y sanos, nada más falso que eso, la verdad, es que buscas ser aceptado por los demás”.
Martita, como afectuosamente le llaman, abre su corazón y cuenta que el sobrepeso se llevó sus deseos de ser madre, ya que nunca logró embarazarse, contra eso ya no puede hacer nada —dice—, pero en definitiva, sí piensa dejar atrás aquellos deseos frustrados de comprarse la ropa que quisiera “porque no había de su talla”, ya no le preocupa más que sus prendas favoritas ya no le queden porque sigue bajando de peso y, mejor aún, logró deshacerse de toda la ropa que le quedaba grande “porque el cuerpo tiene memoria, y el objetivo es seguir bajando otro poquito, y no tener esa ropa de reserva por si acaso”, advierte.
En el amor, Martha acepta que tras su divorcio —él era mujeriego— sabe que ya comienza a quedarse sin sus dos grandes pretextos para rechazar a los hombres.
“Antes, el argumento para no salir era que tenía que cuidar a mi mamá (acaecida el pasado día 10 de enero), y de alguna manera mi sobrepeso me hacía sentirme blindada, digamos, para no ser rechazada. Ahora su mami está en su corazón y sus pensamientos, y su sobrepeso excesivo comienza a desaparecer. “Y sí, hay esa necesidad de sentirte amada, pero al mismo tiempo se siente miedo, aún no logro identificar a qué, pero también sé que quiero vivir una vida diferente”.
Admite que en todo este proceso, alguna vez ha “pecado” y se ha dado sus pequeños gustos, pero también ha aprendido a decir no o a decidir cuánto servirse; lleva un nuevo régimen alimenticio con una firme idea. “Yo no quiero ser una mujer muy delgada. Yo le dije a mi doctor, a mí nada más déjeme gordibuena”, suelta la carcajada, y advierte, que todavía va por esos 26 kilos que no quiere más en su vida, ni en su cuerpo.
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