
Antes del minuto de aplausos en memoria de José Francisco Ruiz Massieu, solicitado por el presidente priista Enrique Ochoa Reza, todo había sido loas mutuas, caravanas, elogios al ausente e intentos discursivos por ocultar sinsabores.
Habían subido al estrado, además del líder nacional, el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo y el ex presidente tricolor José Antonio González Fernández.
Y olía a polvo, a viejo, a cartón…
Sólo faltaba una voz, la de una hija: Claudia Ruiz Massieu, hoy canciller y quien al menos aportó sensibilidad al XXII aniversario luctuoso de su padre, dos semanas tarde, pues el asesinato de un 28 de septiembre se revivió hasta un 13 de octubre.
No hubo la convocatoria de otros años: al auditorio Plutarco Elías Calles llegó retardado el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong y se unió en primera fila a los mandatarios Astudillo y Alejandro Moreno Cárdenas, de Campeche. El resto, funcionarios en la medianía, integrantes del CEN y cazafortunas.
La fotografía de José Francisco se colocó en el costado derecho del podio, rodeado de alcatraces níveos.
“Con orgullo y cariño puedo decir que fue mi padre; sigue hablándonos con plena vigencia, hay que releerlo como germen de debate y acción”, soltó de arranque la secretaria de Relaciones Exteriores, imán de aplausos y vivas.
Lo recordó como un lector de novela, poesía y filosofía, como el hombre que le contagió pasión por el servicio público, no cualquiera, sino “aquél que trae beneficios tangibles a la población”.
Hace 22 años, dijo, recibió la noticia más dolorosa de su vida, pero junto a su hermana Daniela decidió “mirar hacia adelante, hallar fortaleza en los momentos más improbables… No hay un solo día sin que lo extrañe: su inteligencia, su sentido del humor, pero la nostalgia y la pesadumbre no es un plan de futuro”.
Tras setenta y cinco minutos de ceremonia —casi la misma duración del show de un circo montado a unos metros de la sede nacional priista—, se organizó en la despedida una fotografía oficial y una fugaz guardia de honor.
Ya para entonces pocos recordaban los discursos de Astudillo y Ochoa Reza, quienes se copiaron las frases predilectas de Ruiz Massieu, como aquella de: “Los principios son primero, las ideas después”.
Habían aprovechado su turno al micrófono para alabanzas presidenciales, para reconocer desencantos sociales, pero también para augurar nuevas victorias…
Vociferó el guerrerense: “Algunos nos quieren ver huérfanos de ideas, evitemos caer en recetas milagrosas. En el PRI no hay desaliento por las reformas, tenemos líder”.
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