
Doctor en Ciencias Sociales, profesor e investigador de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Víctor Alejandro Payá ha coordinado varios de los estudios más amplios sobre causas de suicidio, causas de internamiento en hospitales psiquiátricos y causas de encarcelamiento de mujeres jóvenes, en México.
El investigador ha encontrado que la ruptura de la estructura familiar, por ejemplo por una violación, incesto o por agresiones físicas repetidas, está presente en la historia de muchas de las personas que ingresan a psiquiátricos y cárceles. Estos traumas fuertes, que ocurren dentro de las familias y que muchas veces se ocultan como secretos, también son causas de sufrimiento expresadas en cartas de suicidas, estudiadas por equipos coordinados por Víctor Payá.
“Me siento hecho para mirar”, dice a Crónica el autor y coordinador de libros como Institución, familia y enfermedad mental; Mujeres en prisión. Historias de vida y tatuaje, asó como de El don y la palabra. Un estudio socioantropológico de los mensajes póstumos del suicida”.
“Por los proyectos de investigación me he involucrado en contextos donde hay violencia y sufrimiento; como los penales o los hospitales. Hay hechos que me paralizan, donde, como investigador no sé qué hacer, como el ver viejitos abandonados llegar a un hospital sólo a morir. Son personas mayores que ya respiran con gran dificultad, e incluso respiran por la boca haciendo una forma de óvalo, y uno no sabe si acercarse a darle la mano en esos últimos momentos a la persona que está falleciendo o no intervenir para que o te echen afuera del hospital donde estás haciendo tu investigación”, dice Payá, quien nació en la Ciudad de México y vivió su infancia en Azcapotzalco, en la colonia Clavería, como tercero de cuatro hermanos.
“La violencia no es algo que se genere o se detone mecánicamente, eso sería como pensar que una persona que ve una película donde matan a mucha gente va a salir a la calle a matar mucha gente. Existen otras variables que pueden influir más, como la historia familiar y el hecho de que hayan ocurrido vínculos enfermizos. La gente enferma de vínculos, enferma de la historia. Desafortunadamente, en muchos casos la familia se vuelve un acorazado, un ejemplo es lo que ocurre cuando se descubre que un niño o niña han sido abusados sexualmente, inmediatamente la familia pide guardar en secreto ese tipo de hechos”, dice el egresado de la Licenciatura en Economía, de la UNAM; con maestría en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y el doctorado en ese mismo campo, en el Instituto Mora.
“Hay que decirlo. Hay que volver a mirar a la familia porque es donde se están generando los elementos de desarraigo emocional, la pérdida de la responsabilidad social, algunas psicopatías y sistemas contra la sociedad que los individuos aprenden a lo largo de su historia”, dice Víctor Payá.
LA CALLE Y LA TEORÍA. El doctor Payá considera que el impulso intelectual más fuerte lo experimentó cuando entró a la UNAM, al bachillerato del Centro de Ciencias y Humanidades (CCH) Azcapotzalco. Ahí empezaron los cambios que él describe como “giros de la vida”, porque conoce a profesores jóvenes y tiene clases más interesantes que las que había cursado en primaria y secundaria.
“Me llamó mucho la atención ese ambiente donde había personas muy brillantes, pero también se comportaban de una forma muy informal. Fue la primera vez que vi a profesores ir a dar clases con pantalones de mezclilla, barba larga y boina; era la primera escuela a la que yo acudí donde dejaban fumar”, indica antes de reflexionar en que, a lo largo de su vida se han mezclado, poco a poco, una larga experiencia de observación en la calle, con la apropiación de las teorías sobre los grupos sociales, en particular con grupos urbanos.
Su papá fue uno de los niños españoles que llegaron a México en los años 30 del siglo XX, para protegerlos de la muerte que les amenazaba durante la Guerra Civil. Aquí, el padre de Víctor Payá aprendió el oficio de herrero y lo ejerció en un taller de Azcapotzalco, junto a la casa donde vivían su esposa e hijos.
“Recuerdo que, en las noches, mi papá se ponía a leer libros, solo, en una recámara de techo de cartón, y mi mamá nos decía que no lo molestáramos y me llamaba mucho la atención cómo se quedaba inmóvil y concentrado. Desde esa edad, antes de los ocho años, yo veía la lectura como algo valioso. Pero también adquirí mucho conocimiento a través de andar en la calle, que siempre es una fuente de sorpresas porque solamente con el trabajo de campo uno puede saber a qué componente de una teoría puede estar representando una persona o un grupo”, añade.
Actualmente, el investigador universitario está por concluir una investigación sobre los fenómenos sociales que ocurren en uno de los hospitales públicos de la Ciudad de México donde se atienden más emergencias por heridas. Esta investigación reciente la realiza después de un largo proceso de maduración intelectual y en métodos de trabajo. Para el actual estudio realizó largas estancias y entrevistas a médicos, familiares, enfermos, autoridades y otras personas involucradas.
“Nadie, hasta que entré en el doctorado me dijo que existía la etnografía, nadie me dijo lo que eran los cuadernos de campo que usan los etnógrafos y nadie me dijo que existía la etnografía urbana. Lo que me ocurrió en el doctorado fue que desarrollé gusto por la fotografía y por una corriente teórica que es conocida como la Escuela de Chicago que había nacido en una época en la que los antropólogos salieron a las calles a estudiar y entender a los vagabundos, los ladronzuelos y las mujeres que trabajaban en la calle. Después decidí aplicar ese modelo en México, en sus cárceles, hospitales y otros espacios”, agrega el entrevistado, que vuelve a señalar lo importante que es continuar estudiando las interacciones de la familia, las cuales pueden ayudar o destruir a un individuo.
“Los grupos primarios, como la familia o el barrio, tienen su importancia en la medida en que el ser humano se moldea en sus procesos de socialización. No sólo tiene que ver con patrones de comportamiento sino con el lugar del deseo que representa el grupo famliar. En la familia aprendemos a vincularnos con el otro y a modular la violencia, pero si al interior hay violencia o dinámicas inconscientes que lastiman a uno de sus miembros, esto puede generar situaciones que desembocan en el encierro (en cárcel o en hospitales psiquiátricos), pero también pueden llevar a los individuos a la muerte, como ocurre con los suicidios.
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