
El diplomático mexicano que leyó cada una de las solicitudes de los españoles que pidieron asilo en México en 1939, se llamó Gilberto Bosques Saldívar (1892-1995). Este político y periodista fue quien salvó la vida de miles de europeos que residían en Francia y que huían de la persecución nazi durante la Segunda Guerra Mundial, hoy parte de esa labor humanista se rescata en el libro Aquellas horas que nos robaron. El desafío de Gilberto Bosques, de Mónica Castellanos.
La autora que publica su novela con la editorial Grijalbo, comenta en entrevista que es muy conocida la política del expresidente Lázaro Cárdenas de abrir las fronteras para los exiliados españoles, pero poco se reconoce al personaje que hizo posible ese trámite administrativo.
“Lázaro Cárdenas le dio la indicación de que la política de México debía ser de puertas abiertas hacia los exiliados políticos. En algún momento cuando Gilberto Bosques le comunicó a Cárdenas cómo era la situación de los campos de internamiento en Francia y las condiciones de vida que estaban sobrellevando los españoles, el presidente le autorizó carta blanca para hacer lo posible para ayudarlos”, detalla.
Entonces, añade la autora, Gilberto Bosques que entonces era cónsul general en París, emitió un comunicado en donde manifestó que todos los españoles que deseaban ir a México serían bienvenidos, fueran o no perseguidos políticos.
“No hay que quitar la labor de humanista que tuvo Gilberto Bosques porque cuando vio las condiciones en las que estaban viviendo los españoles buscó dos lugares: el Castillo de Reynarde y el de Montgrand, que habilitó uno para hombres y otro para mujeres. Ahí las personas pudieron tener una vida segura”.
Castellanos destaca que debido a la avalancha de españoles que llegaron a Francia entre 1939 y 1940, tal país no tuvo la capacidad de recibirlos y el gobierno estableció campos para refugiados, entre ellos, el Argelès-sur-Mer.
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