Opinión

Amarga pesadilla

En la síntesis de noticias de ayer, me topé con la siguiente información en The Economist:

“El entusiasmo de los inversionistas por financiar la transición verde (hacia industrias cero emisiones) sigue creciendo. Las acciones de Tesla subieron 50 por ciento en 2021. (…) Una tarea del mercado de capitales es disminuir las emisiones de las empresas contaminantes donde tienen intereses.”

Luego leí en la primera plana de The Wall Street Journal: “La carrera por el mercado de vehículos eléctricos se aprieta cada vez más. Ford Motor Company y General Motors están por lanzar docenas de nuevos modelos de autos y pick-ups (…) en una amplia gama de estilos y precios. (…) Un nuevo mundo está comenzando y avanza a toda velocidad.”

Al pasar a la sección de noticias nacionales, veo con decepción que México está por iniciar, oootra vez, la discusión sobre la contrarreforma energética (C-RE) promovida por Andrés Manuel López Obrador, basada en la producción de energías fósiles y contaminantes.

Dentro de ese “nuevo mundo que está comenzando” nosotros vamos para atrás.

Hasta ahora, el Poder Judicial ha detenido a la C-RE, a partir de su inconstitucionalidad y la violación de diversos tratados comerciales internacionales. Pero como donde manda capitán, no gobierna marinero.., los diputados celebrarán el Parlamento Abierto de la Reforma Eléctrica, del 17 de enero al 15 de febrero.

Hasta hoy, el presidente nunca ha entrado en detalle de cómo dicha contrarreforma se implementaría exitosa y favorablemente para los mexicanos; simplemente ha apelado al nacionalismo. Las opiniones de expertos en energía, medio ambiente y economía que he leído, dan más aspectos negativos que positivos y de ellos di cuenta en este mismo espacio a lo largo de 2021.

AMLO asegura que la C-RE permitirá precios bajos en el costo de la energía para el sector productivo y los usuarios domésticos. No veo como, a no ser que haya subsidios, pues los costos de producción de la paraestatal son 40 por ciento más elevados que los de las empresas privadas de energía. Como consecuencia de lo anterior, algunas manufactureras multinacionales dudarán de quedarse en el país, por muy favorables que sean el resto de las condiciones del TMEC, si se elevan sus costos directos.

Por otra parte, la C-RE es inoportuna. México vive una de sus peores contracciones económicas y requiere recursos; lamentablemente, tan solo en el último trimestre de 2021, salieron del país 14 mil millones de pesos. Estamos hablando de la peor fuga de capitales desde la crisis mundial de 2009. No sólo es que los capitales busquen mejores alternativas, sino que también se han deshecho de títulos de deuda mexicana, pues prevalece la desconfianza en la economía mexicana.

Del incumplimiento de México con sus compromisos internacionales para reducir las emisiones de carbono, pues ya ni hablemos; mejor será hacerlo, si se puede, cuando vengan las sanciones a nuestros productos…

Pero volvamos al meollo del asunto: los dineros:

La salud financiera de la CFE está bastante deteriorada, al punto de que el gobierno federal le inyectó recientemente 70 mil millones de pesos. Año con año reporta pérdidas, aunque justo es reconocer que disminuyeron en 2021.

Sí, ya sé, me dirán que los “malditos” gobiernos neoliberales la dejaron así, pero como diría mi cuasi-consuegro Jesús Martín: “es lo que hay”… Fue precisamente para no presionar las arcas públicas que el anterior gobierno hizo la reforma energética (2013), de tal suerte que las empresas privadas invirtieran en energías limpias. Si no fue la reforma ideal, ¡pues a corregirla!

Por mucho que el presidente lo desee, no podemos revivir el sueño “dorado” de los años ‘70. Ni en esa época, cuando no había globalización ni cambio climático, el sueño se cristalizó.

Solo fue una pesadilla cuyo costo seguimos pagando.

Y yo, como muchos, ya me cansé...

Foto: Especial

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