
A través de los años, el Halloween se ha convertido en una festividad de alcance internacional que es celebrada tanto por personas adultas como niños o niñas, representando así una versatilidad multigeneracional y multicultural casi tan importante como la Navidad.
No obstante, México resiste la ‘conquista yankee’ de tal celebración al dedicar su atención a una tradición directamente relacionada con nuestras raíces prehispánicas y que se consolida a partir del sincretismo entre las costumbres de dicha era y el calendario católico, la emblemática festividad Día de Muertos.
Sin embargo, existe una particularidad interesante cuando se trata de la costumbre de niños y niñas de pedir dulces durante ambas fechas; mientras que el Halloween tiene su icónico ‘¿Dulce o Truco?’, en México se utiliza la expresión ‘¿Me da mi calaverita?’
Aunque el objetivo de las dos costumbres es similar —recibir dulces—, ambas se llevan a cabo en distintos días e incluso tiene diferentes significados, así que aquí te contamos el origen detrás de estas tradiciones infantiles para que puedas conquistar la fiesta de Halloween o la visita al panteón por el Día de Muertos con un nuevo dato curioso.
“¿Me da mi calaverita?“: este es el origen de la frase popular del Día de Muertos en México
Tal como suele suceder con las tradiciones ancestrales que enfrentan cambios a los largo de los años, la costumbre de pedir calaverita en México tiene diferentes explicaciones sobre su origen. No obstante, una de las versiones más difundidas sitúa sus antecedentes en la época colonial, cuando las personas de escasos recursos recorrían las viviendas para solicitar alimentos o alguna ayuda durante las celebraciones dedicadas a las almas difuntas.
De acuerdo con el antropólogo Erik Mendoza, para El Universal, la práctica inició en el siglo XVIII, cuando las familias adineradas contaban con los recursos suficientes para preparar sus ofrendas de Día de Muertos y compartir grutas, pan o comida con quienes no podían montar un altar propio para sus “calaveritas”, es decir, sus seres queridos fallecidos; al recibir la donación, las familias con menos recursos lograban armar sus ofrendas para celebrar la festividad.
Con el paso del tiempo, esta práctica adquirió un carácter infantil y se transformó en una costumbre en la que los niños y niñas recorrían las calles para pedir algo que pudieran llevar a casa o para sí mismos, consolidando la expresión “¿Me da mi calaverita?" como una tradición asociada al hábito de compartir alimentos durante las fechas de Día de Muertos.
En la actualidad, la ‘calaverita’ mexicana puede representar dulces, fruta, pan de muerto e incluso dinero. No sólo eso, sino que también se ha mezclado con elementos de Halloween, como los disfraces de personajes de terror y los recipientes con forma de calabaza.
A pesar de haber adquirido dicha característica de la celebración estadounidense, la Calaverita en México se lleva a cabo principalmente el 1 y 2 de noviembre, así es, ¡dos días! Sin embargo, el primer día del mes sigue teniendo mayor relevancia al tratarse de la fecha en que las almas de niños y niñas acuden a las ofrendas que honran su memoria.
¿En qué se diferencia la ‘Calaverita’ con el ‘Dulce o Truco’? Este es el significado de la tradición de Halloween
En Estados Unidos, la frase “Trick or Treat”, traducida habitualmemnte como “Truco o Trato” o “Dulce o Truco”, es la expresión que utilizan niños y niñas cuando recorren las casas durante la noche de Halloween, el día 31 de octubre.
Si bien la historia de esta celebración tiene antecedentes mucho más antiguos a la tradición popular estadounidense, como su relación a las celebraciones celtas de Samhain o la costumbre escocesa guising donde las personas aprticipantes se disfrazaban para recitar o cantar fuera de las casas con el propósito de recibir a cambio comida o monetas, la expresión específica de Trick or Treat se popularizó en Norteamérica durante el siglo XX.
Según explicó National Geographic, existen registros de que la frase ya aparecía en la década de 1920 a pesar de que el país se encontraba en un contexto en el que las bromas y travesuras de Halloween podían ocasionar problemas entre comunidades. No obstante, la expansión de esta costumbre llegó después de la Segunda Gurra Mundial, cuando el crecimiento de los suburbios facilitó que los niños visitaran las viviendas de personas vecinas.
A partir de entones, la frase adquirió un significado sencillo: los niños o niñas ofrecen la posibilidad de recibir un trato, es decir, dulces o golosinas, para evitar una travesura como castigo; la negociación está compuesta por la misma dinámica de recorrer las calles con disfraces y llamar a las puertas para recibir algo a cambio.
¿Dos costumbres distintas? Lo son, sin embargo, tienen algo en común el encuentro de niños, niñas, familias y comunidad alrededor de un sólo objetivo: compartir.