
La marcha de la Generación Z arrancó a las 11 de la mañana en la Glorieta de los Niños Héroes, hoy conocida como la Glorieta de los Desaparecidos, un nombre que resuena con fuerza en un Jalisco que permaneció en el primer lugar nacional de desaparecidos hasta la semana pasada. Allí se reunieron cientos de jaliscienses vestidos de blanco para iniciar lo que sería un trayecto de consignas exasperadas y exigencias de justicia.
En las calles aledañas se concentraron diversas iniciativas civiles. Destacó un punto rosado donde decenas de personas vestidas de blanco se formaron en un corro para escuchar La última llamada para salvar la democracia, un mensaje en el que un grupo de ciudadanos —todos de rosa— subrayaba la necesidad de reunir 130 mil firmas para obligar al Congreso a discutir una propuesta de reforma electoral promovida como iniciativa ciudadana.
“Somos puros civiles, ¿eh? Esto es de y para el pueblo”, dijo una mujer de unos 40 años, vestida de rosa y con un sombrero blanco, mientras entregaba volantes a quienes buscaban un México distinto.
Marchan los jaliscienses este 15 de noviembre en la llamada Marcha de la #GenZ pic.twitter.com/f6M54JfbFv
— La Crónica Jalisco (@cronicajalisco) November 15, 2025
La marcha avanzó por los Arcos de Vallarta y se abrió paso hasta Casa Jalisco, punto donde se tenía previsto concluir la manifestación pacífica.
En el camino, los asistentes gritaban por un país más justo y recordaban el reciente asesinato del presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo. “Yo la culpa de eso se la echo a Harfuch, a Sheinbaum y al fiscal federal”, afirmó un hombre mayor, acompañado por otros tres hombres de su edad y por una pareja joven.
Aunque se convocó como una marcha juvenil, predominaban los adultos mayores —en especial hombres—, quienes portaban carteles con leyendas como: “Molotov lleva cantando la misma canción 20 años, lo único que cambia es a quién ofenden”.
El trayecto fue custodiado por policías municipales y agentes de tránsito que mantenían el tráfico a distancia de los manifestantes. Entre las consignas se escucharon coros de “Fuera Sheinbaum” y otros comentarios denigrantes como “Fuera la chichis de limón”.
Algunos participantes reían; otros guardaban silencio que se acompasaba con sus pasos rápidos. Varias personas ondeaban la bandera mexicana y gritaban “¡Viva México!”, aunque las respuestas sonaban apagadas, como si el sol, la caminata y la sensación de un destino “irremediable” fueran demasiado pesados.
“Manda a tus hijos solos a la escuela. ¡No se puede! En nuestros tiempos sí se podía”, gritaban algunos hombres con sombrero a un grupo de jóvenes, asegurando que antes la vida en México era más segura.
Otras personas regresaban al punto de partida por calles alternas, como si llegar a la mitad o tres cuartos del recorrido bastara para marcar su presencia en una convocatoria que prometía “cambiar al país”.
Una mujer mayor comentó que había marchado muchas veces contra Morena. “Esta vieja es peor que Obrador, y lo que estamos viendo es el resultado de su gobierno”, dijo, mientras contaba que había viajado en tres ocasiones a la capital para protestar contra el mandatario. Cuando se le señaló que Lemus tampoco era una opción impecable, la mujer se defendió: “Él ha hecho todo bien. Los que le inventan cosas son los medios de comunicación”. A su alrededor, varios escuchaban con interés… hasta que remató con un contundente: “Calderón ha sido el mejor presidente de México”. Su credibilidad cayó de inmediato.
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Iniciativas como Nariz Roja se sumaron a la marcha caminando por los costados. Aunque cedieron protagonismo a los jóvenes “porque esta es su marcha”, el descontento por el desabasto de medicamentos para pacientes con cáncer se mantuvo presente, acompañando a una multitud enfurecida, pero sobre todo cansada.
Más adelante, un hombre aseguraba que las marchas no debían quemar locales, sino “quemar patrullas”, pues eso sí afectaría al gobierno. Los jóvenes a su alrededor asentían, y reclamaban que los empresarios no hubieran salido a marchar, “siendo los más afectados”.
Conforme la multitud se acercaba a Casa Jalisco, comenzaron a verse más jóvenes con banderas de la serie One Piece, ícono adoptado por el movimiento.
La manifestación concluyó en Casa Jalisco, donde se exigió justicia por Carlos Manzo, por los desaparecidos y por la violencia que atraviesa al país.
Ahí, el ambiente cambió: Un grupo encapuchado grafiteó la fachada, intentó derribar puertas con sogas y recibió chorros de agua y gas lacrimógeno. Simultáneamente, otro grupo irrumpió en el Congreso local usando herramientas de obras cercanas.
Las consignas contra Morena y contra la presidenta Claudia Sheinbaum se intensificaron, aun cuando la convocatoria original buscaba ser ciudadana, generacional y sin banderas partidistas.

Durante tres horas, otro grupo atacó la fachada del Congreso: rompió puertas, vidrios y prendió fuego en oficinas sin que ninguna autoridad interviniera para detenerlos.
Conforme el sol bajaba, las personas vestidas de blanco se fueron retirando. Lo que quedó fue el eco de una marcha convocada por jóvenes, apropiada por mayores y envuelta en tensiones políticas que contradijeron el discurso apartidista de origen.
TikTok logró convocar, sí. Pero la calle terminó mostrando que cuando las generaciones se encuentran en la protesta, los significados cambian, y las narrativas se mezclan, porque si bien los jóvenes marchaban para que “Todos los partidos se fueran a chingar a su madre juntos” los adultos mayores tenían la mirada más bien puesta en el pasado.