Cultura

Antonio Muñoz: “Una novela es como un sueño parcialmente controlado”

El escritor español habla de “No te veré morir”, un relato sobre dos jóvenes que se reencuentran en la vejez

entrevista

Existen ciertos amores que marcan a las personas porque nos hacen descubrir partes de uno mismo, dice Antonio Muñoz Molina.

Existen ciertos amores que marcan a las personas porque nos hacen descubrir partes de uno mismo, dice Antonio Muñoz Molina.

FIL de Guadalajara

¿Quién no se ha preguntado qué hubiera pasado si un amor en vez de terminar hubiera continuado? Es la pregunta que lanza el escritor español Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) en su reciente novela “No te veré morir” y quien en entrevista detalla que existen ciertos amores, independientemente de su intensidad y duración, que marcan a las personas porque nos hacen descubrir partes de uno mismo.

En el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2013 y miembro de la Real Academia Española comparte que la novela fue escrita imaginando una suite de Bach tocada por un cello. “La planteé como si tuviera delante de mí una partitura de un instrumento que conozco bien”.

“No te veré morir” (Seix Barral) narra el amor de dos jóvenes, Gabriel Aristu y Adriana Zuber, quienes se reencuentran en la vejez cuando sus vidas han tomado rumbos distintos, en parte, influidos por la guerra. Otro personaje presente es el padre de Gabriel, un crítico de música clásica que fue perseguido en España y que hizo todo para que su familia, en especial su hijo, no viviera carencias.

“El padre vive toda su vida con el trauma de la guerra y lo recuerde o no, cuando cierra los ojos, por la noche, tiene pesadillas que es una cosa que le sucedía a muchos supervivientes de todas las guerras. Entonces, esa sombra se proyecta sobre los hijos. Digamos que esos traumas saltan de una generación a otra”, comenta Muñoz Molina.

A Gabriel, su pasado con Adriana se le aparece en sueños, ¿los sueños son los protectores de los recuerdos?

He pensado que una novela es como un sueño parcialmente controlado. Lo que hace el sueño, muchas veces de manera trivial y otras de manera significativa, es tomar datos de la realidad diurna y convertirlos en una narración distinta que parece que tiene un sentido. La novela hace lo mismo.

El novelista va tomando datos y experiencias diurnas y de pronto los convierte en un relato de ficción. En ambos casos hay una ordenación de la experiencia, una ordenación inesperada de distintos recuerdos conscientes, intentas reconstruir las cosas tal como fueron que es lo que hace un memorialista o quien hace una entrevista.

En la ficción interviene lo inconsciente y no estoy hablando en términos psicoanalíticos, estoy hablando de que hay una gran parte de la vida mental que no alcanza la conciencia.

¿Los amores son nuestras ruinas, nos dice quiénes somos?

Si decimos ruina parece que es algo muerto. Lo que cuestiona este amor de la novela es por qué ha perdurado. Creo que ha perdurado porque hay veces que ciertos amores, independientemente de su intensidad o su duración, nos marcan porque nos hacen descubrir partes de nosotros mismos que de otro modo no habríamos descubierto.

Este hombre a través de su amor por Adriana descubrió, por ejemplo, la sensibilidad hacia la belleza de las cosas comunes, descubrió el fervor por la música, entonces eso ha quedado y no es ruina, es un principio activo de su vida. Es decir, ese amor le ha dejado un rasgo definitivo de su carácter.

Muñoz Molina recuerda un poema del escritor español Pedro Salinas, “La voz a ti debida”: Que hay otro ser por el que miro el mundo / porque me está queriendo con sus ojos. “Esto es, a través de la mirada de la persona querida tú ves el mundo de otra manera y eso no es una ruina, es un regalo”.

En la novela, el autor plantea la pregunta ¿qué hubiera pasado? “Lo que sucede en la vida es sólo una parte pequeña de lo mucho que podía haber sucedido, te preguntas ¿qué habría pasado si hubieras tomado el otro camino? Por regla natural, puede tener más belleza simplemente porque no lo has seguido, lo real siempre es limitado y defectuoso”.

-Menciona que otro recuerdo del pasado es el lenguaje…

Hay una gran cantidad de migrantes mexicanos en Estados Unidos o de tantos otros sitios. La lengua del pasado queda un poco atrás, pero por otra parte cobra más importancia porque es la lengua de las emociones primeras, está asociada a la memoria y al amor de tus padres. Mi personaje se acostumbró a vivir en inglés cuando llegó a Estados Unidos, pero se volvió más consciente de la belleza del español.

California era un sitio un poco utópico en el que la gente iba a reinventarse, el emigrante cuando llega quiere proyectarse porque es duro migrar, tienes que poner muchísima energía en salir adelante y además quieres que tus hijos tengan una vida mejor… a nosotros desde fuera y desde una condición privilegiada nos da tristeza que la gente abandone su lengua, pero también tenemos que comprender la necesidad de integrarse.

La novela.

La novela.