Julio Alarcón (CDMX 1993) presentó del 26 de mayo al 30 de junio del 2018 una de sus más importantes exposiciones individuales, Ticomán, Vol. 3, en La Buena Estrella, espacio de la San Rafael; muestra que fue acompañada por un modesto catálogo que reunió algunas piezas de su producción 2015-17.
Una de las obras más subyugantes publicadas y expuestas fue la serie El Novenario de Jesús, 2015, nueve dibujos de bolígrafo sobre papel de 90 x 70 cm., que ilustran el último día de vida hasta su asesinato y metafórico renacimiento de un ¿alter ego del artista?, ¿de un delincuente?, ¿un cábula de barrio?… obra que al final sugiere las expectativas de vida para jóvenes mexicanos marginados. El gran éxito expresivo de los dibujos de Alarcón no solamente radica en lo tensa de su línea y minuciosa ejecución con bolígrafo negro sobre enormes hojas de papel cuadriculado en azul, sino en su capacidad para evocar la adolescencia y la secundaria en su barrio, San Juan Ticomán.
Desde hace unos tres años, Julio ha experimentado con la escultura en barro y pintura con acrílico, buscando ampliar su repertorio visual y discursivo. En esta exposición se recrea cartones de cerveza y zapatos de fútbol que sirven como macetas y sillas de plástico con logos cheleros y una atestada crucificción de semana santa —con todo y un judas ahorcado a la distancia— que recuerda a los hermanos Jakes & Dinos Chapman.
¿Cómo el fútbol, el arte resulta una de las pocas opciones que tiene la juventud barrial para prosperar?; ¿las élites empresariales y políticas nos han impuesto que la única cultura que cuenta es la de quien no tranza no avanza?; por lo pronto, jóvenes como Julio Alarcón nos muestran con su ascendente carrera y sólida obra artística que aun cuando en el México actual no hay esperanza y el país se encuentra en desmantelamiento, el demoledor sistema sociopolítico fracasa cuando desde su indiferencia permite que el arte florezca.
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