Cultura

Reúnen en libro para niños la visión prehispánica sobre el agua: sus bondades y tragedias

“Los caballos de la lluvia y otros relatos de agua” narra con seis cuentos esa ambivalencia con la que los pueblos originarios miraban este recurso. Se presentó en la FILAH, que termina actividades este domingo

Entrega del Premio Antonio García Cubas 2022
El volumen fue presentado en la FILAH y ganó el XXVI Premio Antonio García Cubas, en la categoría Obra Infantil. El volumen fue presentado en la FILAH y ganó el XXVI Premio Antonio García Cubas, en la categoría Obra Infantil. (INAH)

“Los caballos de la lluvia y otros relatos de agua” es una antología con seis cuentos prehispánicos para niños, que describen cómo los pueblos originarios miraban con encuentro y desencuentro al agua: uno, como recurso clave para la vida y el otro como posible amenaza al presentarse como torrente e inundaciones.

El volumen fue presentado en la 35 Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (FILAH), que cierra este domingo 18 de agosto, y ganó el XXVI Premio Antonio García Cubas, en la categoría Obra Infantil.

Durante la presentación del libro, en la carpa Ir Chol Silvia Hernández Víctor, traductora de una de las narraciones antologadas, señaló que estos relatos son un claro ejemplo de la relación tan estrecha entre la oralidad y la naturaleza, pues desde diversas perspectivas y cosmovisiones abordan fenómenos climatológicos asociados al agua, como ciclones, huracanes, lluvia e inundaciones.

Por su arte, Berenice Granados, quien realizó la coordinación, edición y transcripción, explicó que fue a partir de las sequías experimentadas en el territorio mexicano durante 2023, que surgió la idea de emprender un trabajo dirigido a niños y niñas, el cual reuniera una serie de relatos orales asociados con el líquido. “Queríamos que las infancias del país conocieran las distintas visiones que se tienen en los pueblos maya, purépecha y nahua en torno a este tema”.

La académica abundó que los relatos orales recogidos fueron narrados por Gregorio Campos, Fidel Ramos, Reina Molinero, Ana Flores, Arsenio Ha y Fernando Calvillo, portadores de conocimientos tradicionales que pertenecen a distintas comunidades indígenas, como Xochimilco, en Veracruz; Nuevo Durango, en Quintana Roo; Zirahuén, Pacanda y Tzintzuntzan, en Michoacán.

El conjunto de cuentos ronda en los linderos de mitos y leyendas, toda vez que, en ellos, el viento, los relámpagos y los huracanes cobran vida para enseñar el valor del agua a los lectores.

De esta manera, la investigadora adscrita al Laboratorio Nacional de Materiales Orales (LANMO) de la Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dijo que participaron en el trabajo profesionales independientes, como el ilustrador Andrés Ramírez Cuevas y la traductora Silvia Hernández.

Para Berenice Granados, el que este libro haya ganado el Premio Antonio García Cubas es una distinción a los saberes del dominio popular y a las tradiciones orales que aún se transmiten en las comunidades. “Es reconocer que tenemos un patrimonio cultural súper rico en México, y además es una motivación para seguir editando libros alrededor de él”.

El libro es resultado de un trabajo coordinado, editado y transcrito por Berenice Granados Vázquez, adscrita al Laboratorio Nacional de Materiales Orales (LANMO) de la Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mismo que sumó a profesionales independientes, como el ilustrador Andrés Ramírez Cuevas y la traductora Silvia Hernández.

FORO DE HISTORIA: RESISTENCIAS

La Guerra de Castas permitió a los pueblos mantener su autonomía, sin que ejército alguno pudiera dominarlos por más de 50 años; “en el umbral del siglo XX, los indígenas perdieron esa batalla, pero ganaron la guerra. Prueba de ello son los mayas que hoy habitan la península de Yucatán”, sentenció la investigadora emérita del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Leticia Reina Auyama.

Con su ponencia sobre la rebelión maya inauguró el Foro de Historia: Resistencias, descontento y revolución en el sureste de México, organizado por la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, y tiene como invitado a un territorio clave en el desenvolvimiento de esta resistencia social: Quintana Roo.

La autora de “Las rebeliones campesinas en México, 1819-1906”, expuso que “la cohesión del grupo y las revitalizadas formas de organización político-religiosas, de origen prehispánico y colonial, permitieron a los mayas de la región desafiar las políticas emitidas por los representantes del gobierno, las cuales no solo buscaban arrebatarles sus tierras, sino que pretendían destruirlos como grupo étnico”, dijo al comparar su caso con los de los yaquis de Sonora y los chamullas de Chiapas.

Explicó que el origen de esta rebelión contra mestizos y criollos está en el trastocamiento de la ancestral forma de vida comunal de los mayas.

En las primeras décadas del México independiente se emitieron leyes, como la del deslinde y colonización de terrenos baldíos, que supuso el despojo de sus tierras para la plantación de henequén, y a las que incorporaron como peonaje.

La reacción violenta a la que fueron sometidos se vio también favorecida por la división existente entre la oligarquía campechana y la yucateca. Ambos grupos, durante el conflicto político de 1840, habían armado a los indígenas, fue así que se abrió un espacio para que la protesta tomara fuerza en las comunidades ubicadas en los límites de las plantaciones henequeneras y cañaverales.

“En esta zona comenzaba el territorio maya y, justo allí, arrancó la rebelión. Los primeros grupos que se levantaron provenían del sur y oriente de Yucatán, encabezados en un principio por Manuel Antonio Ay, Cecilio Chi y Jacinto Pat. Su avance y expansión provocó que sus antagonistas, antes divididos, unieran esfuerzos”, explicó Leticia Reina.

En el conversatorio, moderado por el director del Museo Nacional de Historia, Salvador Rueda Emites, la especialista señaló que un factor decisivo para la prolongación del conflicto maya fue el patrón de asentamiento disperso, favorecido por el sistema agrícola de tumba-roza-quema. Al hallarse cerca de los centros hegemónicos hubo una continuidad del sistema social y político maya, de corte teológico-militar.

“Así, al principio, aparentaron un fraccionamiento de la lucha, pero, en realidad, la sobrevivencia de este sistema de organización les permitió resistir varias décadas en combate, ya que ni las tropas estatales ni las federales, pudieron descabezar el movimiento”, precisó.

Como expuso el también investigador de la DEH, Alejandro de la Torre Hernández, el esclavismo que ejercía el régimen porfirista en la península de Yucatán fue ampliamente denunciado en las páginas de Regeneración. Un fenómeno que, anotó, es por demás vigente si se atiende a las cifras de la Organización Internacional del Trabajo que, en 2023, reportaba que alrededor de 40 millones de personas en el mundo viven en condiciones de esclavitud.

Durante su segunda y tercera épocas, entre 1904 y 1906, indicó, este periódico anarquista, con Ricardo Flores Magón a la cabeza, dedicó 60 artículos a la situación en Yucatán, un aproximado de 200 cuartillas. El primero de ellos, “Consecuencias de la tiranía, la barbarie oficial”, abordó la deportación de los yaquis rebeldes a las plantaciones henequeneras de Yucatán.

“Desde los últimos años del siglo XIX, en el imaginario político de los opositores al régimen porfiriano, Yucatán era retratado como una tierra agreste, destinada a la deportación de criminales, cautivos, disidentes políticos y soldados insubordinados. La prensa nacional la llamaba Siberia mexicana.

“La batalla que dieron los periodistas opositores fue la del lenguaje, refiriéndose a la oligarquía yucateca como ‘esclavista’, ‘negrera’; llamaron al gobernador Olegario Molina Solís, ‘Nerón del Cientificismo’. Las haciendas eran retratadas como lugares infernales, en particular la de Emites, propiedad del hermano, Audomaro Molina, al que apodaron ‘La hiena’”, finalizó el investigador.

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