
Katia Tirado es una de las artistas más fuertes que conozco. Su cuerpo es como un planeta con órbita propia y tanto su mirada como su voz tienen una potencia única.
Cuando la veo, me gusta contemplarla, recorrerla con la mirada y descubrir cada tatuaje y cada gesto, Katia es un universo. Y qué decir de su trabajo… su sola presencia impone.
He visto varias piezas de ella en las que permanece estática, como una diosa, casi como una esfinge perversa, cargada de sensualidad. De teatro sabe mucho, pero es en el performance donde la veo más seguido y desde donde hablo, es una performancera tremenda.
Ella no lo sabe, pero fue una de las primeras artistas que me tocara ver haciendo performance, hace doce años, y saber cómo trabaja me insta a seguir, me convence que vale la pena no trabajar en un banco y esperar a que llegue la oportunidad de que el arte nos salve.
Katia dejó la ciudad pero viene constantemente y aunque hace tiempo no la veía, estas últimas semanas la he topado en varios eventos, homenajes todos a Juan José Gurrola. Sé que le faltará ahora un pedacito, a ella y a muchas otras, de Juan José, ese cielo protector como ella lo llama, como un vestido que te cubre, como un plato que se llena y un rostro que se sonroja.
Sé que mucha gente está triste, pero la vida sigue y ni modo, habrá que matar al toro como decía Gurrola, y dejarlo ir.
Un beso se deposita sobre un plato, que se deja seducir por el labial rojo. Son 18 platos y vuelan 18 vestidos sobre ellos, 18 vestidos de 18 mujeres que lo amaban, incluido el de Katia. Quizá 18 homenajes chiquitos se juntaron en el que hizo Katia en El Eco, y a donde afortunadamente pude ir. Un beso.
Yei yei. Tú eres el fin del mundo. El corazón. Too strong light. Snow, J.J. Mi amor, oye cielo…. Te amo…. Adiós. Esto es lo que dijo Katia, sus claves, sus palabras, sus recuerdos… ¿Qué se le puede decir a esa persona cuando ya no está? ¿Nos escuchará? ¿Sabrá que nos hace falta?
Cuando lleguemos lo sabremos, mientras sólo nos queda recordar y agradecerle a la gente que con sus actos nos ayuda a hacerlo, con sus vestidos y zapatos, con sus besos y sus bocas, con sus tatuajes y sus piernas… para que volteemos a donde tengamos que voltear y ver que cada uno tenemos nuestro propio cielo protector.
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