“Vamos a echar taco”, dijo el presidente Felipe Calderón y le hincó el diente —ayudado de tenedor y cuchillo— a las famosas carnitas michoacanas.
Bajo la premisa de que los cerdos no son los causantes del virus de la influenza, el Ejecutivo federal aceptó la invitación de los porcicultores de su entidad natal.
Fue en el municipio de Zamora, luego de entregar una unidad médica, donde Calderón presumió que la receta secreta de la preparación de las carnitas “se imita en todas partes, pero todavía no se llega a igualar”.
Antes de degustar los tacos del famoso platillo michoacano, el mandatario atribuyó las medidas que han dificultado la comercialización del cerdo y sus productos, como “fruto de la ignorancia o el desconocimiento”.
Esta ignorancia, dijo, llevó a algunos países, como Egipto, a matar cerdos. Algo que un gobernador citado por Calderón, pero sin revelar su nombre, bautizó como el “marranicidio”.
En el jardín de la Unidad de Medicina Familiar del IMSS número 82, además de carnita se sirvió chicharrón, salsa verde, refrescos y la “comilona” fue amenizada con música de tambora, en la cual no faltó la canción del sexenio Caminos de Michoacán.
Para degustar el platillo típico, el presidente Calderón estuvo acompañado por su hermano mayor, el doctor Luis Gabriel Calderón, el gobernador Leonel Godoy, los secretarios de Agricultura y de Medio Ambiente, el director general del IMSS y el secretario general del Sindicato de Trabajadores del Seguro Social.
El gobernador Leonel Godoy confió en que la degustación de las carnitas por parte del Jefe del Ejecutivo ayudará a la gente a confiar nuevamente en los productos del cerdo, y a nivel nacional y en el extranjero se recuperará la dañada imagen de la porcicultura.
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