Escenario

“La Recua”: Un simbólico viaje en memoria de los antepasados a causa de las nuevas tecnologías

CORTE Y QUEDA. Darío Higuera Meza presentó su ópera prima en el Festival Internacional de Cine de Los Cabos, un emotivo y bello documental que ganó el premio de la prensa

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La recua era una tradición que se ha abandonado poco a poco para dar paso a las nuevas tecnologías.

La recua era una tradición que se ha abandonado poco a poco para dar paso a las nuevas tecnologías.

CORTESÍA LOS CABOS FILM FESTIVAL / Alejandro Rivas Sanchez

Una recua es conocida, por definición, como el conjunto de animales de carga que se llevan juntos en el transporte de alguna mercancía. Usualmente se refiere a las mulas, burros o caballos que se usaban justamente en largos trayectos para el trajinar de algunos productos del campo, realizando largas caminatas por senderos en los que familias enteras llegaban a participar.

Para Darío Higuera Meza, realizador del documental que lleva el mismo título, La recua era una tradición que se ha abandonado poco a poco para dar paso a las nuevas tecnologías. Las carreteras y los autos han ido mermando la existencia de este viaje casi ritualístico que pasó de ser un legado familiar a algo que casi radica en el olvido.

Es por ello que, para este proyecto, Don Darío decidió emprender una “última” recua en memoria de sus antepasados y de su hermano fallecido, llevando una carga con su grupo de mulas y parte de su familia a través de 300 kilómetros que irán desde su pueblo natal hasta el poblado de La Paz en Baja California Sur.

La historia sigue a Don Darío y su última recua simbólica.

La historia sigue a Don Darío y su última recua simbólica.

CORTESÍA LOS CABOS FILM FESTIVAL / Alejandro Rivas Sanchez

Esta aventura, codirigida por Trudi Angell, nos muestra un viaje por la tradición y la memoria histórica no sólo de Don Darío sino también de un pueblo que se ha olvidado poco a poco de sus raíces, que ha enfrentado los pros y contras del progreso y en el que la recua, la ganadería y el cuidado del campo han pasado a segundo término ya sea por las ventajas educativas o por la violencia misma del país en que vivimos.

A través de una emotiva mirada personal, seguimos los pasos de Don Darío desde los preparativos con el trabajo de talabartería para poder realizar semejante jornada de días hasta las preocupaciones por la salud de su familia y la de él mismo, que parece estar haciendo su último trajinar de esta índole. Es a través de su memoria y los encuentros en sus paradas, así como las charlas, que vemos la importancia de este trabajo que resuena ante el olvido de las tradiciones y cultura en Baja California Sur.

El agreste paisaje sudcaliforniano es uno de los principales atractivos de este documental. La fotografía nos hace ver las maravillas naturales de este paisaje por el cual se realiza la mencionada travesía, convirtiéndolo en toda una experiencia visual que pocas veces hemos visto. El trabajo de Alejandro Rivas, Elizabeth Moreno y Erik Stevens logra transmitirnos esa sensación de aventura desértica que los arrieros de tiempos anteriores experimentaban al atravesar esta zona semidesértica.

La conjunción de estas dos visiones, del ranchero y de la organizadora de tours rurales, hacen que la dirección del filme nos haga revivir la historia y los saberes indispensables para habitar el desierto, pero también nos muestra cómo esas enseñanzas y el legado de la misma sobrevive a través de Azucena y Ramoncito, dos pequeños arrieros que acompañan al protagonista en que nos vuelve en testigos de su andar por el antiguo camino real.

El filme destaca por su fotografía.

El filme destaca por su fotografía.

CORTESÍA LOS CABOS FILM FESTIVAL / Alejandro Rivas Sanchez

Otro factor agregado es la musicalización, misma que le da ese tono casi de aventura fuera de nuestro tiempo. Como si el andar de estas mulas, los jóvenes y el experimentado arriero fueran parte de otro momento en el que el frenesí del progreso no nos ha alcanzado aún. Paso a paso, nos regalan una partitura que parece el son perfecto para el andar de las mulas y los protagonistas.

Así, La Recua como documental se convierte no sólo en un testimonio de vida y obra de su propio realizador, sino en un viaje de añoranza, en un proyecto lleno de nostalgia, emoción y belleza que nos lleva por el camino real de las tradiciones que poco a poco parecen irse perdiendo en nuestro país. Pero sobre todo, esta travesía nos recuerda que, como bien decía el texto de Antonio Machado, se hace camino al andar.

Después de su paso ganador por el Festival DocsMX, donde se llevó el galardón a Mejor ópera prima, este emotivo documental llegó a la décima edición del Festival Internacional de Cine de Los Cabos, donde formó parte de la sección La Baja Inspira, obteniendo el Premio de la Prensa y conquistando a la audiencia a su paso.