La historia que tienes entre tus manos no tiene un lugar en específico. Seguramente la has escuchado en tus sueños, la has vivido en silencio o incluso la has saboreado sin darte cuenta.
Todo comenzó el día en que esperabas sentirte feliz y algo dentro de ti no se sentía así. La realidad tenía un halo de misticismo, se sentía lejana, y empezó a sonar esa alerta silenciosa de cuando algo no encaja, incluso aunque todo “parezca perfecto”.
No era ansiedad (ese miedo al futuro), ni depresión (la nostalgia del pasado), ni deseo (la fuerza que empuja hacia lo que quieres). Era otra cosa: como si algo se hubiera encogido alrededor de ti, como si la vida susurrara: “Es hora de transformarte”.
Y fue ahí cuando emprendiste tu viaje, el viaje que hoy vengo a recordarte. Ese día llegaste, cansado viajero, con la ropa sucia y el calor acumulado de tantos pasos sin rumbo. Tu olor despertó mis sentidos. Intentaste explicar cómo te sentías, pero olvidaste que aquí no se habla con la boca: se habla con el alma.
Me deslicé hacia ti. No te toqué, pero mi presencia te envolvió. Debes recordar que siempre voy un paso adelante. A veces se te olvida que tengo un sentido muy desarrollado —eso que llaman intuición—, yo lo habito. Te observé en silencio. Muchos te ven intenso o reservado, pero yo sé la verdad: eres alguien que siente con todo el cuerpo, con el corazón y con el alma.
Entonces comencé a susurrarte: “Viniste a evolucionar, no a repetir. A mudar de piel, una y otra vez, hasta recordar tu forma más auténtica”. Entonces llegaron los recuerdos: comienzos que dolieron, pérdidas, cambios repentinos. Pude ver cómo tu piel se volvía más transparente, reseca, marcada. ¿Cómo no notaste esas manchas antes?
Escucha con atención: no es el fin. Es el proceso. Estás mudando de piel. Cierra el ciclo sin miedo y deja ir lo que ya no nutre. Cada vez que lo haces, renaces más fuerte.
Esta historia no es un cuento de hadas… Tú y yo somos la misma serpiente que muda de piel para renacer.No hay “felices para siempre”, pero sí un feliz inicio de temporada.
P. D.
Cuando termines, deja la piel que te quitaste en un sitio donde no estorbe. Ya no necesitamos volver a ella.