En un momento donde lo tradicional dialoga cada vez más con lo contemporáneo, la exposición “Corre y Se Va Corriendo” se instala como una apuesta lúdica y crítica que reinterpreta uno de los símbolos más arraigados de la cultura popular: la Lotería Mexicana. Presentada por LUAN Museo Emocional en colaboración con Lotería Gallo, esta muestra colectiva inaugura el próximo 7 de mayo de 2026 en Roma Norte, Ciudad de México, como parte de la séptima edición de su programa “Campo de Juego”.
Más que una exposición, el proyecto es el resultado de un proceso educativo y creativo que ha reunido a más de 100 creadores a lo largo de sus distintas ediciones. En esta ocasión, participan 64 artistas provenientes de ciudades como Ciudad de México, Hermosillo, Querétaro, Puebla e incluso Bogotá, quienes fueron invitados a reinterpretar las cartas clásicas de la Lotería desde su propia experiencia, lenguaje y disciplina.
En conversación con Yanira Matienzo, cofundadora y directora de Innovación y Educación de LUAN, queda claro que el corazón del proyecto está en el proceso tanto como en el resultado. Cada artista recibió una carta de forma azarosa —“como si el destino la asignara”— y, a partir de ella, desarrolló tanto una reinterpretación visual como una pieza artística que puede ir de la pintura a la instalación o la escultura. El ejercicio no solo resignifica los símbolos tradicionales, sino que los expande hacia nuevas narrativas personales y colectivas.
“Son imágenes que tenemos tatuadas en la psique”, explica Matienzo, aludiendo a figuras como La Dama o El Nopal. Sin embargo, la propuesta no se limita a revisitar lo conocido: diez de los artistas participantes desarrollaron cartas inéditas, introduciendo elementos contemporáneos como el xolo, la michelada o posibles símbolos urbanos aún ausentes del imaginario oficial. La pregunta queda abierta tanto para creadores como para visitantes: ¿qué cartas le faltan hoy a la Lotería?
Lejos de ser un ejercicio nostálgico, la exposición se plantea como un espacio vivo de encuentro. Durante los días de exhibición, el público podrá dialogar directamente con los artistas, asistir a recorridos guiados y participar en partidas de Lotería dentro del recinto. Esta dimensión interactiva responde a la propia naturaleza del juego: una experiencia compartida que, como señala Matienzo, sigue profundamente vigente en la vida cotidiana de muchas familias mexicanas y en comunidades migrantes, donde incluso es conocida como “Mexican Bingo”.
La historia misma de la Lotería —que en México fue apropiada por el pueblo y difundida por soldados durante distintas etapas históricas— refuerza su carácter colectivo y mutable. En ese sentido, “Corre y Se Va Corriendo” no solo revisita el pasado, sino que lo pone en movimiento, permitiendo que nuevas generaciones lo cuestionen, lo adapten y lo hagan suyo.
Uno de los pilares del programa “Campo de Juego” es su apertura radical: no hay procesos de selección ni filtros tradicionales. Cualquier persona que decida participar es bienvenida, bajo una lógica que privilegia la confianza, el riesgo creativo y la evolución personal. “No solo importa el resultado, sino el proceso de atreverse a crear y compartir”, subraya Matienzo. Esta filosofía convierte al proyecto en un espacio seguro donde el arte se entiende también como una herramienta de agencia y transformación.
Tras su paso por Ciudad de México, la exposición iniciará una gira nacional e internacional que contempla ciudades como Querétaro —cuna histórica de la Lotería—, así como posibles sedes en Guadalajara, Monterrey y Estados Unidos. La expansión responde no solo al éxito del formato, sino a la universalidad del juego como vehículo de identidad y memoria.
La invitación, en palabras de su directora, es simple pero poderosa: acercarse al arte desde un lugar accesible, amable y divertido. Jugar, mirar, escuchar y, sobre todo, reconocerse en las historias que emergen de cada carta reinterpretada.
Porque, al final, como en toda buena partida de Lotería, el azar también es una forma de encontrarnos.