
Hoy nos congregamos aquí para dar la justa, admirada y agradecida bienllegada al reciente libro de Martha Cerda: "Cómo llegar a los ochenta sin sucumbir en el camino"; con el sello de la editorial La Zonámbula. Ese atractivo título me dio pie para nombrar a mi texto de presentación:
Cómo llegué hoy hasta aquí para decir aunque sea un poco de Martha…
…de Martha Cerda, la que es atemporal con su genial escritura también atemporal.
Atemporal porque desde su primer libro: “Juego de damas”, y los de en medio hasta éste, quedarán en la memoria de sus lectores y proseguirán con futuros lectores, y será leída siempre porque ellos y yo atestiguamos que su escritura trasciende ya que hemos saboreado y admirado: su prosa impecable, sus metáforas e imágenes fulgurantes, sus diálogos precisos, su atinadísimo sentido del humor, y sus mensajes siempre directos al blanco en obras de ficción y ensayos.
Quise empezar así mi charla porque en un reciente texto de Martha (“Modificación de último momento”, que no está en este libro, quizá en el próximo) uno de sus dos personajes dijo: “La creación es intemporal. Y yo, tu creador, estoy permitiendo que me cuestiones en este momento”. Se trata de dos protagonistas en una pieza teatral: es un enfrentamiento entre el personaje y su creador. Aunque ese texto, repito, no está en el reciente libro, tiene mucho que ver con el nuevo contenido. Yo, lectora, presencié esos encuentros entre Martha/autora y los personajes que está inventando con un empoderamiento reconocido, no tácito sino palpable. Es un saber a ciencia cierta que tiene toda la autoridad para hacer de su escritura lo que le venga en gana y resultará, exactito, lo que quiso compartir con base en la experiencia que ha acumulado y demostrado.
De este libro ella dijo: “es un libro de retazos como yo: en ratos soy escritora, en ratos esposa, en otros mamá y abuela y hasta maestra, también me doy tiempo para ser amiga”. Y, precisamente, leí destellos puntuales de todos esos sentimientos, o afectos, o sensaciones: retazos convertidos en cuentos, anécdotas, ensayos, y ajuste de cuentas con partes de su pasado, de esos 80 magníficos años que van dejando huellas trascendentes en el presente y en el futuro de la literatura. Por supuesto en los cuentos leí a la Martha/autora de ficción; y, en anécdotas, remembranzas, ensayos, o eventos actuales, leí a la Martha persona viva que nos sonríe, que narra lo que ha experimentado; en ellos es lo verídico, lo que siente y desarrolla; sin embargo, me topé con algo precioso: y es que… (voy a balconearla: he recibido otros nuevos textos y sigue haciendo esa maravilla de entremeterse) retomo… y es que en algunos textos de ficción también la veo que quiere confirmar su presencia y que lo está haciendo en ese momento, veo a la Martha/autora en una metaficción genial. Ahí, ella retoma el momento de la enunciación, el minuto de la creación para enarbolar su bandera de dominio de lo que está haciendo. Son “bocados de cardenal” al final de la lectura del texto en cuestión que me hacían sonreír y decirme: “constato que es Martha, la Martha que está más allá del seguir aprendiendo, más allá del “Eureka” cuando hemos encontrado una maravilla para proseguir con el relato, o el final”. Yo he sonreído con esta lectura, he disfrutado lo que conozco de su pasado o de su presente, y reconozco sus querencias.

Por supuesto que la intertextualidad se manifiesta al paso de los cortos párrafos que conforman este libro con textos breves, fugaces [solamente el último drama consta de 13 páginas; y son de pequeño formato], una intertextualidad que requiere la buena memoria del lector, y es que no dirá el nombre de autores o títulos, sino la mención de tres palabras de la trama, o la mitad del título sin itálicas o comillas. Su intertextualidad es parte de sus juegos de palabras, su ser lúdico disfruta al hacerlo (la imagino sonriendo cuando lo hace); uno de los ejemplos lo leí en el texto que se llama “Insomnio”. Son cinco párrafos llenos de metaliteratura e intertextualidad.
Otro de los textos que subrayé dos veces es el que tiene título de pieza teatral: “Obra en tres actos” pero no lo es per se, o sí lo es en el teatro de la vida. Leí con regocijo los juegos de palabras, y parpadeé al imaginar cómo plasmó las nítidas imágenes literarias, casi mágicas, con un dominio sorprendente de la narradora voz masculina (no es novedad, lo hemos constatado en otros personajes en sus diferentes y varias publicaciones).
A la acción del drama en un acto: “Cautiva en… la cocina”, Martha lo sitúa en el principio de este siglo; muy importante notar eso porque ahora, pasado el primer cuarto del siglo XXI, la evolución del pensamiento y de la integración son más asequibles y empáticos. Martha cierra el libro con este texto; la autora, enérgica defensora de la mujer, en esta pieza teatral otorga al personaje masculino una voz más fuerte, más consciente, más rebelde y asertiva que a la mujer sufriente. La autora sabe también cuándo defenderla, cuándo erigirla a su justa posición, y cuándo aceptar que hay mujeres que aún se dejan aplastar por convencionalismos de género y de familia.
Repasé en mi mente las décadas de vida de Martha, y las que me había tocado en dicha estar cerca. Repasé las épocas en las que he sido simplemente lectora (porque así empecé, claro), y me di cuenta de que, ahora, nuestra Martha escribe a más grande velocidad, leí que quiere atrapar las palabras rapidito, sujetarlas en la línea correspondiente, dejarlas ahí para constancia de que sigue escribiendo como se le pega su gana. Ah, pero, querido futuro lector, no por eso será una escritura “al aventón” ¡No! Martha escribe rápido cuando ha formado cada frase exacta en su mente brillante, sabia, con un sentido del humor delicioso, con la sátira presta, prestísima como que no quiere la cosa. Además de mi respeto, cariño, y admiración desde hace cuatro décadas, me hizo feliz leer a esta Martha con 80 años gozosos, deleitables, y riquísimos en las más variadas experiencias.
Entonces, querido futuro lector, ya les he otorgado suficiente información para que se arranquen a leer este libro; es “flaquito”, lo acabarán en una sentada. Lo que no se acabarán es la reflexión que les quedará, ese dejar su mirada en un punto para recordar todo lo que leyeron, y lo que les dejó la punta del hilo de Ariadna que les ayudará a llegar a la entrada o salida del viaje literario fantástico que ofrece el libro: "Cómo llegar a los 80 sin sucumbir en el camino".
Ruth Levy
SOGEM Guadalajara, viernes 20 de marzo de 2026

ACERCA DE RUTH LEVY
Ruth Levy nació en Colima pero desde 1966 vino a Guadalajara para estudiar letras en la Universidad de Guadalajara; ahí obtuvo dos maestrías y un doctorado, además de otro en Alemania; se jubiló después de 35 años de dar cátedra. Aparte, 15 años antes fungió como profesora en instituciones privadas de enseñanza.
Es autora de cinco libros de ensayos y cuatro de cuentos; ha participado como coautora en 40 obras de ensayo, cuento y poesía. Ha ganado tres premios nacionales y uno internacional, ademas de participar con múltiples colaboraciones en periódicos mexicanos y extranjeros.
Ha dictado una veintena de conferencias, ponencias y conferencias magistrales en congresos en el país y fuera de él, así como en una treintena de presentaciones de libros y de prólogos de obras de diversos autores.
Aparece citada y como parte de antologías, en siete textos de literatura mexicana.
Considera que escribir sigue siendo su oasis habitado por todos los seres reales y fantásticos que han anidado en sus textos.