
En la fecha de su natalicio, este 24 de abril se realizó un coloquio-homenaje en memoria del connotado escritor oriundo de Los Altos de Jalisco, Arturo Rivas Sáinz, en la sede la escuela SOGEM Guadalajara, con la asistencia del secretario de Cultura de Jalisco, Luis Gerardo Ascencio Rubio, quien participó en la inauguración del evento.
Participaron, además del secretario de Cultura, el escritor Dante Medina, la directora de SOGEM Guadalajara, Martha Cerda, y la diputada Tonantzin Cárdenas Méndez, entre otros autores y personalidades del ámbito de la literatura local.
El homenaje al maestro Arturo Rivas Sáinz, fue organizado por el doctor Carlos Axel Flores Valdovinos. A continuación exponemos el texto que Martha Cerda, dedicó al homenajeado durante el evento:
Conocí al maestro Arturo Rivas Sáinz a través de mi hermano Jorge Cerda González, a quien también le atraía la idea de ser escritor y formaba parte del Ateneo Summa.
Así fue como llegué, un lunes en la noche, a casa del maestro Rivas Sáinz, allá por el fraccionamiento Jardines del Country. Los lunes eran sagrados porque era cuando el maestro recibía a escritores y a quienes él percibía futuros escritores, como era mi caso.
Ser su invitado era un privilegio, no recuerdo detalles, pero era la típica casa de clase media, acorde con la sencillez del maestro. Ahí se reunían alrededor de una decena de personas, del pequeño mundo literario de la Guadalajara provinciana de aquella época, a leer sus incipientes obras. Entonces no había talleres literarios como los que conocemos ahora, eran tertulias en las que los afortunados asistentes leían sus cuentos o poemas. El maestro presidía la tertulia sentado en su sillón, que para nosotros era un trono. No hacía comentarios, solamente escuchaba, a eso íbamos todos, a escuchar y ser escuchados. Para los que empezábamos era nuestro bautizo, nos daba sentido de pertenencia y nos alentaba a seguir su ejemplo.
Circulaba, entre los que asistíamos a esas convivencias, el dicho de que el maestro Rivas no hablaba, y el doctor Nandino, otro de los mentores al que acudían quienes pretendían ser poetas, no oía. Pero la atención que nos brindaban era suficiente para sentirnos ungidos. Leíamos nuestros textos ante los demás, y nos retirábamos sin saber si eran buenos, regulares o malos; sin embargo, recibíamos algo más valioso, el apoyo moral y la calidez de su hogar. Nos sentíamos acogidos. Anita, la esposa del maestro, nos atendía con cortesía y amabilidad, nos ofrecía algo de beber mientras esperaba, pacientemente, a que nos retiráramos casi a medianoche, satisfechos e ilusionados con volver el siguiente lunes. Hoy en día no cualquiera ofrece su casa a desconocidos.
Entre quienes asistían a aquellas tertulias recuerdo a Amalia Guerra, que ya gozaba de reconocimiento como cuentista; a Caty, su hija, que murió joven mucho antes que Amalia; a Matilde Pons, también ya fallecida; a Carolina Aranda; a Patricia Medina; a María Luisa Burillo y a Carmen Gloria Lugo, guapa, excéntrica y desinhibida, que solía vestirse como sevillana, con flores en el pelo o con sombrero, y que cambiaba de galán como de zapatos.

Entre los varones estaban el poeta Artemio González, Javier Garabito, Constancio Hernández Allende, un político conocido de la época también aficionado a la literatura y, para nuestra sorpresa, solía aparecer el mismísimo gobernador Flavio Romero de Velasco. Para el maestro todos éramos iguales.
De las mujeres algunas lograron destacar, Matilde Pons como novelista, Patricia y María Luisa como poetas. Carolina se ha dedicado a la docencia, es una excelente tallerista y la decana de los maestros de la Sogem, está con nosotros desde la fundación de la escuela.
No puedo dejar de mencionar a la revista Summa, fundada por el maestro Rivas Sáinz, que fue un testimonio de la literatura jalisciense y reconocida a nivel nacional. Ser publicado en ella era la consagración de nuestros esfuerzos.
Bajo la mirada del maestro di mis primeros pasos por este camino, el resultado de su ejemplo es este lugar dedicado a formar escritores comprometidos con la literatura: la Sogem, donde renuevo cada día mi fe en el milagro de la creación.
Los verdaderos escritores no tratan de competir, sino de compartir.Este es el legado de maestros como don Arturo, que ha perdurado hasta el día de hoy.
Martha Cerda