La sociedad mexicana, al igual que otras tantas que gravitan en torno al espíritu progresista, tiende a una polarización que va más allá del clásico antagonismo del proletario frente al capitalista; hay un nuevo tipo de lucha de clases que le planta la culpa de las injusticias y desigualdades a ese ente casi metafísico, sistémico y, para algunos, estructural, llamado patriarcado.

Sin quererlo, estamos inmersos en una abierta y campal guerra de sexos en la que toman la ofensiva las feministas. Quien golpea primero, golpea dos veces. Mujeres emancipadas, empoderadas, libres… enfrentando a los hombres opresores, violentos y abusadores. Dicen las del paliacate morado: queremos igualdad; les responden sus contrapartes masculinas heterosexuales: lo que quieren son privilegios y hegemonía. Lo dice la presidenta, como mejor demostración: es tiempo de mujeres, yo llegué y conmigo llegaron todas.
Las trincheras en esta batalla cultural están bien definidas, tanto en los espacios físicos como en los virtuales: cada 8 de marzo las feministas desfilan protestando en contra de los feminicidios, el techo de cristal y la opresión masculina… Y del 17 al 19 de abril se celebró en el Santuario de los Mártires Mexicanos, ubicado en el Cerro del Tesoro, en la zona metropolitana de Guadalajara, el Fearless Congress, que se promocionó como el congreso de masculinidad más grande de Latinoamérica.

En los espacios virtuales, las insurgencias feministas han creado todo un ecosistema digital para exponer sus posturas y hacer proselitismo a favor de su causa. Otra esfera en Internet, una por cierto muy socorrida por los cibernautas varones, la conforman influencers dedicados a responder y desmentir los dichos y afirmaciones del progresismo, en la que destacan figuras como el politólogo y escritor Agustín Laje y Emmanuel Danann (nombre artístico de Manuel Jorge Gorostiaga), youtuber profesional, partidario de las ideas libertarias y polémico por controversias con miembros de la comunidad LGBTQ.
Dentro de este ecosistema, también digital, hay un submundo del que ya hemos hablado: la manosfera, encabezada por creadores de contenido que se destacan por ser abiertamente contestatarios y reactivos al discurso feminista y woke; defienden el modelo tradicional de varón y, ante su demérito actual, lo reivindican en todo su valor y mérito histórico, económico, político y, por supuesto, cultural. Hombres heterosexuales defendiendo a hombres heterosexuales: una premisa sencilla, sosteniéndose como la antítesis de los hombres performáticos (o “aliades”) deconstruidos bajo los dictados del progresismo y del feminismo.

Lo que parecía extraño es que, así como hay hombres performáticos ansiosos por la validación femenina, que hacen incluso proselitismo en Internet contra el machismo como una suerte de convalidación progresista en su necesidad de mostrar variantes de nuevas masculinidades no patriarcales, también hay mujeres activas en las redes sociales que alzan la voz contra el feminismo y le dan su abierto y moral apoyo a los hombres en su actual denostación y marginación. Las feministas llaman despectivamente a estas mujeres: pick me girls.
Las más activas e influyentes en Internet han sido agrupadas por la antropología feminista y progresista en la llamada womanosfera, también denominada femiesfera, la cual, al igual que la manosfera, está constituida por influencers y creadoras de contenido en redes sociales que, en el caso del mundo anglosajón, reivindican los tradicionales roles de género.
Si bien hay que dejarlo claro, la womanosfera en países como Estados Unidos está ligada con el concepto y corriente cultural conocida como TradWife (abreviación de traditional wife o esposa tradicional), cuyo público al que desean aleccionar son jóvenes y mujeres en general, a quienes buscan convencer de las bondades de seguir el estilo de vida de la esposa de antaño, cuyo ámbito era el hogar, su tarea el cuidado de su familia y esposo, y su objetivo convertirse en una esposa y madre modelo.
Por cuestiones socioculturales y socioeconómicas, en México y en casi toda Latinoamérica no ha prendido el movimiento TradWife. Echarle el lazo, hablando coloquialmente, a un hombre proveedor capaz de sostener él solo, con sus ingresos (o mejor aún, con sus negocios), a una familia del viejo cuño, se antoja una proeza que ni san Antonio puede socorrer. Esos hombres no abundan.
Pero no por eso deja de existir, en los países de habla hispana, incluido México, una womanosfera de influencers cuya misión en común es desmentir al feminismo más radical, exaltando el modelo original e idealizado de varón: fuerte, responsable, galante, atento…
El proselitismo virtual de estas activistas es de lo más variado: están las que increpan a las mujeres que supuestamente han caído en los engaños del feminismo, como es el caso de Sol G sin censura (nombre de marca de la argentina Soledad González).
Hay otras que se anuncian como terapeutas de las masculinidades y feminidades enfermas o dañadas, supuestamente por el progresismo cultural contemporáneo; en este papel destaca la influencer y doctora que se presenta como “De rana a reina”, Sarahi Cervantes.
Están también las que denuncian la aparente discriminación que sufren los varones por parte de las instituciones públicas y de gobiernos abiertamente progresistas, que dan por ciertas y válidas las banderas del feminismo más radical. Aquí la figura más conocida es la que se hace llamar la Tía Antifeminista, también conocida como “Alisa Políticamente Incorrecta”.
La lista es amplia y favorecida por los algoritmos y los usuarios antiprogresistas. Solo por dar algunos nombres más de destacadas influencers de esta esfera de activismo cultural: Lilina Garrido, Abigail Luna, Dai Beltrán…

En conclusión, tenemos una verdadera mitosis en la womanosfera en lo que respecta a América: está la anglosajona, cuyas activistas tienen por fin ayudar a las mujeres, sobre todo a las jóvenes, a desaprender las lecciones del progresismo y el feminismo, proponiéndoles conectar con una feminidad más tradicional.
La womanosfera latinoamericana no se limita a dar consejos a las mujeres; también alecciona a los varones y a ambos los previene de los supuestos engaños de la cultura progresista contemporánea.
Sus influencers alzan la voz y opinan sobre temas tan variados y controvertidos como el aborto, las denuncias falsas contra varones y la impartición en las escuelas de ideas y banderas woke.
En la batalla cultural hay hombres defendiendo el feminismo y mujeres abogando por la dignificación del modelo tradicional de varón.