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2025: retrocesos y esperanzas

El año 2025 ya se va, y en la despedida merece la pena pensar en cuál es la situación de los derechos de las mujeres y las niñas en el mundo. El panorama no es halagüeño: de acuerdo con ONU Mujeres, una de cada cuatro naciones ha reportado retrocesos en este ámbito en los últimos años. Estos retrocesos se enmarcan en el auge de los nacionalismos y autoritarismos, que ven a la mujer como un campo más de control para implementar sus modelos de país.

Y es que esta reacción conservadora implica una ofensiva organizada contra la igualdad de género. Conviene subrayarlo: si la mitad de la población sufre retrocesos en sus derechos, la democracia está siendo erosionada gravemente. No lo olvidemos: una democracia es tan fuerte como lo sean las garantías para toda su población, especialmente para quienes han vivido y viven procesos de discriminación estructural.

De acuerdo con el documento elaborado en el marco del aniversario 30 de la Plataforma de Beijing, el acuerdo internacional más importante sobre derechos de las mujeres, adoptado en 1995 por 189 países en el marco de la ONU, el problema central radica en la brecha entre las normas y su aplicación. Aunque la legislación parece avanzar, la falta de financiamiento, la ausencia de rutas de implementación y la de rendición de cuentas hacen que el impacto real de estas medidas sea muy limitado. Este diagnóstico puede aplicarse a México, donde persiste la violencia contra las mujeres, la impunidad de los violentadores y el subregistro.

No olvidemos que, según datos del INEGI, 70 por ciento de las mujeres mexicanas considera haber sufrido algún tipo de violencia. El mismo instituto sorprendió este año con un nuevo y alarmante dato: 30 por ciento de las mujeres mexicanas ha sido víctima de violencia sexual en línea, una modalidad para la que no se cuenta con modelos de atención específicos.

El feminicidio, la expresión más extrema de violencia contra las mujeres, pasó de 428 casos en 2015 a 829 en 2024, según el Índice de Paz México 2025, que se basa en los datos oficiales. Los homicidios de mujeres también aumentaron: un 58 por ciento en ese mismo periodo. Los picos se alcanzaron en 2019 y 2020 respectivamente, desde entonces se observa un ligero descenso. Sin embargo, solo uno de cada cuatro homicidios de mujeres es clasificado como feminicidio, lo que despierta dudas sobre cómo se está aplicando este tipo penal.

Ante estas oscuras perspectivas, hay algunos faros en el camino: por un lado, el derecho al cuidado, reconocido a nivel internacional y que en México empieza abrirse paso, al asumir el Estado la obligación en esta materia como una condición básica para la igualdad, y al visibilizar la labor históricamente asumida por las mujeres y que sostiene la vida en nuestra sociedad.

Por otro, la fuerza organizativa de las mujeres no se ha replegado ante los ataques y encuentra nuevas formas de articularse.

En México, al igual que en otras partes del mundo, son las mujeres jóvenes quienes están dando la cara ante el avance de los conservadurismos y neofascismos, manteniendo la esperanza de un mundo más igual y solidario.

Mariana Espeleta Olivera y María de la Concepción Sánchez Domínguez-Guilarte

*Por Mariana Espeleta Olivera y Concepción Sánchez Domínguez-Guilarte, académicas del Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia del ITESO

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