Universidades

Universidad Panamericana

Sin miedo al FOMO

Escribir esta columna no fue sencillo. Hay demasiados temas que contar, muchos libros que recomendar y demasiadas cosas ocurriendo al mismo tiempo en el mundo. Fue precisamente desde esa inquietud —desde ese exceso de información y estímulos— que surgió, casi como una serendipia, la necesidad de escribir estas líneas.

El año avanza con una velocidad desconcertante. Apenas comienza y ya sentimos que vamos tarde. ¿Cómo van esos vision boards? ¿Qué tal la disciplina de ser runner? Entre propósitos, compromisos postergados y listas interminables, nos enfrentamos, además, a la tarea más extenuante de la temporada: desmantelar la parafernalia navideña. Pero el cansancio no es solo físico; es sistémico.

Vivimos en una época de ritmos acelerados, donde la mercadotecnia parece haber borrado las fronteras del tiempo. Encontramos artículos navideños en pleno verano, roscas de Reyes en otoño y, cuando apenas buscamos las uvas de Año Nuevo, ya nos reciben los corazones del 14 de febrero en los supermercados. ¡Un despropósito inaudito! Todo ocurre antes de tiempo. Todo nos empuja a correr, presionarnos y estresarnos para no perdernos nada, estar en todo, hacer todo, vivir todo y, todavía, hacerlo en “tiempo y forma”. A veces, confieso, me siento ansioso, agobiado y rebasado, como quien se mete al mar y de pronto una ola lo arrastra sin aviso.

FOMO (fear of missing out)

En mis conversaciones cotidianas con los centennials, he notado que esta sensación ya tiene nombre: el FOMO, me da FOMO (fear of missing out). Se trata del miedo a quedarse fuera, a no estar donde algo parece estar ocurriendo. Vivimos comparándonos: vemos cómo alguien se casa, otro tiene un hijo, alguien más termina un posgrado, compra un coche o emprende un proyecto distinto al nuestro. Mientras más idealizamos la vida ajena a través de pantallas, redes sociales y ahora incluso de la inteligencia artificial, más profunda se vuelve nuestra desregulación emocional. El FOMO no es otra cosa que un miedo ancestral al aislamiento, amplificado por la ventana infinita de lo digital.

Pero comprendí algo importante: no hay que tenerle miedo al FOMO. Hay que atreverse a perderse cosas. A no estar en todos lados. A no hacerlo todo. A recuperarnos.

En medio de esta reflexión, tuve la fortuna de encontrarme con un libro revelador: El arte de no llegar a todo, de Lucía Martínez Alcalde. Una obra lúcida que nos recuerda algo tan simple como liberador: no vamos a llegar a todo. Existen muchos proyectos valiosos y apasionantes, pero es imposible abarcarlo todo. El primer paso es aceptarlo. Reconocer que el día tiene 24 horas, que somos seres limitados, que no somos superhéroes. Y que, paradójicamente, al aceptar nuestros límites, disminuyen la ansiedad, la culpa y el agotamiento, y comienzan a aparecer la paz, la serenidad y la aceptación.

Ajustar expectativas no es achicarse. El realismo no es sinónimo de pesimismo ni de miedo a arriesgar. Seguimos soñando y seguimos trabajando, pero avanzamos paso a paso, “pian-pianito”. La felicidad no está en hacer mil cosas, sino en hacer conscientemente aquello que verdaderamente importa y disfrutarlo.

Todo esto me lleva a una idea central: la soberanía personal. Necesitamos reclamar la soberanía sobre nuestras metas, nuestros pensamientos, nuestros objetivos y nuestros tiempos. Son nuestros. La mejor decisión no es la que dicta la tendencia, sino la que tomamos desde la consciencia. Bien lo dice el refrán: “quien mucho abarca, poco aprieta”. Por eso es fundamental plantear metas propias, analizarlas y permitirnos pausas para reflexionar, ajustar y cambiar.

En ese camino aparece el pasado, no como carga, sino como refugio de aprendizaje; y el futuro, como proyección de esperanza. Pero ambos solo cobran sentido en el aquí y el ahora: en el presente. Vivir el hoy a nuestro ritmo no es un acto de egoísmo ni de renuncia; es un acto de supervivencia emocional.

FOMO (fear of missing out)

Construyamos desde donde estamos parados. Busquemos esa chispa del bien que solo aparece cuando dejamos de mirar lo que otros hacen y comenzamos a habitar nuestra propia realidad. No le tengamos miedo al FOMO; tengámosle miedo a perdernos de nosotros mismos por intentar estar en todos lados. Amémonos. Amemos quiénes somos, hasta dónde hemos llegado, nuestras decisiones, nuestro pasado y nuestro presente. Queremos aprender, queremos construir y, sobre todo, queremos vivir.

Estimados lectores, hasta aquí la columna de hoy. Ojalá estas líneas los inviten a buscar ese rayo de luz que inspire a vivir el presente: el ahora, el aquí y el ustedes. Gracias y hasta la próxima.

*Jorge Alejandro Peña Landeros / Director de Biblioteca / Universidad Panamericana (UP)

Lo más relevante en México