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Universidad Panamericana

Cuando creer todo nos hace saber nada

Estimados lectores, reciban un cordial saludo. Como siempre, es un genuino placer dirigirme a ustedes. En esta ocasión, deseo compartir una reflexión que ha captado profundamente mi atención en los últimos días, enriquecida por una destacada ponencia presentada por las investigadoras Ana Gricelda Morán Guzmán y Lizeben Fabiola Castillo Lazcano, adscritas al Sistema Universitario de Bibliotecas de la Universidad de Guadalajara, en el marco de las LVII Jornadas Mexicanas de Biblioteconomía celebradas recientemente en la ciudad de Saltillo, Coahuila.

Como reconocimiento a su valiosa aportación, retomo la ponencia titulada: “Las bibliotecas y su compromiso con el derecho universal de acceso a la información y al conocimiento”. A partir de esta reflexión, abordaremos tres conceptos de absoluta vigencia: infoxicación, fake news y verificación de la información.

El contexto: vivimos saturados de información

Los datos son contundentes. De acuerdo con el reporte Digital 2026 México de DataReportal y el estudio Data Never Sleeps de Domo, el volumen de información digital crece de manera exponencial cada año. Esta realidad se confirma con cifras oficiales en nuestro país. Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH 2024) del INEGI:

  • 100.2 millones de personas son usuarias de internet en México, lo que representa el 83.1 % de la población de 6 años o más.
  • El tiempo promedio de uso es de 4.4 horas diarias, cifra que asciende a 5.7 horas entre jóvenes de 18 a 24 años.
  • El 95.1 % accede a internet desde su hogar, lo que refleja su integración plena en la vida cotidiana.
  • El 97.2 % se conecta a través de un teléfono inteligente, consolidado hoy como el principal canal de acceso a la información.

En cuanto a los propósitos de uso: El 93 % lo utiliza para comunicarse, el 90.4 % accede a redes sociales, el 88.2 % lo emplea para buscar información.

Estas cifras no solo describen conectividad: revelan una exposición permanente e intensa a la información, con todo lo que ello implica.

Infoxicación: cuando la información nos desborda

El término infoxicación fue acuñado por el consultor español Alfons Cornella para describir la sobreabundancia de información que dificulta comprenderla y tomar decisiones con claridad. Hoy el problema ya no es la falta de información, sino su exceso. Cada día nos enfrentamos a un torrente de noticias, publicaciones, videos, opiniones y datos que compiten por nuestra atención, generando saturación cognitiva y, con frecuencia, parálisis o confusión. Estar informado se ha convertido, paradójicamente, en un esfuerzo que demanda criterio y disciplina.

Fake news technology at home: close up view of woman reading fake news on the computer (georgejmclittle - stock.adobe.co)

Fake news: la desinformación que parece verdad

Las fake news, o noticias falsas, son contenidos deliberadamente falsos o manipulados que buscan engañar al público o influir en su opinión. Sin embargo, el fenómeno actual es considerablemente más complejo que una simple mentira. La desinformación adopta múltiples formas: titulares sensacionalistas que distorsionan la realidad, información verídica presentada fuera de contexto, contenidos parcialmente ciertos mezclados con falsedades, imágenes o videos alterados digitalmente. El problema se agrava cuando estos contenidos se comparten sin ninguna verificación previa, desencadenando un efecto multiplicador que convierte la mentira en tendencia y, eventualmente, en una falsa certeza colectiva.

La verificación de la información: una responsabilidad de todos

Verificar la información antes de compartirla no es una práctica reservada a periodistas o académicos: es una responsabilidad ciudadana. Sus beneficios son concretos y significativos: Evita que las mentiras se consoliden como verdades por simple repetición, protege la salud y la seguridad de las personas, fortalece el ejercicio democrático, fomenta el pensamiento crítico, contribuye a recuperar la confianza en las instituciones.

En este contexto, la inteligencia artificial representa una herramienta de gran potencial, pero también un riesgo real si se utiliza sin criterio. Por ello, es fundamental comprender que la verificación debe ejercerse tanto antes como después de recurrir a la inteligencia artificial: antes, para garantizar que las fuentes sean confiables; después, para validar que la información generada sea correcta y pertinente. La tecnología puede apoyar el proceso, pero la responsabilidad sigue siendo, y debe seguir siendo, humana.

Biblioteca

El papel de las bibliotecas y el compromiso social

Como se destacó en la ponencia de la Universidad de Guadalajara, las bibliotecas tienen una función esencial en este escenario: formar ciudadanos críticos, capaces de distinguir la información confiable de aquella que no lo es.

El consumo de información no verificada puede derivar en consecuencias graves: rezago educativo, polarización social, pérdida del pensamiento crítico, ansiedad colectiva, desconfianza institucional, creencias infundadas, riesgos para la salud pública y retrocesos en la vida democrática. Ante ello, bibliotecarios, académicos, comunicadores y ciudadanos en general tenemos la responsabilidad compartida de promover el uso de fuentes primarias, confiables y debidamente verificadas.

Criterios para informarse mejor

Existen medios internacionales con altos estándares editoriales y de verificación, como BBC, Deutsche Welle o El País. No obstante, más allá del medio que se consulte, el criterio personal es insustituible. Antes de compartir cualquier información, conviene formularse estas cuatro preguntas: ¿Es verdadera?, ¿Está verificada en una fuente confiable?, ¿Aporta valor o contribuye al entendimiento?, ¿Podría generar daño si resultara ser falsa? Este ejercicio sencillo, pero poderoso, puede marcar una diferencia real en la propagación o contención de la desinformación.

Reflexión final

Vivimos en un océano de información. La infoxicación puede ahogarnos si no aprendemos a navegar con criterio, discernimiento y responsabilidad.

Por ello, es fundamental: verificar antes de compartir, consultar fuentes confiables y leer de manera crítica. Porque leer no es simplemente reconocer palabras en una pantalla. Leer es interpretar, analizar, cuestionar y comprender. Es uno de los actos más profundamente humanos que existen, y en estos tiempos, también uno de los más urgentes.

Hasta aquí esta columna, breve, concisa y al grano, como siempre. Les deseo un día extraordinario. Que se informen con buenas noticias, que alimenten su mente y su alma con la lectura, y que encuentren ese rayo de luz que los inspire a vivir con plenitud y a luchar por lo que verdaderamente vale la pena. Y que nunca olvidemos algo esencial en estos tiempos: La información debe verificarse siempre… antes y después de la inteligencia artificial. Muchas gracias.

*Jorge Alejandro Peña Landeros / Director de Biblioteca / Universidad Panamericana (UP)

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